Home

Diario YA


 

José Luis Orella: El ajedrez ucraniano

 

 

Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la UE, en realidad escondía una nueva revolución. (El ajedrez ucraniano)

 

 

si León XIV, como sus predecesores, habla con claridad —defendiendo la vida, la familia, la verdad histórica y la libertad religiosa—, podría convertirse en un aldabonazo. Un llamado a la conversión personal y colectiva en medio del hedonismo reinante

ANTE LA PRÓXIMA VISITA DEL PAPA A ESPAÑA

Juan Chicharro Ortega 
General de División de Infantería de Marina ( R ) 

La visita del papa León XIV a España, prevista del 6 al 12 de junio de 2026, no es un evento protocolario más. Es, sin duda, una visita de vital importancia para una nación que se encuentra en una encrucijada histórica. El pontífice aterrizará en Madrid procedente de Roma, recorrerá Barcelona y las islas Canarias, y se encontrará con autoridades, obispos, jóvenes y fieles en un itinerario que incluye misas en Cibeles, la Sagrada Familia y el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Pero más allá del programa oficial, esta visita llega en un momento en que España, antaño paladín del catolicismo y motor de la evangelización a medio mundo, se debate entre su herencia espiritual y una profunda descomposición cultural y política.
Durante siglos, España fue la espada y el alma de la fe cristiana. Desde la Reconquista hasta la expansión por América, Asia y África, el catolicismo no era solo religión: era identidad nacional, motor de unidad y fuente de civilización. Hoy, esa España es un recuerdo lejano. Las iglesias se vacían a un ritmo alarmante. Según los últimos barómetros, apenas un 16-18 % de los españoles se declara católico practicante, mientras que la asistencia a misa ha caído en picado respecto a décadas pasadas. La sociedad se ha vuelto hedonista, priorizando el placer inmediato, el consumo y el relativismo moral sobre cualquier trascendencia. En paralelo, se derriban cruces una tras otra: desde monumentos públicos hasta símbolos locales, en un goteo de agresiones que refleja un rechazo activo a las raíces cristianas. La defensa del Valle de los Caídos se ha convertido en el emblema de esta lucha. El monumental conjunto, con su cruz de 152 metros —la más alta del mundo—, no solo honra a los caídos de ambos bandos de la Guerra Civil, sino que representa la memoria compartida de una nación. Sin embargo, el actual Gobierno lo ha convertido en blanco de su agenda: proyectos de “resignificación” amenazan con demoler escalinatas y transformar su significado, como parte de una operación más amplia para reescribir la historia.
Y es aquí donde entra en juego el poder político. Un Gobierno que, amparado en la Ley de Memoria Democrática, está borrando sistemáticamente la historia reciente de España. Bajo el pretexto de “reconciliación”, se persigue no solo el franquismo, sino cualquier vestigio de una España católica y unitaria que no encaje en el relato oficial. Esta misma Administración es la que pretende utilizar y mediatizar la visita papal en su provecho. El encuentro anunciado con el presidente del Gobierno en la Nunciatura, el discurso en el Congreso de los Diputados y los actos con autoridades no serán ajenos a la tentación de instrumentalizar la figura del Santo Padre para legitimar un proyecto ideológico. ¿Cómo no va a ser consciente León XIV de la España que visita? Un país donde el Estado autonómico se ha convertido en un auténtico reino de taifas, fragmentado en lealtades locales que erosionan la unidad nacional. Una partitocracia que nos retrae a los peores momentos del siglo XIX: caciquismo, clientelismo y luchas intestinas que anteponen el interés de los partidos al bien común.
Peor aún es el clima de corrupción mafiosa que permea instituciones clave. La Guardia Civil, cuerpo que se juega la vida diariamente en la lucha contra el narcotráfico, la inmigración ilegal y el terrorismo, es vilipendiada con desprecio cuando no maltratada. El reciente caso de los dos agentes fallecidos frente a las costas de Huelva es paradigmático: María Jesús Montero, figura destacada del PSOE, calificó su muerte como un “accidente laboral”. No como consecuencia de una huida criminal de una narcolancha, sino como un mero percance rutinario. ¡Tiene bemoles! Esta frivolidad no es aislada; es síntoma de un Estado que desprotege a quienes lo defienden mientras blinda a sus élites. En este contexto de descomposición institucional, la visita papal adquiere una dimensión casi profética.
¿Será León XIV consciente de todo esto? Es de suponer que sí. El Papa, como pastor universal, conoce las estadísticas de secularización europea, las presiones ideológicas sobre la Iglesia y los desafíos de la fe en sociedades poscristianas. Su lema para el viaje, “Alzad la mirada”, tomado del Evangelio de San Juan, invita a mirar más allá de las crisis inmediatas hacia la esperanza. Pero la pregunta que flota en el aire es decisiva: ¿supondrá esta visita una revitalización de España o se sumirá a los dictados de un Gobierno con claras raíces marxistas y laicistas?
La respuesta no depende solo del Pontífice. Depende de la Iglesia española, de los obispos que lo recibirán en la Conferencia Episcopal, y sobre todo de los fieles. Si la visita se reduce a fotos protocolarias y discursos edulcorados, el Gobierno la convertirá en un acto de propaganda: el Papa “progresista” bendiciendo un proyecto que diluye la identidad católica. Pero si León XIV, como sus predecesores, habla con claridad —defendiendo la vida, la familia, la verdad histórica y la libertad religiosa—, podría convertirse en un aldabonazo. Un llamado a la conversión personal y colectiva en medio de la hedonismo reinante. Un recordatorio de que España no puede renunciar a sus raíces sin perder su alma.
La encrucijada es real. De un lado, una España descristianizada, fragmentada en taifas autonómicas, gobernada por una partitocracia corrupta que borra cruces y memoria. Del otro, la posibilidad de un renacer espiritual que aproveche la presencia del sucesor de Pedro para recuperar el pulso evangelizador que un día la hizo grande. El Papa viene a una nación herida, pero no muerta. Su visita puede ser catalizador de esperanza o confirmación de una rendición. La historia, y sobre todo la fe, juzgará el resultado.
 

Etiquetas:Juan ChicharroPapa Leon XIV