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Diario YA

Cuidado con los que buscan pescar en aguas revueltas

Al socaire de la revolución independentista catalana, la izquierda extrema busca su propio golpe de Estado

Miguel Massanet Bosch. No será porque no se viera venir ni porque no existieran indicios lo suficientemente indicativos de que, el señor Pablo Iglesias de Podemos y toda su camarilla de comunistas bolivarianos, estaban preparando su propia ofensiva con la que cuentan para poder añadir al señor Sánchez del PSOE, como refuerzo necesario para llevar a cabo su propia revolución, en este caso, para intentar de nuevo ponerle un cordón sanitario al partido del Gobierno, como ya lo hicieron sus colegas del tiempo del señor Rodríguez Zapatero, con el famoso pacto del Tinell.

De tan astuto que pretende ser, de tan ilustrado que intenta aparentar y de lo espabilado como quiere describirse, el señor líder de Podemos no puede ser un sujeto más transparente, al que se le ven o se le adivinan los pensamientos como si, su cerebro, fuera transparente como un cristal. No todo le sale bien y, en ocasiones se pasa de listo, como cuando confió a Ada Colau la labor de su partido en Barcelona y luego le ha resultado que la alcaldesa le ha resultado respondona y ahora, lo que tiene en mente, es constituir una formación independiente, B en Comú, al frente de la cual piensa librar su propia batalla para alcanzar la Generalitat de Cataluña.

Lo cierto es que, en la reunión que mantuvieron en Zaragoza bajo la égida de Podemos, se encontraron grupos dispares en mezcolanza entre izquierdistas, separatistas (PNV, ERC y PDEcat) y comunistas, para hacer lo que mejor les cuadra a quienes les gusta poco atenerse a las leyes, prefieren trabajar en las alcantarillas de la política y compincharse en contra del Gobierno de la nación, especialmente, si resulta ser que el gobierno contra el cual se confabulan, es uno que pertenece a los partidos conservadores, como es el caso del PP del señor Rajoy. La finalidad de este encuentro al estilo masónico, ha consistido en pretender arrastrar el PSOE del señor P. Sánchez a un acuerdo para echar del gobierno al señor Rajoy, con la pretensión de formar una entente para apoderarse del gobierno de la nación, en algo muy parecido a lo que fue el Frente Popular que, también con torticerías y “pucherazos” consiguió ganar las elecciones de febrero de 1936 a los de las derechas de aquel entonces.

Lo curioso fue, y alguien debería tomar nota de ello, que tan sólo a los pocos meses, ante una situación incontrolable, una ola de crímenes y la quema de iglesias y edificios públicos; en julio del mismo año, los militares se levantaron en armas para evitar que la nación quedara en manos de una serie de criminales, ladrones, antipatriotas y delincuentes, que se habían hecho con el dominio de las calles de las principales capitales del Estado. Como ya advertimos en otro comentario publicado hace meses, un nuevo cepo se cierne en contra del único partido de signo conservador que existe en España que, en esta ocasión, apenas se encuentra en condiciones de responder a este dogal político, aunque siga contando con el apoyo de Ciudadanos, un apoyo limitado al tema catalán; si se tiene en cuenta que el señor Rivera tampoco es partidario de la permanencia de Rajoy al frente del ejecutivo. Sentimos tener que incidir en algo que, de tan claro y previsible que era, parecía imposible que el gobierno del PP no fuera capaz de preverlo cuando se decidió a aceptar formar gobierno, en una situación que no dejaba lugar a duda alguna que, a la larga, le iba a resultar difícil de sostener.

El único recurso que le queda a la España moderada, a los ciudadanos que siguen pensando que nuestra nación es indivisible, que la Constitución que tenemos es la única viable y que, si no hay posibilidad de volver atrás en el tema de las autonomías, algo que difícilmente se lograría, lo mejor es dejarla tal y como está ya que, cualquier intento de abrir la caja de Pandora de la Carta Magna , vistos los partidos que la quieren cambiar, lo único que se conseguiría es que, las reformas introducidas, fueran favorables a un tipo de organización territorial en la que, las partes, llegaran a tener más poder que el todo; una situación que no sería otra cosa que el preámbulo de la desintegración de la nación española. Los que siempre buscan componendas, diálogo, cesiones, parches para reparar entuertos, conciertos parciales o reparto de poderes para satisfacer a diversas partes interesadas; intentan amedrentar a los que son partidarios de medidas rigurosas y aplicación a rajatabla de las leyes, argumentando que ello puede agravar la situación y que, con semejantes recursos, son más las personas que se alejan de la legalidad que aquellas que se acercan a ella.

No compartimos semejantes consideraciones porque, la realidad es que: cuanto más se va cediendo, cuanto más se les da, cuanto más se sacian sus ansias de poder y cuanto más se dan cuenta de que chantajeando al Estado van consiguiendo más concesiones de él, más es la presión que ejercen, mayores sus aspiraciones y más exigentes son sus imposiciones. Basta que se recuerde el caso del nazismo y la forma cicatera y entreguista de los países europeos ante las crecientes exigencias del Reich de Adolf Hitler, de modo que, mientras Alemania invadía los Sudetes, Polonia, los Países Bajos poniendo en práctica su famosa Blitzkieg ( guerra relámpago); los diplomáticos de los aliados, encabezados por Lord Chamberlain, seguían discutiendo la actitud que debía mantener aquella parte de Europa frente a las, cada vez, más exigentes peticiones de Hitler ( acuerdos de Munich).

Es evidente que la situación catalana nunca debió permitirse por el Estado español que llegara al punto de degradación en el que nos encontramos, pero, llegado a él y sin tiempo para más movimientos tácticos, lo cierto es que ya no queda otro remedio que la aplicación estricta de las leyes constitucionales, utilizando para ello los medios que, en la propia Carta Magna, se establecen y la utilización de la Justicia para obligar a aquellos descarriados, que han osado enfrentarse al resto de España, a que vuelvan al redil y se vuelvan a situar dentro de la legalidad española.

Si es conveniente que se intervenga la autonomía catalana, no se pierda más tiempo en hacerlo y si fuere necesario que los que se han levantado en contra de la unidad de España, sean juzgado y se les apliquen las sentencias correspondientes a los delitos que han cometido, que caiga sobre ellos el peso de la Ley y que se les reclame, como ya ha hecho el Tribunal de Cuentas con el señor Mas y todos los que colaboraron con él, en la votación del 9N, el dinero de los impuestos de los ciudadanos que fue invertido ilegalmente en aquella aventura de quienes no se quisieron plegar, cuando se les avisó, a cumplir con la normativa constitucional.

España necesita recobrar la autoestima, volver a fomentar la idea de la necesidad de que sigamos siendo un pueblo unido; cortar por lo sano con aquello o aquellos que intentan acabar con nuestro sistema democrático y librarnos de todos aquellos que mediante engaño, con falsas promesas, pintando una situación imaginaria de lo que es nuestro país y negando la realidad en unos momentos en los que, sin las interferencias de quienes no desean que salgamos de la crisis, para tener la ocasión de explotar las situaciones de pobreza que existen en todas las naciones, para crear una imagen distorsionada de la verdadera realidad de nuestra nación que, por supuesto nada tiene que ver con lo que el señor Pablo Iglesias y el señor P.Sánchez se empeñan en querer demostrar, como es fácil comprobar por cualquier ciudadano que salga a pasear por las calles de nuestras ciudades, donde no es posible encontrar las muestras de opresión, miseria o dictadura que la fértil imaginación, de estos terroristas de la política, pretende que nos creamos, para arrimar el ascua a la sardina de sus intentos de revolucionar al pueblo español, con el objetivo de conseguir hacerse con el poder y transformar a nuestra nación en una sucursal de comunismo bolivaristas de su gran vudú, el señor Maduro de Venezuela.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a tomar conciencia de qué cuestiones serias están empezando a condicionar la política de nuestra nación, con el grave peligro de que se produzca una situación parecida a la que ya se produjo en otra ocasión en la que, salvando las distancias y teniendo en cuenta los cambios producidos en la sociedad por el transcurso de los años, se produjeron hechos muy parecidos a los que estamos contemplando en la actualidad que, a su vez, desencadenaron movimientos sociales capaces de engendrar odios y rencores que, finalmente, acabaron por desencadenar una guerra que duró tres años y fue el preámbulo de una serie de años de graves dificultades de toda índole para el pueblo español. No volvamos a caer en los mismos errores.

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