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Diario YA

 

 

el vecino de enfrente

Alemania, siglo XXI

Juan Manuel Alesson. Hace media hora que el vecino de enfrente me ha cedido el paso con el coche, y sigo todavía sin acabar de creérmelo. Era él: sesentón, y con cara de cascarrabias. Y era su coche: utilitario, y de color azul eléctrico. Cuando le he enseñado la palma de la mano para agradecérselo ni la ha mirado, aunque la ha visto. Nada en este mundo me podría convencer de lo contrario.
Los dos nos encontramos con frecuencia. Hace casi tres años que vivimos en la misma calle, uno enfrente del otro. Unos metros de calzada separan las dos casas. Mi familia no da escándalos. Somos educados y simpáticos. Pero saludar al prójimo aquí, en Frankfurt, es un arte elevado, como dicen ellos de otras cosas, que a mí no me parece que sean ni arte ni elevadas.
En cuanto a lo de sonreír y no sonreír: es sabido que en esta parte de Alemania, nunca se ríen. Sonríen, como mucho. Sospecho la razón. Si alguno de ellos, por un raro percance, llegara a reírse alguna vez, tendrían que ingresarlo de urgencia por una complicación facial severa, debida a un súbito desbloqueo de la mandíbula inferior.
Salvo el porcentaje obligado de las excepciones, especulo si opinan que la risa está hecha para los demás. El otro día pasó algo en la caja del supermercado, y los que estábamos en la cola nos reímos mirándonos a la cara. Un inglés, un francés, un italiano, tres turcos, una pareja de japoneses, y un español. Un improvisado momento de confraternización internacional. ¿Todos? Como ellos no le debieron ver la gracia al asunto por ninguna parte siguieron mirando al frente, broncíneos como estatuas y con la barbilla en alto, igual que mi vecino cuando conduce.
No es que no tengan sentido del humor. Cada pueblo lo tiene. No obstante, resulta el suyo un humor tan confinado en sus límites que son ellos los únicos capaces de llegar a desencriptarlo. En esto coincidimos la variopinta mayoría de los extranjeros que mora en esta Alemania del siglo XXI, sin que por esto nos sintamos mucho mejores o peores que ellos.