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Diario YA

Aumentan las capacidades de la atención a personas con dependencia

Las personas con dependencia sufren de la incapacidad para desarrollar las actividades propias de la rutina diaria, esto supone que se perjudique considerablemente al estado de bienestar de esta persona y que se necesite de la ayuda de una tercera persona para contribuir a mejorar la calidad de vida del afectado en cuestión, un tema que tiene una repercusión especial en las políticas económicas ya que son los organismos públicos los que ofrecen estos servicios.

De hecho fue la dependencia uno de los puntos que más se ha destacado en los últimos presupuestos del Estado, ya que se han aumentado en un 40% las cuantías a los sistemas de dependencia con respecto al periodo anterior, lo que supone una inversión total de 515 millones de euros más, un aumento que no solo supone un beneficio para el servicio en sí sino que también lo hace para los cuidadores a los que se pretende volver a regularizar la cotización.

La atención sociosanitaria a personas dependientes en instituciones sociales es una de las principales labores de la administración pública tanto para el Estado como para las autonomías, esta subida en el presupuesto supone que en cada comunidad se dispongan de mayores recursos para poder ofrecer un servicio de calidad, que contribuya a mejorar la vida de las personas que por diferentes circunstancias no pueden valerse por sí mismas en algunos aspectos de la vida diaria.

En una amplia variedad de comunidades ya se están incrementando estas ayudas y se está viendo reflejado en la mayor cantidad de profesionales dedicados cuidar de las personas con dependencia, de cualquiera de los distintos tipos que existen, ya que hay varios factores que pueden provocar esta falta de capacidad, estos pueden ser físicos, psíquicos o sensoriales, e incluso se pueden combinar varios aspectos al mismo tiempo.

Al igual que existen varios tipos de dependencia, también hay grados de complejidad diferentes en cuanto al cuidado que requiere cada persona en función de sus capacidades, el primer grado supone que la persona necesita de, al menos una vez al día, un apoyo a la realización de sus tareas diarias, el segundo grado supone de esta intervención al menos dos o tres veces al día, mientras que el tercer grado, la más grave, puede requerir incluso de la presencia permanente de un trabajador social.