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Diario YA

Bicentenario de Donoso Cortés

Ángel David Martín Rubio. 30 de abril. 
 

El mes de mayo, a punto de comenzar, abre paso a la conmemoración del Bicentenario del político y pensador extremeño Juan Donoso Cortés nacido en la localidad pacense de Valle de la Serena el 6 de mayo de 1809 en el seno de una familia hidalga afincada en Don Benito, durante días especialmente turbulentos de la Guerra de la Independencia; cuando aún no se habían apagado en la comarca los ecos de la desgraciada Batalla de Medellín, evocada durante mucho tiempo en coplas y cantares que se dolían de la derrota allí sufrida:

Batalla de Medellín,
bien carita nos costó,
pero en Arroyomolinos
el francés nos la pagó.
 
Cuando diversas iniciativas académicas, civiles y culturales, tanto en España como en el extranjero, se disponen a recordar este acontecimiento, no debían quedar al margen del universal reconocimiento al pensador extremeño las instituciones teológicas y culturales vinculadas al catolicismo porque Donoso fue ―antes que nada― un hijo fiel de la Iglesia y su pensamiento maduró al servicio de la reflexión racional sobre el objeto revelado, actividad que es la esencia de la Teología.

A veces se habla de dos etapas claramente separadas en la trayectoria de Donoso, la “liberal” y la “católica” y es cierto que en la década de los cuarenta del siglo XIX hay un proceso que él mismo define con el término “conversión” y que es de naturaleza ante todo religiosa. En julio de 1849 su transformación es total y escribe unas frases que son la mejor definición de lo que significa la religión para un liberal como él lo había sido hasta entonces: «Yo siempre fui creyente en lo más íntimo de mi alma, pero mi fe era estéril, porque ni gobernaba mis pensamientos, ni inspiraba mis discursos, ni guiaba mis acciones». Ahora, por el contrario, el filósofo ha pasado a ser teólogo, el cristiano teórico empieza a moverse en el terreno de la mística y el hombre de mundo, diplomático en el corazón de la política europea y político brillante, sabe lo que es hacer el bien a los más pobres sin que nadie se entere y usa los cilicios bajo su casaca cortesana. Cuando en junio de 1851 publica el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo viene a plantear que la doctrina católica es la única solución posible para el bien del hombre seducido por las dos esclavitudes que habrán de ensangrentar la historia contemporánea. Un bien que no podría ser tal si prescinde de la perspectiva sobrenatural, como pretenden liberales y socialistas.

Pero la división entre las dos etapas de la vida de Donoso no es tan radical como parece a simple vista o pudiera deducirse de sus compromisos políticos con el naciente Estado liberal. Autores que han estudiado la obra del Marqués de Valdegamas en su conjunto sostienen ―como es el caso de Mª del Carmen de la Montaña Franco en Donoso y la libertad (Cáceres, Universidad de Extremadura, 1996)― que «el germen de sus pensamientos posteriores se encuentra ya en sus primeros escritos y manifestaciones» (p.187) y que «los elementos de continuidad en la obra de Donoso Cortés hay que buscarlos en el terreno del tradicionalismo y no en el liberalismo. La idea que vertebra su pensamiento y en consecuencia su postura política es tradicional y profundamente cristiana».

No resulta necesario encarecer aquí la importancia de conocer el pensamiento de Donoso para entender mejor el mundo que nos rodea e, incluso, la historia de la España contemporánea. Esperemos que el Bicentenario sea una nueva ocasión para redescubrir a un autor, probablemente más conocido y valorado fuera de España y de Extremadura que entre los compatriotas y paisanos de quienes llamaban a Donoso Cortés “Don Juan, el Sabio”. 

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