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Diario YA

Hay hombres que pasan por la Historia y hombres que la forjan

Blas Piñar In Memoriam

Pedro Sáez Martínez de Ubago. Hay hombres que pasan por la Historia y hombres que la forjan y pasan a ella. Sin duda Blas Piñar ha sido uno de éstos. Un hombre que profesional y socialmente tenía todo lo deseable, pero que decidió renunciar a su comodidad y consagrar su vida al servicio de aquello que, junto con doña Carmen y su familia, eran sus grandes amores: Dios y España.
De Blas Piñar, bien puede decirse lo que Sáenz de Heredia dijo de Francisco Franco, que ha sido “Un hombre entero, de vida rectilínea soldada a una razón de ser, que siempre acaba teniendo razón –si no, ahí esté como un ejemplo, sus proféticas palabras en la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo- un hombre sinceramente humano que nunca ha jugado a ser un semidiós; que no conoce la palabra “cansancio” y que es, como pedía José Antonio para el dirigente “inasequible al desaliento”, un hombre anclado en su firmeza de servicio, que recibe las mejores compensaciones a su trabajo, de los minutos que él exprime al tiempo para dedicarlos a los suyos y a sus aficiones más entrañables”.
Mucho se podría decir de Blas Piñar, que ha sabido exprimir con fruición los 95 años de vida que Dios le ha dado. Pero mucho está ya en los libros escritos por él, en sus cientos de artículos y discursos y, también, en algunos poemas, como este, que tuve la suerte de oírle recitar en la comida celebrada en el madrileño Hotel Centro Norte, con motivo de su nonagésimo cumpleaños, donde hacía un esbozo de su vida y principios:
El lema “amar y servir a Dios y a España”
algo tiene de Tabor y de Calvario.
Lo teme, sin duda, el adversario
y arde y penetra en la propia entraña.
Quien no lo hace suyo seguro que se engaña,
o bien que se vendió por un denario,
o que estúpido traidor y visionario
se exilió voluntario a tierra extraña.
Nosotros, aunque cambie el calendario
-fieles a lo que hace tiempo ya juramos-
seguimos igual que comenzamos
la marcha por el mismo itinerario.
Cambiaron ellos. Nosotros no cambiamos:
Ni siquera yo,  que soy nonagenario”.
Blas Piñar no cambió, y, como buen católico, ahora se habrá presentado ante el padre con las manos pletóricas de los muchos talentos recibidos y ejemplarmente multiplicados. Humano fue y, como tal, pudo cometer errores, pero seguro que Dios, que quiere que todos los hombres se salven, no puede ignorar la ejemplar resignación de su última enfermedad, que él abrazó con el amor con que se abraza un mártir a la cruz. Cruz que ha podido ser purgatorio en vida, para quien ahora ha descansado en paz y habrá abierto sus ojos a la visión beatífica.
Tras el que ha sido su postrer día en la tierra, Blas Piñar, bien podría hacer suyas las palabras de San Pablo en la Epístola a Timoteo: “Estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida”.
Con toda gratitud a tu ejemplo DESCANSA EN PAZ BLAS PIÑAR.

PEDRO SÁEZ MARTÍNEZ DE UBAGO
 

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