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De agradecidos y de bien nacidos

Ángel David Martín Rubio. 3 de junio. 
 

Las disposiciones de la Ley 52/2007, más conocida como Ley de la venganza histórica, han sido el respaldo utilizado en San Leonardo de Yagüe (Soria) para derribar el monumento dedicado al General Juan Yagüe Blanco, nacido en esa localidad el 9 de noviembre de 1891. En espera de que la Administración de Justicia dé respuesta a la demanda presentada por María Eugenia Yagüe, se imponen algunas consideraciones que, estimamos, deberían haber tenido en cuenta los representantes de este municipio gobernado por el Partido Popular.

En primer lugar se trataba de la expresión del agradecimiento de todo un pueblo hacia el hombre que promovió la modernización social, económica y cultural de la localidad a través de numerosas iniciativas en las que contó con la colaboración entusiasta de sus paisanos. Además, la simbología empleada, únicamente supone una exaltación de los valores de trabajo, unidad y progreso comunes a cualquier período histórico y régimen político y, con independencia del significado concreto y de la época en que se levantó el monumento, se le debía haber considerado como un ejemplo de lo que la historiografía, con autores del prestigio del Académico francés Pierre Nora a la cabeza, considera “lugares de memoria”, es decir, los soportes externos, las marcas tangibles de la memoria que reelaboran la percepción y fijan el recuerdo de los hechos ocurridos (cfr. NORA, P., Les lieux de memoire, PUF, París, 1985).

Por cierto, este historiador francés fue uno de los primeros en denunciar que «Lo que vivimos desde hace 20 años es el paso de una memoria modesta, que quería hacerse reconocer, de una cantidad de víctimas que querían que sus penas y sufrimientos fueran tenidos en cuenta, a una memoria que se pretende dueña de la verdad histórica, más que toda otra forma de historia, y que está dispuesta incluso a querer cerrarles la boca a los mismos historiadores. En 20 años, hemos pasado de la defensa del derecho a la memoria a la defensa del derecho a la historia» (15-marzo-2006; puede verse el texto completo en www.historiaenlibertad.es). Diversas iniciativas promovidas por historiadores europeos han llamado la atención acerca de la elaboración de discursos que prescinden de los análisis complejos de la realidad para imponer una visión de la historia sustentada en el consenso de los valores que se pretenden aplicar desde el presente y que oculta los conflictos, la dominación, las rebeliones y las resistencias o los reinterpreta a su gusto.

Prescindir de elementos como los señalados hasta aquí significa omitir los matices de los procesos históricos, desconocer el papel real que desempeñaron los protagonistas, las luchas por la hegemonía en un determinado momento. En suma, se priva a los ciudadanos que se preguntan sobre problemas que a veces les afectaron directamente, a ellos o a su familia, de las posibilidades que la historia y el método de investigación histórica aportan como única herramienta para un conocimiento racional del pasado. Porque no olvidemos que no conocemos el pasado por el ejercicio siempre subjetivo y parcial de la memoria. En cuanto disciplina con un peculiar estatuto científico, la Historia no es un simple recuerdo del pasado, es una interpretación o reconstrucción de las huellas que permanecen en el presente. Por tanto la Historia es obra de la inteligencia y no de la memoria.

Y como denunciaba el mismo Pierre Nora en la entrevista antes citada, todo el proceso responde a una estrategia de naturaleza política «El problema es que esa izquierda ha dejado de existir. La actual ya no tiene más nada que decir y nada más para hacer. Le queda una sola cosa: indicar lo que está bien y lo que está mal. Entonces se apodera de los temas históricos y trata de convertir la historia en purgatorio de la humanidad». En España el absoluto vaciamiento de programa positivo afecta a los dos principales partidos que detentan la representación política mayoritaria y por eso los esquemas simplistas y propagandísticos de la venganza histórica han sido impuestos por la izquierda y aceptados, con el seguidismo bovino que le caracteriza, por el centro-derecha-reformista.

Es curioso que ninguna de estas consideraciones hayan merecido la atención del alcalde y los concejales de San Leonardo, en primer lugar para reparar este monumento de la infame agresión de que había sido objeto y, en segundo, para protegerlo de acuerdo con las leyes que promueven la conservación del Patrimonio Histórico-Artístico del que es un exponente sencillo pero de gran importancia. Está claro que en el Ayuntamiento de San Leonardo no son agradecidos. Pero, evocando el refrán, como estoy seguro de que muchos de los españoles todavía somos “bien nacidos”, empezaremos a demostrarlo desde el próximo domingo en las urnas. Que al fin y al cabo, depositar una papeleta en una caja de cristal es muy poco, comparado con lo que hizo por España el General Yagüe. Él hace ya muchos años que se acogió al juicio misericordioso de Dios y evidentemente nada le añade nuestro recuerdo, pero honrar la memoria de quien amó tan entrañablemente a su pueblo y a sus paisanos es algo que hubiera ennoblecido y hecho mejores a los hijos de San Leonardo y a todos los españoles. 

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