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Editorial: "España, Turquía y la Alianza"

La cantidad de estupideces que es capaz de soltar Rodríguez Zapatero en un mismo discurso, es un fenómeno digno de estudio, sobre todo pensando en las próximas generaciones. No sabemos si quien le escribe los discursos es su peor enemigo (en cuyo caso, está claro que los redacta pensando en el buen rato que se pasará luego escuchando al presidente en directo) o realmente es alguien que se cree todas las sandeces que plasma sobre el papel. Sería lastimoso pensar que es lo segundo.

Algunas de las cosas que aseveró el Jefe del Ejecutivo español durante su intervención en la apertura del curso dedicado a la Alianza de Civilizaciones en la Universidad Bahçesehir merecerían estar en una antología del disparate político. Lo desmenuzaremos cuidadosamente, porque no tiene desperdicio.
 
Zapatero comparó a España con Turquía “como espacios para el diálogo de culturas desde tiempos inmemoriales”. En efecto, especialmente Isabel y Fernando tenían una especial predilección por los moros y los judíos, sí. Y los turcos, si se han caracterizado por algo, es también por su tolerancia con los pueblos que no compartían su fe. A eso se le llama rigor histórico.
 
Tras señalar que “España abraza el Mediterráneo” (la parte cursi de los discursos debe ser obra de Gamoneda), el presidente del Gobierno español aseguró que “España y Turquía constituyen claros ejemplos del trascendental papel que la educación desempeña en el desarrollo de un país”. Efectivamente. No hay más que leer el Informe Pisa para saber el papel fundamental que España le ha dado a la educación en los últimos años. Igual ocurre con los miles de niños que no pueden estudiar español en Cataluña; serán unos profesionales de miedo dentro de una década, cuando intenten conseguir trabajo en Wisconsin, hablando sólo el catalán.
 
Más perlas cultivadas por Zapatero en su glorioso cerebro: “la Alianza debe ser un encuentro de valores y de conocimiento; un consenso que tenga en cuenta la realidad de distintas culturas, sin perder de vista el respeto a derechos esenciales como la libertad o la igualdad". Claro, de estas cosas los musulmanes saben un montón. ¿Qué opina Zerolo sobre la forma tan peculiar que tienen los musulmanes de tratar a los homosexuales?, ¿cabe mayor “libertad e igualdad” que azotarlos a todos, o incluso colgarlos en la plaza pública? Lo dudamos.
 
Como la ciencia política no tiene secretos para él, Zapatero a veces hace sus pinitos con la astrología y la quiromancia, e incluso se arriesga a predecir el futuro: “la Alianza fue concebida para evitar que se hiciera realidad la predicción desacertada de un fatal e irremediable choque de civilizaciones entre los mundos islámico y occidental”. Naturalmente: el 11-S lo hemos soñado todos, los atentados de Madrid que dieron un vuelco a las elecciones de 2004 sólo existe en nuestra imaginación, y la masacre de Londres se la inventó la prensa amarilla. Y también es mentira que en las mezquitas que hay en España se aleccione a los musulmanes en la guerra santa, y no debemos hacer caso a los prebostes saudíes cuando aseguran que España “volverá a ser una provincia árabe”. El oráculo de Zapatero es de toda confianza, como bien se aprecia.
 
Y por si fuera poco, Zapatero participó anoche en la ceremonia del 'Iftar', la cena con la que los musulmanes rompen cada anochecer el ayuno del mes sagrado de Ramadán. Esperamos ansiosamente a que el presidente del Gobierno de todos los españoles haga algo parecido con la religión católica, que sigue siendo la más practicada en España.

Martes, 16 de Septiembre de 2008.

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