El Tribunal Supremo de Rusia concede a los Romanov el estatus de víctimas de la represión soviética
Redacción Madrid. 1 de octubre. El Tribunal Supremo de Rusia decidió hoy que el zar Nicolás II y su familia reciban oficialmente el estatus de víctimas de la represión soviética. El último zar, su esposa y sus cinco hijos fueron asesinados por un comando revolucionario bolchevique en 1918, pero a diferencia de las millones de personas perseguidas por el régimen soviético nunca habían sido reconocidas oficialmente como víctimas.
El año pasado, el Supremo estableció que ciertos tecnicismos legales le impedían adquirir el estatus de víctima de la represión: concretamente, no se había presentado ninguna acusación en su contra, por lo que era imposible rescindir esa acusación.
No obstante, la presidencia del Tribunal Supremo decidió hoy, tras escuchar en apelación a los abogados de los descendientes de la familia Romanov, que hay "motivos" para establecer que el zar y su familia "fueron reprimidos y deben ser rehabilitados", según declaró un portavoz de este organismo, Pavel Odintsov. "Esta decisión es definitiva", añadió.
Un representante de la Gran Duquesa María Vladimirovna, descendiente de la familia real y quien se suele presentar a sí misma como heredera del trono, se puso hoy en contacto con el domicilio de ésta en Madrid para comunicarle la noticia.
"Es muy importante para nuestra sociedad que el crimen cometido hace 90 años sea condenado y que se retiren las falsas acusaciones de enemigos del pueblo contra el zar y su familia", declaró a Reuters el jefe de la cancillería del Palacio Imperial, Alexander Zakatov. La Gran Duquesa tiene intención de incluir la notificación oficial de la decisión del Supremo entre los documentos históricos que guarda en su archivo imperial de Madrid.


















Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 
Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.




