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mezcla de bochorno, vergüenza ajena y asco

En el ecuador de las autonómicas catalanas: la mentira y el engaño

Javier Garcia Isac. Estamos en el ecuador de las autonómicas catalanas, en el ecuador de la campaña electoral y reconozco que tengo sentimientos encontrados, una mezcla de bochorno,  vergüenza ajena y asco. Sobre todo asco, mucho asco. Por un lado los separatistas con todo el apoyo mediático del régimen catalán. Periódicos, televisiones, radios, funcionarios, instituciones, fundaciones, todos trabajando en una sola dirección: la mentira y el engaño. Es una constante entre los nacionalistas el mentir de forma sistemática. Se inventan historias que nunca sucedieron, celebran derrotas que creen fueron victorias, confunden sucesión con secesión, se sienten víctimas cuando son verdugos, corruptos y ladrones y se escudan en el “España nos roba”, cuando son ellos los que llevan años robando a los catalanes y al resto de los españoles. Son megalómanos por naturaleza, con una ambición  desmedida e insaciable. Se escudan en el pensamiento único eliminando a  todos los que no opinan como ellos. El separatismo no admite fisuras en su monolítico régimen. No hay cabida para la discrepancia. Se les llena la boca de libertad y su hispanofobia es ilimitada. Desprecian toda aportación cultural que no haya pasado por el tamiz del nacionalismo. Son profundamente pueriles.
En este bloque se encuadran todos aquellos a los que denominamos “aldeanos periféricos”. Su padre espiritual es Jordi Pujol, el de los hijos colocados en la administración y la fortuna en Andorra. El es el jefe del clan de esta pandilla de cuatreros y su fiel escudero y eterno segundón es Arturo Más, la reencarnación del servilismo y el fracaso. Este bloque de aldeanos periféricos lo conforman los “meapilas” de convergencia, capaces de asistir a la beatificación de religiosas asesinadas durante nuestra guerra civil, y los “mata curas” de izquierda Republicana de Cataluña, sus actuales socios y cuyas siglas son las responsables principales de la persecución religiosa sufrida en España en la contienda del 36.
El nacionalismo, el separatismo tiene mucho de grotesco y contradictorio. Rinden tributo a Rafael de Casanova y ponen el nombre de un estadio de futbol a un genocida, a un asesino como Luis Companyns en el mismo lugar donde sus sicarios efectuaban las matanzas, en Monjuit.
Y por otro lado, nos encontramos a los que supuestamente defienden la unidad de España. Algunos de estos se denominan constitucionalistas, como si España hubiera nacido en 1978. Siguen sin darse cuenta que España es muy anterior al régimen del 78. Sus argumentos a la hora de defender la unidad nacional son flojos y muy débiles. Solo hablan de Europa y de la insostenibilidad e inviabilidad de una Cataluña independiente. Hasta en esto se equivocan, Cataluña es y seguirá siendo España, aunque fuera viable económicamente o la unión europea lo consintiera. No se puede atacar al separatismo únicamente con argumentos económicos.
En este bloque también se encuentran los del PSC, que no se sabe muy bien que desean. Hasta el momento, solo hemos podido constatar la poca gracia y falta de ritmo de su candidato Miguel Izeta. Nos hablan de la tercera vía y de la necesidad de reformar la constitución para reconocer “el hecho diferencial catalán”, como si este no estuviese ya debidamente contemplado y recogido en esa misma constitución, generadora de cada vez mayores diferencias entre españoles.
Y por ultimo estamos todos los demás, a los que no nos gusta ni un bloque ni otro, los que pensamos que España ni se vota, ni se negocia, a España se la defiende.

Se lo cuenta Javier Garcia Isac / Una Hora en Libertad.
 

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