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Diario YA

esta situación de despilfarro económico es fruto de un despilfarro moral

Entre la nostalgia y la utopía

Blas Piñar. La situación de crisis profunda que hoy padece lo que fuera el Occidente cristiano, afecta de un modo especial a España, nación que históricamente ha sido conformada por el cristianismo. No voy a pronunciarme sobre el tema, no sólo por ser algo evidente, y de la que somos testigos, sino porque falta descubrir sus raíces. Son estas las que, unas veces de cuajo, y otras con aplicación paciente de un proyecto, han sido arrancadas o se han secado por falta de abono y de riego.
Lo que quiero destacar es que esta situación de despilfarro económico, como fruto de un despilfarro moral, nos invita, con urgencia y con una perspectiva regeneradora, a la nostalgia de un pasado, mejor, o a la utopía de un futuro atrayente. Nostalgia y Utopía, memoria del pasado o ilusión del futuro, se invocan para movilizar a la ciudadanía.
Para poner las cosas en su lugar, y en el campo político, conviene que analicemos lo que “Alternativa Española”, a mi modo de ver, representa y, sobre todo, quiere representar, en un momento en que esa crisis es tan profunda, que está en juego no solo la unidad sino la identidad de España.
¿Dónde está y como se conduce “Alternativa Española? Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los españoles ignoran su existencia, ya que en los medios de comunicación incluso en los que podrían considerarse como más próximos, se ha decidido, por razones que no voy a exponer, cerrarle las puertas. Es verdad, que ha habido algunas ocasiones,-muy escasas- en las  que  el muro de silencio ha tenido una grieta que  ha permitido asomarse a algún  periódico   o  emisora de radio  o de TV.
El hecho, sin embargo, de que se trate de excepciones, pone de relieve que la regla  consiste en reconocer teóricamente la libertad de expresión y luego no dejar que se conozca lo que se dice, escribe, graba o filma, es decir lo  que “Alternativa Española” piensa, y lo que es más aún, que Alternativa Española existe.
Solo en lo  que se vienen a llamando “redes sociales”, con un alcance limitado, pero en las que todo cabe, puede conseguirse alguna información.
A pesar de ello, hay que aprovechar las grietas del “muro de silencio” y la existencia de esas “redes sociales, “para que dicho silencio no sea absoluto, dándonos por vencidos sin combatir.
Empecemos por la nostalgia, que, en principio, es un sentimiento noble, y que es fruto de la memoria, -una las potencias del alma,- pero que puede tener el peligro de desbordamos y hundirnos en la tristeza enfermiza o en la melancolía inoperante.

Si la nostalgia solo nos condujera a ese estado de ánimo, habría que rechazarla; pero entiendo que, sin rechazarla, -y así creo que lo entiende “Alternativa Española” –superarla, y superarla teniendo en cuanta dos cosas: que el pasado mejor que el presente, no se repite, y que ese pasado, que se recuerda, con todo lo que haya podido tener de positivo y de negativo, tiene una misión  pedagógica y de magisterio para el futuro. No se trata de actualizar el pasado, sino de encararse con el futuro, y en el futuro; y de mantener y  defender en el presente,  por una parte,   aquellos principios y valores que han configurado a España, y, por otra, evitar su depauperación         interna por activos tóxicos, como ahora se dice, y oponiéndose a las presiones ajenas que pretenden aniquilarlos.
Con respecto a la utopía, que se ofrece al pueblo como algo alcanzable, y que se propone por el capitalismo como Estado del bienestar, y por el marxismo como Paraíso del proletariado, tiene, indudablemente, capacidad movilizadora, pero lo que demuestra lo que ha acaecido y acaece, es que la utopía conlleva un tremendo engaño, que concluye en un Estado del malestar, que termina con el propio Estado o en un genocidio gigantesco.
Esta búsqueda, por caminos equivocados, la mueve algo así como una impregnación de la naturaleza humana, que perdura después de la expulsión del Paraíso que se perdió y que se intenta recuperarlo, como se intenta descubrir las fuentes de la eterna juventud.
De la utopía hay que entresacar los ideales, ofreciendo no lo perfecto sino lo que es perfectible, es decir, lo que favorece el bien común, la convivencia pacífica, la justicia social, la unidad y la identidad de la nación.
Me parece que un ejemplo puede facilitar la comprensión de este desglose de los ideales que cubre la utopía. Me refiero al estado de perfección de las Órdenes y Congregaciones religiosas, y a los hombres y mujeres que ingresan en las mismas. El estado de perfección, por sí mismo, no hace perfectos a quienes pertenecen a las mismas, pero la observancia de sus reglas facilita su perfección. De igual modo el esquema doctrinal de un Sistema político que sirve esos ideales, puede ser un estímulo que favorezca la constitución dentro de la comunidad, de agrupaciones que luchen por un Estado que tenga su fundamento en ese esquema doctrinal de valores y principios inamovibles.
“Alternativa Española”, a mi juicio-y por esta razón la apoyo como militante- entre la nostalgia y la utopía ocupa y comparece en la vida política española con lo que una y otra llevan consigo de aprovechable y constructivo, rechazando, por pura lógica, lo que la nostalgia, como sentimiento puede adormecer, y lo que, la utopía como engaño, pueda destruir.