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Diario YA

Choca estar escuchando a las defensoras de la emancipación

Feminismo, emancipación y las vividoras de la sociedad

Miguel Massanet Bosch. En realidad, señores, quienes se dedican con más empeño a cargarse los postulados del feminismo más extremo no son, como pudiera padecer a primera vista los comportamientos machistas de los hombres, no, en manera alguna, las que realmente parece que están más interesadas en desautorizar al viejo feminismo de mujeres hombrunas, vestidas de cualquier manera, con voces engoladas y posturas andróginas son, por mucho que pueda parecer una contradicción ¡las propias mujeres! Porque, señores nos cuesta mucho admitir que las mujeres dejan de utilizar sus trucos de toda la vida para avanzar el objetivo inveterado de utilizar sus encantos de mujer y su condición de madre para conseguir la fama, el dinero, la consideración, el poder y la gloria por la vía rápida, incluso cuando han decidido enfrentarse al sexo contrario con la pretensión de conseguir la igualdad con él y zafarse de lo que ellas han considerado el estigma de estar subordinadas a la tiranía masculina.

Choca estar escuchando a las defensoras de la emancipación de la mujer, cuando se desgañitan protestando contra el machismo opresor o cuando defienden que las mujeres pueden realizar los mismos cometidos que los hombres y que deben dejar de “venderse a las modas”, aparecer como “mujeres objeto” o convertirse en “meros juguetes sexuales” para luchar por sus derechos en las mismas condiciones y con las mismas armas que el sexo contrario sin concesiones y, por ende, sin admitir que su condición de féminas pueda merecer un trato distinto del que reciben los hombres.

Puede que a nivel reivindicativo, como arma de lucha o como medida de reclutamiento de seguidoras para la causa feminista, todas estas escenificaciones de cara a la galería, todos estos gestos de desprecio y censura hacia aquellos que, según ellas, las han tenido condenadas a la ignorancia o, incluso todas estas campañas contra determinadas expresiones, vocablos o calificaciones incluidas en nuestro Diccionario de la Lengua que, en el empeño de llevar su feminismo al nivel del absurdo, denuncian como machistas, impropias y ofensivas para la mujer, llegando a ridiculeces como las que la señora Aído, ministra de Igualdad en tiempos de Rodríguez Zapatero, cuando no tuvo empacho alguno de hablar de “miembros” y “miembras” en una de sus comparecencias en público.

Lo que sucede es que, para desesperación de las más puristas del feminismo radical, por mucho que se hayan empeñado en erradicar determinados comportamientos de las hijas de Eva, satanizando algunas profesiones que, para ellas, son denigratorias o que sigan empeñadas en desterrar de la sociedad el concepto de “mujer objeto”, que vende su cuerpo por dinero para aparecer en carteles públicos, fotografías eróticas, películas cargadas de tono, propaganda o modelos de lencería; cuando no en la misma pornografía, son cientos de miles las mujeres las que se siguen ganando la vida recurriendo a tales recursos de exhibición de sus cuerpos, cuando sus medidas físicas, la belleza de sus rostros o su especial sex-appeal , les proporciona los contratos con los que, en muchos casos, consiguen mejores remuneraciones que aquellas que han cultivado su mente con estudios o presentándose a oposiciones, donde sus virtudes intelectuales les permiten rivalizar con los mismos varones e, incluso, superarlos.

Lo cierto es que la Historia ha sido pródiga en mujeres cuya belleza o encanto femenino las ha situado en lo más alto de la pirámide de la fama o del poder. Desde Cleopatra que consiguió tener a sus pies a Julio César y Marco Antonio; pasando por espías famosas como Margaretha Geertruida Zelle  más conocida como Mata Hari, célebre bailarina del siglo XIX, cuya influencia trascendió fronteras, sin olvidarnos de Madame Pompadour, la cortesana amante de Luis XV o la propia Simone de Beauvoir, existencialista, amante de Sastre quien, a pesar de ser la musa del moderno feminismo y escribir una obra sobre el tema titulada “El segundo sexo”, no por ello dejó de practicar el lesbianismo con un número no determinado de amantes femeninas. Cuando ejercía de profesora en el liceo de Ruan mantuvo relaciones amorosas con dos de sus alumnas. Un encanto

Aún que la Historia nos proporciona algunas mujeres como, Madame Curie, la polaca que ganó un premio Nóbel por sus experimentos de química y numerosas escritoras; sin duda han sido más las mujeres que ha sobresalido por su belleza, talento para el cine o el teatro, cantantes y deportes. No obstante, aunque se podría argumentar por el feminismo que, en aquellos tiempos, la mujer no tenía otro medio de sobresalir que las artes y los juegos del sexo; deberemos reconocer que, a pesar de las conquistas del feminismo y la emancipación de las mujeres, las hay, en gran número, que en la actualidad no han dejado de valerse de su físico, de la exhibición de sus cuerpos y de sus artes del sexo, para medrar en una sociedad que siempre se ha mostrado dispuesta a utilizar el cuerpo femenino como reclamo, tanto en cuestiones de propaganda, como en concursos, revistas, películas, moda y toda clase de espectáculos en los que, a pesar de las admoniciones y reprimendas del feminismo clásico, las mujeres vienen haciendo uso de sus atractivos para encandilar a aquellos a los que acusa de ser sus opresores.

La moda, el gran objeto del deseo para las mujeres, no desaprovecha ocasión para que, las modelos, las niñas mimadas de los modistos, hagan de sus cuerpos el cebo para que los exhibidores, puedan presentar sus creaciones resaltadas por los cuerpos perfectos de sus portadoras que, en muchas ocasiones, sólo cubren su intimidad con alguna tela transparente que, a duras penas basta para ocultar alguna parte exigua del cuerpo. Y es que, en todo esto del feminismo, aparte de constituir un medio recurrente para atacar a los varones, lo cierto es que encierra una gran dosis de hipocresía, porque todavía no han conseguido que las nuevas generaciones, aún admitiendo que las formas son distintas, siguen jugando al viejo juego del romanticismo, el coqueteo y las artes de conquista.

Esperemos que estos restos del juego del amor no acaben desapareciendo hasta convertirse en algo inocuo, como la inseminación artificial, un método que actualmente utilizan los homosexuales y las lesbianas para suplir lo que la naturaleza no tenía previsto, al menos en cuanto a órganos específicos para la procreación entre estos nuevos grupos de familias que, los socialistas y la laicidad, nos han aportado a la sociedad moderna. Claro que, entre las conquistas de todos estos que piensan que esto de las uniones entre parejas, de la clase que sean, no significa, como antes creíamos, un compromiso de por vida,; las nuevas generaciones han decidido que lo mejor es: primero probar, catar el género, si resulta bien, viven en pareja durante un tiempo y, como suele suceder, cuando los problemas de convivencia empiezan a aparecer o cuando el cepillo de dientes de uno lo utiliza el otro para dar betún a los zapatos, se produce la ruptura y, sanseacabó. ¿Matrimonio? Unos papeles que todo lo complican.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no podemos menos que pensar que lo de Sodoma y Gomorra o las Bacanales romanas, no eran más que meros juegos inocentes comparados con lo que, nuestra humanidad, tiene previsto para un futuro no lejano. En todo caso nos quedamos con lo anticuado.
 

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