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Ambas iberias, la cólquida y la peninsular, quedan ligadas moral y espiritualmente por ésta lucha compartida en un momento clave del devenir de su historia.

FERRER –DALMAU: El espíritu del jinete

David Nievas Muñoz Licenciado en Historia por la Universidad de Granada Máster en la Monarquía Católica, el Siglo de Oro Español y la Europa Barroca Asesor histórico de Augusto Ferrer-Dalmau. Ronda el año 1200 en ésta escena que bien podríamos situar en una u otra Iberia. Desde las montañas del Cáucaso georgiano a las estribaciones de Sierra Morena, una lucha compartida por dos naciones que definirían su ser a través de sendos conflictos con expansivos imperios musulmanes: selyúcidas, almorávides o almohades. En ésta obra, que será expuesta en la Exposición del 10 de mayo en el Palacio de Santa Bárbara (Madrid) y la capital georgiana de Tiflis, Augusto Ferrer-Dalmau nos muestra una visión poco romántica de la guerra en la Baja Edad Media, con un cielo plomizo y lleno de cuervos que buscan la carne de los cadáveres de éste sangriento combate.

El jinete en primer plano, reposada la lanza en el suelo, rota y manchada de sangre la sobrevesta, recupera el aliento tras la carga. Su armamento y el de los soldados es, a diferencia de lo que nos tiene acostumbrados el pintor, bastante internacional. Son piezas que podrían encontrarse en aquel tiempo en lugares separados por miles de kilómetros, como eran el Reino de Georgia y los reinos de la Península durante la Reconquista: la cota de malla, la lanza y la espada.

Quiere la casualidad que los georgianos utilizaran un tipo de casco muy parecido al que aquí venía denominándose como “capacete”, y que en ambos lugares existan razas parecidas de caballos resistentes y andariegos. Solo los escudos, que hacen referencia al reino georgiano, y un toque más oriental en los enemigos abatidos, nos pueden transportar a enfrentamientos clave como la Batalla de Didgori (1121), a las afueras de Tiflis, que sería recuperada un año más tarde frente a la invasión selyúcida.

El propósito de éste cuadro es el de establecer una primera aproximación, a modo de homenaje y hermanamiento entre las dos naciones, para la creación de un gran lienzo ambientado en ésta época y que han encargado las autoridades georgianas.

Ambas iberias, la cólquida y la peninsular, quedan ligadas moral y espiritualmente por ésta lucha compartida en un momento clave del devenir de su historia.

Etiquetas:Augusto Ferrer-Dalmau