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Diario YA

"Yo no mato machos"

Francisco Torres publica “El último José Antonio”

Redacción.- Cuando se creía que casi todo estaba dicho en la biografía de José Antonio Primo de Rivera el profesor Francisco Torres, colaborador de nuestro diario, ha sorprendido con las revelaciones que contiene su nuevo trabajo, “El último José Antonio” (Editorial Barbarroja). Más de seiscientas páginas y novecientas notas es el resultado obtenido tras varios años rastreando en los archivos. Nuestro colaborador ha conseguido sacar a la luz una importante documentación inédita que se refiere tanto a los intentos de rescate, como a sus últimos días en prisión o a todo lo que aconteció durante el juicio o la ejecución. El relato, casi cinematográfico, de la ejecución sobrecoge porque rompe con las diferentes versiones que se conocían. El profesor Torres, inmerso en un apretado programa de presentaciones que le va a llevar a muchas ciudades, ha tenido la amabilidad de recibir a los redactores de Diario Ya para conversar sobre una obra que muchos consideran definitiva.
-Su trabajo ha sido muy minucioso, detallando los hechos y los participantes. Hay un momento en el relato de la ejecución en el que usted dice que un miliciano, antes de disparar, tiró el fusil al suelo al grito de “Yo no mato machos”.
Verá, la primera vez que encontré un documento en el que se mencionaba este hecho lo anoté en el listado de las exageraciones que siempre se producen cuando la memoria reconstruye un hecho. Sin embargo, después otra fuente distinta relataba los hechos de forma similar, con la misma frase, por lo que entiendo que probablemente pudo suceder. Tenga usted en cuenta que algunos de los que podían estar en el patio de Alicante dispuestos a ejecutarle llevaban mucho tiempo vigilando a José Antonio, habían asistido al proceso… lo que dicen todos los testimonios es que José Antonio con mucha serenidad se dirigió hacia el lugar de la ejecución y que poco antes les había dicho si tenían buena puntería -le preocupaba caer de forma macabra-. No me extraña que algún miliciano reaccionara así. En el libro se recogen algunos testimonios favorables de la impresión que José Antonio les causó durante el juicio. Los que le fusilaron le habían visto escribir, sólo en aquella celda desde las tres de la madrugada del día 18 hasta las seis y media de la mañana del día 20, pasear de un lado a otro, confesar durante una hora y asistieron a la dramática despedida de sus familiares en la noche del 19. No me extraña que se produjera esa reacción. Y además el momento: aquellos cuatro chicos que estaban indultados y que fueron asesinados con José Antonio, rezando un rosario que habían comenzado en la celda antes de salir al patio de la muerte, el frío...
-¿Al hilo de lo que comenta quiénes, directa o indirectamente, ejecutaron a José Antonio?
Sería más correcto hablar de asesinato paralegal. Como se demuestra en el libro José Antonio se enfrentó a un proceso en el que el gobierno había dictado la pena de muerte con antelación; en el que tanto el socialista Indalecio Prieto como el anarquista García Oliver controlaron todo el proceso. Un juicio en el que el Fiscal no consiguió probar la acusación, porque las autoridades querían condenarlo como figura clave de la rebelión, como organizador de la rebelión, lo que evidentemente no era cierto. Un juicio en el que se llegan a utilizar como pruebas de cargo recortes de periódico.
Yo he tenido la suerte de poder acceder a la documentación del Fiscal del juicio, Vidal Gil Tirado, en la que de puño y letra se puede seguir la acusación con versiones distintas a las que se recogen en el sumario conocido. Y, finalmente, tampoco se cumplieron las normas para la ejecución. No fue la fuerza pública la encargada de fusilarle, fue un piquete anarquista, mandado por un anarquista, Guillermo Toscano. Y hemos identificado a todos y cada uno de los integrantes. Los milicianos anarquistas fueron los que dispararon pero fueron las cúpulas dirigentes anarquistas que estaban en el gobierno y la cúpula dirigente socialista, Prieto y Largo Caballero, los que dieron la orden.
-Pero en muchas ocasiones se ha dicho que Indalecio Prieto apreciaba a José Antonio y que los anarquistas…
Es una leyenda, uno de los muchos mitos que en el libro desmontamos. Dejemos clara una cosa, en el Consejo de Ministros del 19 de noviembre, en el texto establecemos las horas y el tiempo de la discusión, Indalecio Prieto apoyó a Largo Caballero cuando si él hubiera querido, apoyando a los ministros netamente republicanos, la ejecución no se hubiera producido, pero Prieto dijo Sí. Pero es más, hemos localizado una interesante correspondencia entre el Fiscal General de la República, el Ministro Irujo y Prieto sobre el sumario de José Antonio y los rastros de lo que es un intento de manipulación del mismo. Es más Prieto lo expurgó sustrayendo algunos documentos. Incluso en una carta entre Prieto e Irujo ambos se comprometen a evitar que al conocerse el juicio éste pudiera alentar la “novela romántica de su vida”. Pero es que Prieto, en mayo de 1936, públicamente califica a José Antonio de jefe de una banda de pistoleros –menos mal que sentía simpatía-. El lector podrá leer estas palabras o las de Ángel Pestaña en las cortes. Y además Prieto y Zugazagoitia, que manejaban el SIM republicano, trataron de manipular los escritos de José Antonio. Recuerde que Zugazagoitia es el autor de una versión un tanto cursi y no menos patética de José Antonio diciéndole al piquete “vosotros no queréis que yo muera”. Increíblemente se ha reproducido en decenas de trabajo y forma parte del mito.
-En el prólogo habla usted de la necesidad de reconstruir la historia reciente desde la documentación saltando por encima del habitual recurso a las memorias.
Efectivamente. Las memorias de los personajes públicos tienen siempre un valor relativo. En este trabajo hemos recurrido a la documentación. En los archivos del Centro Documental de la Memoria Histórica se conservan varios legajos –hablo de memoria pero quizás superen la docena- en los que es posible encontrar documentación referida al proceso y ejecución de José Antonio. Ahí ha permanecido desde los años cuarenta sin que haya sido sistemáticamente consultada. Declaraciones de los asistentes al juicio, de quienes componían los tribunales alicantinos, de testigos de aquellos días; expedientes de los Consejos de Guerra, tanto de los Tribunales Populares como de los Nacionales; documentación policial de la época; la documentación de la prisión… y tenemos cartas inéditas que estaban en el sumario y nunca se han reproducido. Sería muy prolijo de detallarlas.
-También aborda, casi es un libro dentro del libro por su extensión, con minuciosidad los intentos de evasión y rescate de José Antonio. Si no me equivoco al contar: cuatro en la Modelo, otros cinco en Alicante entre junio y julio de 1936 y después una docena de operaciones puestas en marcha desde la zona nacional. ¿Por qué no consiguieron su objetivo?
El título del capítulo ya lo dice, porque era imposible. Qué alguien de la importancia de José Antonio pudiera salir de la zona republicana era imposible. De todos modos se intentó. Fíjese que entre el tres de septiembre y el dieciséis de noviembre, unas seis semanas, desde la zona nacional se ponen en marcha once planes –saque usted la cuenta-; ocho autorizados por Franco y otro, el último, propuesto por Franco. Pero en el relato se anotan otros dos con escasa confirmación: un desesperado intento de sobornar a la Guardia de Asalto que tiene que ejecutarlo y un posible plan de fuga en un submarino alemán que yo registro pero al que doy escasa verosimilitud. También en este capítulo podrá el lector encontrar aspectos inéditos y formarse un juicio ajustado a la realidad.
-¿Franco hizo pues todo lo posible?
Creo que después de leer el resultado de mi investigación es imposible tener dudas. En el texto recojo una revelación de quien era gobernador civil, falangista, cuando Franco visitó la cárcel y el lugar donde fue ejecutado. En un momento Franco agarró el brazo del gobernador y le dijo: hice todo lo posible por liberarle.

Podríamos seguir hablando con el profesor Torres durante horas sobre las revelaciones de su trabajo pero lo mejor es que sean los lectores quiénes las descubran. En la conversación nos ha indicado que éste es un libro interactivo porque dispone de una página web propia (elultimojoseantonio.com) desde la que se podrá seguir la vida de este libro, conocer su repercusión, descargar trabajos complementarios que no han tenido espacio en esta voluminosa y cuidada edición y leer las opiniones que sobre el mismo vayan apareciendo. El próximo día 25 se presentará en Madrid a las ocho de la tarde en el Espacio Ronda (Ronda de Segovia 50, línea 5 de metro Puerta de Toledo), pero…

-Sí, el acto más emotivo, porque será más que una presentación, será el que se realice en Alicante. Vamos a presentar el libro en la antigua Casa-Prisión, en el lugar donde estuvo preso y se le ejecutó el próximo tres de mayo. Y además me acompañarán dos amigos en el uso de la palabra, Luis Soler y Carlos Caballero.