Home

Diario YA

Segunda parte de la entrevista exclusiva al historiador Luis Suárez

"Hay una persecución muy inteligente contra la Iglesia, que no es violenta, pero es ninguneante”.

Rafael Nieto. 11 de Octubre.

(Segunda parte de la entrevista concedida por Luis Suárez a este periódico digital)

Para que triunfen ideas como las de Ibarreche, supongo que es fundamental que haya un desconocimiento de la Historia de España…

Total, total…No, y eso lo hay ahora, es decir, la Historia está barrida. Mire, hay una cosa que a mí me llama la atención: cuando los periódicos ponen los libros más vendidos, el best seller, durante cierto tiempo los best sellers de no ficción eran en su mayoría de Historia, hoy no hay ni un solo libro de Historia en las listas de los best sellers. Se ha conseguido que la gente no lea historia; lee otras cosas, lee ensayo, le atraen otras cosas. Yo no digo que haya una manipulación o una falsificación, no se trata de eso. Simplemente, que a la hora de comprar libros se ha convencido a la gente de que los libros de Historia no tienen valor, tienen muy poco valor, y están siempre entre los menos vendidos. La gente no tiene interés en conocer la Historia, le interesan más las fantasías. La Historia se ha convertido en un saber minoritario, hay que seguir con ello, hay que brindar a la gente lo que sabemos de la verdad, pero dándonos cuenta de que no es algo que no alcanza a todas las personas.
 
Otra de las cosas que se discute mucho por parte de la progresía dominante es la vinculación de España con la Fe Católica...
 
Eso fue así. España fue la gran defensora del catolicismo. Desde el siglo XIV, empieza una reforma de la Iglesia que se basa en dos principios: hay unos derechos naturales humanos (a la vida, a la libertad y a la propiedad, que no pueden ser alterados), y el de que Dios le ha dado al ser humano el libre albedrío y la capacidad racional que llega al conocimiento especulativo. Bueno, todo esto hoy se rechaza, pero durante siglos esto pareció la gran verdad que había que defender. Cuando todo eso se tradujo en un guerra europea, nosotros fuimos vencidos, y con ello sufrieron estos principios fundamentales. Hasta una época muy avanzada, la Ilustración, Jovellanos, Campomanes, Feijoo…, ellos son católicos y están viendo cómo una Ilustración que acepte los principios que ha defendido el Cristianismo podría ser muy superior a la que en Francia ha desembocado en la enciclopedia. A estos personajes también se les ha falsificado, se ha presentado a Jovellanos como un agnóstico, cuando era muy católico. Claro, lo malo de un país católico como España es que siempre está amenazado por el clericalismo. El clericalismo es una desviación que intenta hacer de la religión un instrumento de poder, ahí es donde está el mal, y ese es el gran daño que España sufrió en algunas oportunidades. Por ejemplo, en 1432 España había llegado a establecer un sistema de convivencia con los judíos verdaderamente ejemplar, bueno pues lo tiramos por la borda, y aceptamos la fórmula europea de la expulsión de los judíos, la prohibición del judaísmo…
 
Eso sí fue decisión de los Reyes Católicos…
 
Sí, pero venía de fuera, era una imposición que venía de fuera, es un nuncio que viene a España con el encargo, y en España se acepta esa imposición, y aquella ley que se había creado en las Cortes de Valladolid, con don Álvaro de Luna y con representantes de los judíos…, todo eso se va al cuerno. Bueno, qué le vamos a hacer…, y metemos la Inquisición…Ese es el gran error de España.
 
¿La Inquisición?
 
Claro, pero no porque fuera especialmente cruel, yo creo que eran más crueles los otros sistemas de represión que había en Europa, pero sí porque constituye una equivocación radical. Es decir, la labor de la Iglesia es reconciliar y perdonar, no es castigar. Convertir un órgano de la Iglesia como la Inquisición en un instrumento de represión, es el mayor error que se puede cometer. Si quiere usted castigar a los herejes, que sea el Estado el que lo haga, eso ya es otra cuestión. Pero no mezclada con la Iglesia. Ese es uno de los errores que hemos cometido, al lado de los grandes aciertos, como la decisión de hacer libres a los indios…
 
Un error que, por cierto, la Iglesia sigue pagando aún a día de hoy…
 
Claro, lo sigue pagando, porque los errores se pagan, vamos, esto no cabe duda. Cuando Talleyrand le habla a Napoleón sobre la muerte del Duque de Enghien, y Napoleón dice: “Un crimen, un crimen”. Y Talleyrand dice: “No, algo peor todavía, Señor: un error”. Es verdad, algo peor todavía, un error.
 
A usted le ha interesado siempre más lo que es la Historia que las ideologías, ¿no es así?
 
Indudablemente, yo trabajo en la Historia.
 
Se lo digo porque una cosa muy curiosa también en estos tiempos es que la izquierda, por lo menos la española, se ha inventado una legitimidad democrática que evidentemente nunca ha tenido. Esto también convendría explicárselo, sobre todo a los jóvenes…
 
Nunca, nunca, y sigue sin tenerla. Es decir, aquí el procurador en Cortes o el diputado o senador no puede tomar decisiones por su cuenta, tiene que obedecer al partido. Y si no vota lo que el partido le manda, le echan, le sustituyen. Claro, eso en Norteamérica es absolutamente inconcebible. En realidad, uno de los principios positivos de la democracia es que el representante sea representante, tome las decisiones en conciencia y sea responsable de ellas, no un señor que se sienta en una silla, dice lo que le mandan y después vota lo que le obligan; y si no vota eso, a la calle. Eso es una falsificación de la democracia, no hay una legitimidad, eso es evidente, y en otros muchos aspectos igual. No se cumple la Constitución, se ha convertido en un mero montón de palabras, pero no se respeta, las libertades del ciudadano han quedado reducidas a muy poca cosa.
 
Pero en el caso del PSOE, incluso desde su fundación, desde Pablo Iglesias…
 
Ah claro, él negaba la democracia, vamos…Y negaba el liberalismo. Decía: “Ese es un camino para poder apoderarnos de él, pero no porque nos sometamos a él”. Y de hecho siguen así, no se someten.
 
También le quería preguntar por la legitimidad del régimen de Franco, en relación con la realidad de lo que era la Segunda República al producirse el alzamiento.
 
No hay que olvidar que él fue el primer general de la República, el general más importante de la República, salva la República en 1934 del golpe revolucionario, esa es la realidad. Cuando ganan las izquierdas ven en él un enemigo, precisamente por esa razón, porque él había impedido la revolución que ahora van a llevar adelante. Pero en ningún momento Franco parte de la idea de que hay que realizar un alzamiento o cosa parecida, le parece que eso puede llegar a ser un error porque no hay cosa peor que una guerra civil. Y lo que él defiende en un primer momento es una entrevista, que le niegan, con Casares Quiroga para que, reuniéndose un grupo de generales representativos de todas tendencias políticas, se tomasen las medidas oportunas para evitar que la revolución triunfe después de las elecciones, eso es lo que le niegan. Y sólo en el último instante Franco acepta formar parte del alzamiento que habían preparado otros. Franco no es miembro del primer consejo que se organiza, él llega después. Lo que pasa es que llega un momento en el que los militares sublevados piensan que van a perder la guerra y no había más que un general, que era el más capaz de todos, y hay que entregarle el poder. Y es entonces cuando él exige el poder completo. ¿Por qué?, porque él está pensando en la monarquía, y no en la república como los demás. Luego, claro, hay una tremenda influencia de la Iglesia. En 1938, cuando ya en España la guerra está decidida, Gomá asiste a un congreso eucarístico que preside Eugenio Pacelli en Budapest. Y es entonces cuando hay un intercambio de ideas, Gomá le dice a Pacelli que hay que confiar en Franco, y es cuando la Iglesia interviene y dice: “Sí, pero ojo, que no caiga en el totalitarismo”. Y es lo que Gomá habla con Franco y evita entrar en la Segunda Guerra Mundial, evita entrar en el totalitarismo…, Franco estaba pensando en otra cosa, en una monarquía sin partidos políticos. Más bien una monarquía tradicional en el sentido de que las representaciones legislativas tenían que ir saliendo un poco como en Norteamérica, de las entidades locales. Y eso es lo que él trata de hacer.
 
¿Franco tenía sentido de “Cruzada”?
 
Sí, es la Iglesia la que establece la Cruzada…
 
¿Pero él era consciente de lo que eso suponía?
 
Él es consciente, él es obediente. Hay una demostración bien clara, es decir, los militares al principio asesinan a algunos sacerdotes en el País Vasco. Franco estaba al margen en ese momento, y cuando Gomá llega y le cuenta esto, Franco toma las riendas del poder y dice: “Se acabó, en adelante no se castigará a ningún sacerdote nacionalista”, más que por el procedimiento ordinario de la Iglesia, que es la incardinación en otras diócesis, pero no pasa de ahí. Cuando viene la consulta, y se le pregunta si van a hacer leyes contra los judíos, Franco responde: “¿Nosotros? De ninguna manera”. Y defiende a los judíos, protege a los judíos, como estaba haciendo Pacelli, él sigue la misma línea que ha establecido la Iglesia. Si no llega a estar esa influencia de la Iglesia, España hubiera incurrido en los mismos defectos que el resto de los países europeos, porque incluso Francia persiguió a los judíos. Holanda entrega a Edith Stein, monja, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, refugiada en un convento en Holanda, la entregan a los nazis. España no entrega a nadie, acoge a todos los que puede y salva a 46.000 mediante el transporte por ferrocarril de mucha gente, etc.
 
Normalmente se habla del “Régimen de Franco”…
 
Bueno, realmente lo que hubo fue tres regímenes de Franco. Uno hasta 1942-1943, que es de predominio falangista, con la gran fuerza de Serrano Suñer, aunque Serrano Suñer tenía una opinión lamentable de Hitler y quería librarse de él como fuera. Hay un segundo régimen, que es la adaptación a la democracia cristiana, de los principios de la democracia cristiana, a través de los propagandistas de Acción Católica que es de donde salen las figuras clave, eso llega hasta 1956; y hay un tercer régimen, que es el desarrollo y la restauración monárquica, que es donde juegan miembros del Opus un papel muy importante, pero siguen siendo también los propagandistas los que dan el paso decisivo. España debe a los propagandistas de Acción Católica algo que nunca podrá pagar, mucho más de lo que nadie se imagina. Gente como Larraz, como Martín Artajo, como Ángel Herrera…Ese tercer régimen es el que logra la expansión económica, España se convierte en el sexto país del mundo desde el punto de vista económico, en servicio de la monarquía, que significaba la continuidad. Ahora, claro, hay que inventar una memoria histórica y negar todo esto, porque si la gente lo supiera y comulgara con ello, su juicio en relación con lo que ahora está sucediendo sería muy distinto, y eso no conviene en modo alguno. Ahora hemos llegado el extremo opuesto; es cierto que es un fenómeno mundial, pero qué curioso que cuando se reúnen los dirigentes europeos para tratar del tema económico, a Zapatero le dejan al margen. Nosotros hemos llegado ahora a la recesión después de haber pasado por la expansión.
 
Alemania ha “pasado página” con Hitler, Italia ha hecho lo mismo con Mussolini, pero en España la figura de Franco sigue despertando un enconamiento muy grande, ¿a qué se debe?
 
Porque hay un interés político de que triunfe la izquierda, y hay que presentar a los vencidos de 1939 como vencedores. Y la única explicación que cabe dar a eso es que los que entonces ganaron la guerra eran los malos, los perversos, los que bajo ningún concepto debieron haber ganado, y por consiguiente hay recordar a la gente y mantener el odio…Además, nosotros tenemos una izquierda más radical que la que hay en Alemania, la francesa ha ido perdiendo fuerza poco a poco. Aquí, hay que destruir todo lo que ellos llaman “la derecha”, que es el PP, para poder afirmar el predominio suyo. Y necesitan una memoria histórica inventada. La memoria histórica es una selección, hay que seleccionar las cosas que nos convienen y eliminar las que no nos convienen, por tanto es un prejuicio de valor, y nosotros lo hemos convertido en ley, que es tremendo. La gente de mi generación luchamos, y yo no era de Falange ni nada de eso, al contrario, para borrar las huellas de la guerra que nos había dejado a todos los chicos una tremenda amargura; y ahora lo que estamos viendo es que eso reaparece y lo que se pretende es resucitar los odios propios de la guerra.
 
Y esto, ¿a dónde puede conducir a un país?
 
Cualquiera sabe. En medio de una gravísima crisis económica, el peligro en el que estamos viviendo es terrible.
 
¿Usted cree que el pueblo español tiene mecanismos de defensa…?
 
No, en este momento no, tiene muy pocos mecanismos de defensa. Damos el nivel más bajo de educación, y eso es muy grave…, porque habíamos llegado muy alto, eh. No tenemos ya un ejército de ciudadanos, sino de profesionales y profesionales, son Fuerzas Armadas y sobre eso no se puede apoyar nada. Hay una persecución muy inteligente contra la Iglesia, que no es violenta, que no es dura, pero que es “ninguneante”. Es decir, cualquier cosa que se dice sobre la Iglesia se reduce al silencio. Yo, por ejemplo, tengo muchos libros sobre temas religiosos, ¿quién ha comentado esos libros? Nadie. Es natural, claro, eso no gusta, no conviene. Y por consiguiente, falta ese otro elemento, que sólo somos un 17% de católicos. Lo demás son nombres, que si bautizados, etc…, no, no, déjese de historias: a misa, los domingos, el 17%. Ese es el católico, como el musulmán es el que va a la mezquita, no nos engañemos. Como el judío es el que va a la sinagoga, si no es un israelita, que no es lo mismo.
 
Usted dijo en el prólogo de una obra escrita por D. Álvaro Maortua y titulada “España” que, quizá, la mejor definición que se ha hecho de España es que es “una unidad de destino en lo universal”…
 
Indudablemente. Nosotros teníamos una misión que cumplir, lo vio Adenauer claramente, y era aportar a la UE los valores que nosotros tenemos. Pero no se ha hecho Europa como Adenauer, Schumann y De Gasperi querían. O sea, no se ha hecho una Europa como cultura, sino como mercado; y ahí ya tenemos muy poco que aportar. La frase de la “unidad de destino en lo universal” no lo inventa José Antonio, lo inventa un pensador francés, ojo, pero a José Antonio le parece una frase muy acertada. En esa unidad de destino nosotros tendríamos que ser los defensores del catolicismo, que a fin de cuentas piensa, habla y escribe en español. El 80% de los católicos del mundo hablan en nuestra lengua, piensan como nosotros, como pensábamos nosotros. Todo eso ya se ha perdido. Lo mismo ocurre con otros temas, con el Ejército…, antes el servicio militar era un complemento de la educación, ahora no, ahora es una profesión, y además no sé qué demonios quieren hacer con ella, se van a enfadar todos los militares, y en el que el número de extranjeros irá creciendo como en el Imperio Romano, y se acabó, eso acabó con Roma. El día en que los ciudadanos romanos dejaron de ser miembros del Ejército, y fueron sustituidos por bárbaros, Roma se condenó a muerte. Pero el Califato de Bagdad siguió la misma trayectoria, y pasó a ser mongol, y los turcos provienen de ahí...
 
¿Usted ve un peligro en la inmigración masiva que está viniendo?
 
Sí, indudablemente. Porque eso es la desvirtuación de España, es privar a España de lo que son sus elementos fundamentales. Se está perdiendo la identidad, no cabe duda.

 

Etiquetas:luis suárez