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Historia, Arte y Viñedos en el Suroccidente de Asturias

Parador de Cangas

Mª del Carmen Melendez Arias. Asturias es tierra de vino en su extremo suroccidental, en Cangas del Narcea, el concejo más extenso del Principado.
El cultivo de la vid fue introducido  por la Orden de San Benito que se estableció en 1040 en el Monasterio de San Juan Bautista de Corias, fundado en 1032 por los Condes Don Piñolo y Doña Aldonza, a dos kilómetros de la villa de Cangas capital del concejo. Allí permanecieron hasta la desamortización de 1835, siendo recuperado para la vida religiosa hacia 1860 por los Dominicos que, hoy mantienen su presencia en el monasterio convertido en parador.
El viajero que llega a Corias se sorprende al contemplar un edificio de estilo herreriano, “El Escorial asturiano”, reconstrucción de 1763 posterior a un incendio del que se libró la biblioteca, la sacristía y la iglesia de los siglos XVI y XVII, de la primitiva factura románica no queda resto alguno.
En la Iglesia de planta de cruz latina, destaca el retablo mayor barroco, y el Cristo de la Cantonada, talla románica, ante la que era tradición llevar a los niños del concejo para recibir el don del buen juicio y la sensatez. En el exterior, un puente medieval con basamento romano cruza el río Narcea, sirviendo de comunicación con el pueblo. 
La agricultura y la ganadería fueron tradicionalmente las actividades económicas de Cangas del Narcea. La  vid vivió momentos de auge, y de decadencia como fueron la plaga de la filoxera en el siglo XIX, y el apogeo de la minería en el XX.
La crisis de la antracita y posterior reconversión industrial, significó una oportunidad para el vino de Cangas que, hoy es denominación de origen protegida.
Estamos hablando de una zona de viticultura heroica o de montaña, de características muy específicas definidas por el CERVIM, organismo internacional regulador de esta forma excepcional de cultivo de la vid,
Los viñedos de montaña se organizan en terrazas, con pendiente superior al treinta por ciento y en altura  mínima de quinientos metros sobre el nivel del mar. En estas condiciones la mecanización es imposible, requiriendo grandes inversiones para pequeñas cosechas que producen caldos de gran calidad.
Los paisajes de viticultura heroica son de gran belleza, y  Cangas del Narcea no es una excepción. En las  calles empinadas del casco antiguo encontraremos interesantes edificios religiosos como, la Basílica de Santa María Magdalena, la Capilla del Santísimo Cristo del Hospitalin, y la Capilla de la Virgen del Carmen en el barrio de Estrambasaguas a la que se accede por el Puente Romano que cruza el rio Luiña en el punto en el que se une al Narcea. Los palacios del Conde de Toreno, de Omaña, de Pambley, de los Llano, de los Uría, de Peñalba y de Velarde, son muestra del pasado insigne de la villa.
El soberbio entorno natural cuenta con enclaves únicos como  la Reserva Natural de Muniellos de acceso restringido a veinte visitantes por día previa autorización, el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. El  Santuario de la Virgen del Acebo (siglo XVI), desde donde se contempla una magnifica panorámica del concejo. O el Puerto de Leitariegos, vía de comunicación hacia León,  desde el que podemos divisar el Cueto de Arbás, y el  Parque Natural de Somiedo.
Arte, historia, paisaje, buena gastronomía y mejores vinos, esperan al viajero en este maravilloso rincón de España.
 

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