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Diario YA


 

LA MASCARILLA A DEBATE

Jorge Llopis Planas. Ciudadano embozado y miembro de la Hermandad Nacional Monárquica de España (HNME)

Desde hace cuatro meses el español/la ya no tienen rostro. Tampoco en el resto del mundo según la televisión y las fotos de agencia del extranjero, porque ante la ausencia de turistas, el auténtico barómetro social de lo que viene de fuera, no sabemos o conocemos las tendencias faciales de la temporada. No se cual es la cara del personal que me rodea con la excepción de mi abnegada compañera de confinamiento, léase esposa o pareja, según se sea persona normal o políticamente estúpido.
Viendo el debacle que el confinamiento ha supuesto en las carnes del ciudadano y ciudadana y sus efectos irreversibles en acumulaciones adiposas y un color cetrino difícilmente disimulables, se suma otro elemento más en la nueva fisonomía del ciudadano/a: La mascarilla.
Seamos indulgentes con la humilde prenda que nos debe mantener a salvo de bichos y calamidades. Más que resignación ante la imposición, veamos las grandes oportunidades y ventajas que nos aporta la nueva prenda además de falsa seguridad, acatamiento y temor ante el que no la lleva.
Hablar de hiyabs y burkas era una ocurrencia que se ha empleado a menudo para ejemplificar las limitaciones y sometimientos de la mujer en otras identidades culturales. Como una reacción didáctica del Karma, ahora son ellos también los que sufren el agobio de ir con la cara cubierta. Si encima se les multa, cosa que dudo por ser precisamente musulmanes, la situación igualitaria en su comunidad y mejorará ostensiblemente. Por otra lado evitar la expresión de odio y amargura del colectivo, ya sería suficiente para aplaudir el uso de la mascarilla.
Hemos despreciado las posibilidades interpretativas como el mimo (especialmente de escuela francesa o canadiense en el peor de los casos). La mascarilla me ha hecho reflexionar sobre esta especialidad y concretamente sobre las enormes posibilidades de la expresividad facial. Por ejemplo, si entras en una tienda y además de la máscara llevas gafas de sol, se aprecia en la mirada del dependiente una mezcla de terror y pavor, incertidumbre o angustia, dignas del mejor Kabuki japonés. No se dude que este método se estudiará en las escuelas de interpretación como “méthode du masque Covid».
La mascarilla nos ofrece innegables oportunidades de ahorro en la economía doméstica. Los tratamientos de bótox, silicona labial, tratamientos blanqueadores, depilación supra labial, patillas y cosmética tanto masculina como femenina entre otros quedan hoy obsoletos, devolviéndonos a la realidad cartesiana de nuestra existencia y vulnerabilidad. Vuelve el oso (y la osa) reafirmando a Adolfo Domínguez y su “Arruga es bella”. Así mismo nos ayuda a replantear los carísimos tratamientos odontológicos previstos. No obstante si se es vicepresidente y no se lleva mascarilla y se tiene una dentadura de miseria, si, se recomienda.
La mascarilla va a ser una inmejorable campaña de Relaciones Públicas para la próxima entronización de Carlos de Inglaterra, sobretodo entre la comunidad anglófila de nuestro país ya que el uso continuado de la mascarilla implicará, seguro, una progresiva deformidad en los cartílagos de las orejas. Nadie volverá a mofarse de las orejas del monarca. Se habla incluso de una nueva orden nobiliaria inglesa entre la comunidad guiri balear: La Orden de Sa Mascareta como adhesión incuestionable a la Corona, con o sin Brexit.
La recuperación celtibérica del piropo, incluso soez es una realidad gracias al anonimato de la mascarilla. Acostumbrados al uso masivo pinganillos, auriculares y teléfonos móviles hemos perdido la capacidad natural de localizar los ruidos externos e identificar a quien los emite. Es más, para nuestras feminazis, volver al piropo les reafirmará su condición de sometimiento en el harén del machirulo meta asambleario. Todos contentos. El insulto anónimo por extensión también está de enhorabuena.
La floreciente industria de la mascarilla y sus accesorios es un hecho y que debemos aprovechar para potenciar la industria nacional del ramo, en una suerte de “Renacimiento del Textil Catalán” (o gallego según la orientación política nacionalista de cada cual). El timo de mascarilla con filtro o sin filtros, el diseño, la Marca España (En España se Sonríe mejor) y el marketing (Plátano de Canarias o clínicas dentales) darán una oportunidad innegable a nuestra providencial creatividad. Es más, muy probablemente el uso de la mascarilla evolucione este invierno de nuevo al uso de la capa española y su embozo, reivindicando la prohibición de Carlos III en 1766. Como los motines y escraches están asegurados
¿Qué mejor manera para insultar e increpar a nuestros dirigentes de manera elegante y castiza?.
La Dictadura de la amabilidad con los vecinos ya sea en el ascensor o rellano, gracias a la mascarilla ha terminado. Mascullar, hacer muecas y gañotas, sacarles la lengua o mantener el silencio está garantizado con la mascarilla. s liberador. Lógicamente esta redención se hace extensible a familia política y funcionarios del SEPE y si se coincide con algún majadero populista en el súper. Gracias a la mascarilla ya no se asalta al viandante preguntado por direcciones y calles tableta en mano. Los dependientes chinos de primera generación ahora señalan donde está los productos, no como antes que no les entendía ni Dios. Los taxistas se limitan a conducir y no te cuentan ni su vida ni cosas que no le importan un bledo al pasajero. La policía da un poco más de miedo ya que no se quitan las RayBan ni con agua caliente. Se ven menos ciclistas asesinos probablemente por la hiperventilación que la mascarilla provoca y sobretodo se evita ver la sonrisa hipócrita de más de uno.
La erótica está de buena nueva con el uso de la mascarilla ¿Jugamos a la Mascarilla Rusa y que Dios reparta suerte?.
¿Será guapa o es un Trol de la ciénega?. ¿Qué me está intentado decir con la mirada? ¿Si? ¿No? ¿De qué vas?. ¿Quién se resiste a Darth Vader?. ¿Estamos ante un nuevo sadomasoquismo higiénico?. ¿Hemos liberado a las rubias de ser tontas ya que no sabemos si son feas o guapas?. ¿Es el final de las app de contactos con fotos falsas porque ya da igual?. ¿Ligará más Echenique? ¿Podría haberse ahorrado Fernández de la Vega un dineral?. ¿Cómo comportarse o excusarse si al final nuestra conquista es un adefesio o un esperpento incuestionable?. ¿Ser Boy o Striper está al alcance de todos los deportistas en paro que ya no importa ser guapo o feo?… Como se ve las preguntas son muchas y todavía no tenemos respuestas. Propongo entonces que se desarrolle un nuevo lenguaje como en su momento lo fue el del abanico.
Veamos pues que nos depara el uso de la mascarilla. Las infinitas posibilidades de su uso y beneficios en nuestra psiqué son muchas. No todo van a ser sinsabores

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