Home

Diario YA


 

La Masonería (III): La Casa Común de la Izquierda

Daniel Ponce Alegre. Teólogo y Antropólogo. Una de las ideas fundamentales que el Papa Juan Pablo II desarrolló durante su Pontificado era que el Cristianismo llenara el vacío que había dejado el Comunismo.
Realmente el Comunismo había desaparecido sólo en apariencia, se había transformado de su anterior identidad como " socialismo real " a su actual disfraz de " socialismo común ", es decir de: La Casa Común de la Izquierda que acuñó Mikhail Gorbachov y que aceptó la Internacional Socialista, siendo destacado en este sentido para nosotros, el " illuminatti " José Luís Rodríguez Zapatero y sus Alianzas de Civilizaciones, sus Progenitores A y B o sus Proyectos Simio y Ciborg.
Mediante el artilugio de " la Casa Común ", los antiguos comunistas, que casi siempre siguen siendo marxistas convencidos, aunque disimulados, se han infiltrado en los partidos socialistas, y no socialistas, del mundo y en parte no desdeñable dirigen su orientación en sectores como la educación, la sanidad y el bienestar social o la economía y la política internacional.
Juan Pablo II lo dijo muchas veces, pero con especial solemnidad en su alocución al Parlamento de Polonia el 11 de junio de 1999:
" Si queremos que la unidad de Europa sea duradera, tendrá que construirse no sólo sobre los aspectos económicos y políticos, sino también sobre los Valores del Cristianismo ".
Para Juan Pablo II el ideal de Europa es configurarse como  " Nueva Cristiandad " sobre las raíces del pasado, que siguen muy vivas pues son el propio Cristo, y no conforme a modelos caducos del pasado.
Europa, antes de reconocerse con este nombre mitológico griego, hasta el S.XVI era conocida por sí misma como " Cristiandad ", subrayando su Unidad Cristiana.
La secularización ha borrado los perfiles de la Cristiandad.
El núcleo esencial de la Masonería en su reciente historia de tres siglos, del XVIII al XX, ha sido precisamente la secularización anticristiana, que brota del mismo concepto de Dios que figura al frente de la Masonería Moderna: deísta y agnóstica en todas sus obediencias y ritos, y gnóstica y pagana en sus más profunda entrañas.
Esto vale para la Masonería Visible y mucho más para la Masonería Invisible, volcada ahora hacia el ideal de un mundialismo en que no aparece ni la idea de Dios ni los valores cristianos. Y es esta Masonería la Visible y la Invisible, la que se enfrenta al Cristianismo en la batalla inmensa y silenciosa por el control del hombre, en la Europa Oriental en especial, y en todo el Mundo.
Un combate auténtico, aunque muchos no quieran verlo, entre la Luz y las Tinieblas, y descrito por la Constitución Dogmática Gaudium et Spes en el Concilio Vaticano II.
Dicho combate se está produciendo entre la Luz de Cristo y la Oscuridad Visible, como se define a sí misma la Masonería, toda la Masonería sin excepciones, como por ejemplo en el Ritual de Grado III, el de Maestro, cuyo Símbolo es la Muerte sobre fondo negro, no la Vida que se identifica, como la Luz, con la figura de Cristo.
Para este combate reconozco que me fío mucho más de la Iglesia Católica de Polonia, de los cristianos de Rusia y de los del resto de Europa Oriental que de las iglesias de Occidente tan secularizadas, tan infiltradas por la propia Masonería, como sucede en el caso tan flagrante de la Compañía de Jesús en Europa y en especial en sudamérica.
Por eso el gran combate se centra ahora en la Europa Oriental, siendo objeto especial de los ataques de la Masonería y sus Siervos: Rusia, Hungría o Polonia por sus leyes en contra de las uniones homosexuales y del aborto, y en favor de la familia y la vida.
En la parte final del libro bíblico del Apocalipsis, uno de los libros del Nuevo Testamento en que con más frecuencia me pierdo gratamente, se describe de forma arrebatadora el definitivo combate de la historia humana en la llanura de Armagedón. Se presenta allí al Rey de Reyes, el Verbo de Dios, y Señor de Señores sobre un caballo blanco, seguido por los ejércitos celestiales con mantos blancos. Forman enfrente las fuerzas del abismo, guiadas por la Bestia del Mar y por su segundo, la Bestia de la Tierra, y arrojadas, tras el choque con los ejércitos de la Luz, al abismo. Pero no para siempre porque resurgieron, al mando de Satanás, que avanzaba seguido por un innumerable ejército y cercaron la Ciudad de la Luz pero volvió a descender el Rey de Reyes y sepultó a los enemigos en el fuego para siempre y ordenó abrir el Libro de la Vida, y se celebró el Juicio Final. Entonces el Profeta Juan vio un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra, presididos por el Alfa y Omega, el Principio y el Fin.
El Apocalipsis o " Revelación " nos revela el misterio profundo de la Luz.
Pero sepamos con absoluta certeza que esa Luz, la nuestra, no es la Luz Masónica, La Oscuridad Visible cuyo símbolo negro no es el Libro de la Vida, sino de la Muerte.
Los símbolos, tan gratos en la Masonería para el control, el misterio y la similitud con el Culto al Dios Verdadero Jahvé, significan en realidad y simplemente el vacío.
Para mí el combate final, que no se dirime en un solo encuentro, se está planeando entre la Iglesia y la Masonería en el campo vacío de Europa, pero no olvidemos que nuestro combate en este mundo " no es contra carne ni sangre sino contra las autoridades espirituales de este mundo, contra los espíritus celestiales de la oscuridad ".
Éstas autoridades están en este mundo, ocupando puestos temporales de gobierno, como el alcalde de Cádiz que eliminó la cruz y sustituyó el cuadro del rey por uno de un anarquista admirado por él; éstas autoridades son " reyes " de este mundo hasta que Dios Padre, Jahvé de los Ejércitos, mediante su Hijo Jesucristo, los borre y triture para siempre y establezca su Reino Eterno, como nos recuerda en su libro el profeta Daniel 2:44 y el propio Jesucristo en la Oración del Padrenuestro " así en la Tierra como en el Cielo ". Amén.

Etiquetas:Daniel Poncemasonería