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Formosa: La hermosa tierra

Los “bautizos geográficos” que recibieron el nombre de Formosa

Alexis Beck Fortuny. Uno de los atributos de Dios, junto a la Verdad y la Bondad, es la Belleza la cual se manifiesta, de una forma limitada, en su obra creadora. Todos deseamos un día poder contemplar “cara a cara” la perfección absoluta del Divino Hacedor. Mientras tanto, en ocasiones, nos quedamos extasiados con la visión de sus huellas en la naturaleza.

No siempre podemos tener la dicha de disfrutar de aquello que Dios nos ha entregado gratuitamente en el mundo. En las Sagradas Escrituras, nos encontramos el caso paradigmático de Moisés que no pudo entrar en la tierra prometida. El libro del Deuteronomio (4, 22), la califica, en boca del profeta, con un adjetivo muy descriptivo: “Sí, yo moriré en este país antes de pasar el Jordán, pero vosotros lo vais a cruzar y vais a tomar posesión de esa hermosa tierra”. No siempre, en nuestra limitada percepción, sabemos apreciar lo que oteamos o avistamos. Pero cuando lo hacemos, surge alguna expresión o comentario que hace referencia a la belleza. En la lengua castellana antigua, muchos términos que hoy escribimos en la letra inicial con h se escribían y pronunciaban con f .Es el caso de hermosa – fermosa. ¿Quién no recuerda la serranilla del Marqués de Santillana en su primera estrofa “Moza tan fermosa non vi en la frontera, com'una vaquera de la Finojosa”? En el portugués se mantiene la f, y su traducción a este idioma sería Formosa.

En la historia de los “bautizos geográficos” existen varios lugares que recibieron el nombre de Formosa. Por dimensiones y población, destacamos tres que, por orden cronológico en ser descubiertos, son: el primero, en 1472, la hoy llamada isla de Bioko, otrora provincia española. Su descubridor, Fernando Poo, la denominó Flor Formosa. Más tarde, la rebautizarían con el nombre del propio descubridor. Española desde 1778, formó parte de la Gobernación de Fernando Poo y Annobon, integrándose, junto al resto de la Guinea, en el Virreinato del Río de la Plata hasta 1810. Juan J. Lerena, en marzo de 1843, izó la enseña nacional llamando a la capital Santa Isabel. Y, como siempre sucedía con los pueblos fundados o refundados por españoles, los nombres de santos serían los apropiados para los correspondientes localidades de la Isla: San Carlos de Luba, Santiago de Baney, san José de Musola, Concepción de Riaba, Basakato de la Sagrada Familia, Santa Teresa de Bososo. La belleza de la Jerusalén celestial, con sus santos, aliada de la tierra hermosa.

El segundo es hoy una provincia argentina, que continúa gozando del mismo nombre de Formosa, situada en la Región del Norte Grande Argentino, que fue llamada así en 1528 por los españoles, parece ser que en recuerdo de una vuelta del río Paraguay. Sin embargo, en esta bendita porción de tierra, no tuvieron la posibilidad los españoles de evangelizar, exceptuando zonas limitadas hasta que, ya independiente Argentina, los criollos pudieron hacerse con su dominio y el nombre de los celestes intercesores no fueron tan abundantes: San Hilario, Villa del Carmen, Villa Trinidad.

El tercero es la isla de Taiwán, que hace unas décadas seguíamos estudiando en la asignatura de geografía como Formosa. Esta isla fue avistada en 1582 por los portugueses cuando pertenecían a la monarquía hispana. Años después se creó una gobernación dependiente de la Capitanía General de las Filipinas dentro del Virreinato de Nueva España. Permaneció, el dominio español, en el norte de la isla, 16 años desde 1626, tiempo suficiente para darle a la ínsula el nombre de Todos los Santos, y denominar algunas localidades o construcciones como: La Santísima Trinidad, Santiago, San Salvador, Santo Domingo…

Otras dos zonas, de menor relevancia, fueron agraciadas con el nombre de Formosa: un municipio brasileño, en el Estado Goiás, y una pequeña isla en la parte norte de las Islas Bissagos, en Guinea-Bisáu.