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Diario YA

Ucrania se desliza hacia la división social

Los peones del ajedrez ucraniano

José Luis Orella. Ucrania se desliza hacia la división social. Finalmente ha quedado claro que el rechazo al acuerdo con la Unión Europea, en realidad escondía  una nueva revolución que quiere el derrocamiento del actual presidente ucraniano. El cual, VíсtorYanukóvich, puede sea una marioneta de los caciques del oriente ucraniano, pero su Partido de las Regiones obtuvo  el 30,99% de los sufragios, que son  seis millones de votos. El Partido de las Regiones tiene la mayoría apoyándose en los intereses de los rusohablantes de Ucrania del sur y del este del país. También son las regiones mineras e industriales que más han sufrido la crisis, y ven con temor las medidas neoliberales de los prooccidentales. La ausencia de viabilidad de sus centros industriales, les hace ver en Rusia la salvadora de sus intereses.
En segundo lugar se encuentraBatkivshina (Madre patria), de la antigua Primer ministro YuliaTimochenko, y su coaligado el Frente para los cambios de ArseniIatsenioukque con el 24,84% de los votos y cinco millones de votos, nuclean a la oposición. La tercera fuerza política es el  Partido de la alianza democrática ucraniana para las reformas (UDAR)que logró un 13,62% y dos millones setecientos mil votos, que lidera el antiguo campeón olímpico de boxeo, VitaliKlitschkó, y se ha convertido desde su aparición en Munich, en la esperanza de la Unión Europea. Este gigante de dos metros y 110 kilos de peso, nacido en el Asia central, donde estaba destinado su padre, un coronel del fenecido ejército soviético, es la gran opción del bando occidental. Al lado de ellos, se encuentra el partido nacionalista, Svoboda (Libertad), que con el 10,01%, reúne el apoyo de dos millones de ciudadanos, especialmente de la región del entorno de la ciudad de Lviv. Este movimiento es el principal de las simpatías de los manifestantes, y es madre de grupos de independientes, como el sector de derechas. Todos ellos, son antisoviéticos, y nostálgicos del nacionalismo de Stepan Bandera y del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), el cual luchó contra los nazis, los comunistas y los polacos. Su fuerza radica en aquellas zonas ucranianas, que fueron polacas, y después austrohúngaras, pero nunca rusas, hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Pero, en el momento actual, es el movimiento de los estudiantes, que se ven protagonistas de la primera revolución nacionalista del siglo XXI. Además, la región del Lviv, es mayoritariamente católica oriental, que históricamente guarda resentimientos a las persecuciones que sufrieron por sus vecinos ortodoxos. La Iglesia Ortodoxa, como iglesia nacional, siempre ha estado supeditada al poder civil ruso. En la actualidad, el gobierno ruso favorece a la Iglesia ortodoxa de Rusia, como elemento de reconstrucción de identidad nacional rusa, que hace de Kiev, la cuna de la cultura eslava. Una parte de importante de los ortodoxos siguen al patriarca de Moscú, y otra a la Iglesia Autocéfala de Ucrania.
Por último, con ningún activismo, está un desaparecido Partido Comunista con un 13,56% de los votos y dos millones seiscientos mil votos. Este superviviente del naufragio del comunismo, está  apoyado preferentemente en la enorme masa de jubilados que añoran la vieja URSS, son el aliado del partido gobernante.
Con estos peones, los EEUU, a través de la UE, mueven los cambios necesarios que necesitan para imposibilitar la recuperación de Rusia como potencia de primer orden, a través de su Unión Euroasiática, Ucrania es la que debe decidir si se incorpora como miembro de primer orden en la unión de Rusia, o como miembro de exportación de mano de obra barata en la UE. Otra cuestión, es que el apoyo prooccidental, se alimente por un problema distinto, de la lucha contra la corrupción y la red de caciques económicos, que se adueñaron del país, después de la disolución de la URSS, y encabezan a ambos lados políticos.

 

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