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cuando las embajadas españolas en Viena representaban los intereses de Rusia.

Rusia y España: Una alianza sólida para un desarrollo permanente

Daniel Ponce Alegre. Teólogo y Antropólogo. Delegado en Levante de Diplomacia S.XXI. Por estas fechas, cien años atrás, estábamos en plena I Guerra Mundial, guerra que algunos analistas, entre los que me encuentro, consideramos en nuestros estudios como el inicio de la Guerra Civil Europea, 1914 - 1945.
Todos los países europeos recuerdan con dolor los años trágicos de aquella guerra, pero cabe mencionar hechos, quizás, no tan conocidos, de no menos importancia en la dimensión humana, me refiero a la colaboración estrecha y amistosa de nuestro País, España, con nuestros hermanos rusos.
El inicio de la I Guerra Mundial supuso una tragedia para millones de europeos.
Los disparos fatídicos de Sarajevo paralizaron la vida de la mayoría de los países del Europa.
Las fronteras de las potencias en conflicto se transformaron de repente en obstáculos para la población civil.
Entre los afectados se encontraban los turistas que estaban pasando el verano en el exterior e inesperadamente se encontraron siendo el enemigo. Por ejemplo en agosto de 1914 sólo en los balnearios alemanes había aproximadamente de 40.000 rusos.
Diez días antes, ninguno podía imaginarse la proximidad de una guerra atroz, igual que no podían imaginárselo en la región rusa de Ucrania, cuna de la " rus de Kíev ".
España declaró su neutralidad en el conflicto en agosto.
El Real Decreto aprobado por solicitud del Presidente del Gobierno, Eduardo Dato, imponía a todos los súbditos de Alfonso XIII neutralidad de acuerdo con las leyes y los principios del Derecho Internacional.
Al mismo tiempo, España asumió la noble misión de defender a los ciudadanos de los países beligerantes que se encontraban en el territorio del rival.
Desde entonces, y hasta casi el final de la guerra, las embajadas españolas en Viena representaban los intereses de Rusia.
En los primeros días de la guerra, el Ministerio de AA. EE. de Rusia ayudó a organizar en la Embajada de España en Petrogrado la Oficina de Información sobre los rusos que se encontraban en territorio de los países enemigos, a las funciones de dicha Oficina dedicaré un día un artículo por su interesantísimo valor.
A través de este organismo, se enviaba dinero a los compatriotas que se encontraban en una situación dificil.
Los empleados de las embajadas españolas en Berlín y Viena entregaban ese dinero a sus destinatarios; en el primer día que funcionó este canal, ambos consulados recibieron desde Petrogrado más de 45.000 rublos.
El Embajador de España en Berlín, de Bernabé, y el Embajador en Viena, de Castro y Casaltiz, así como el Enviado en Bruselas, el Marqués de Villalobar, se dedicaron a cumplir sus obligaciones. Los diplomáticos españoles ayudaron a regresar a todos los rusos que pudieron. Gracias a su apoyo, muchos consiguieron volver a Rusia a través de Escandinavia.
Las situaciones más delicadas las supervisaba el propio Alfonso XIII en persona; tal fue el caso del sacerdote ruso Rhyzhkov, que pasó 22 meses en una cárcel austriaca, y que finalmente no sólo fue liberado sino extraditado a Rusia, gracias a la petición personal del Rey Alfonso XIII, preocupado ante el informe recibido del Encargado de Negocios de Rusia en España, Yuri Soloviev, sobre la salud del sacerdote; Alfonso XIII escribió al emperador austriaco Carlos I que ordenó la liberación del clérigo ruso.
Por estos, y muchos otros ejemplos, se puede considerar de especial la relación humana ruso-española, y por añadidura, de particularmente sólidas y entrañables las relaciones diplomáticas de ambos países, pues se fundamentan en mucho más que los motivos económicos o de seguridad, sino en las relaciones de hermandad cristiana y amistad; como dicen las Sagradas Escrituras, la Biblia: " un amigo y hermano es aquel que está en tiempo de angustia ".
Y a nosotros, nos toca serlo de nuevo en estas circunstancias concretas, con Rusia en especial, pero también con Hungría, República Checa, etc... hasta el Fin.

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