Una mujer palestina pone una "kefia" al Papa
Redacción Madrid. 22 de abril.
Una joven palestina que asistió este miércoles a la audiencia pública del Papa en la plaza de San Pedro colocó a Benedicto XVI en los hombros una "kefia", el pañuelo palestino, que el Pontífice lució durante unos minutos, mientras hablaba con la muchacha y el joven que le acompañaba.
El hecho ocurrió al final de la audiencia, cuando Benedicto XVI saluda a numerosos presentes, entre ellos cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, personalidades de la política, la cultura, recién casados y a todos en general.
Entre las personas a las que se acercó a saludar hoy se encontraban un muchacho y una muchacha, venidos de Belén, territorio bajo control de la Autoridad Nacional Palestina.
La pareja formaba parte de un grupo de 27 personas, según informó el Vaticano, procedentes de la parroquia "Campo de Pastores", de Belén.
Los dos jóvenes, representantes del grupo para saludar al Papa, entregaron al Pontífice un sobre y mientras hablaban con el él, la muchacha le colocó en los hombros la "kefia" blanca y negra que llevaba su acompañante.
El Papa prosiguió hablando con ellos. Poco después, su secretario particular, Georg Gaenswein, le retiró la "kefia" de la espalda.
Benedicto XVI viajará a Tierra Santa del 8 al 15 de mayo próximo y visitará, entre otros, Belén y un campo de refugiados palestinos cercano a la ciudad















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


