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Diario YA

cartas al director

Una mujer valiente

Pepita Taboada. Málaga.

Cuando se está considerando reabrir el debate sobre el aborto con una nueva ley que facilite aún más a las mujeres a que puedan deshacerse del hijo que llevan dentro ocultando, eso sí, la barbarie a la que se someten para interrumpir el embarazo, resulta reconfortante tropezar con mujeres que, pese a la presión del ambiente y "consejos" de médicos, familiares y amigos, conocen la gravedad moral de un aborto y se niegan con rotundidad a que se le practique, incluso cuando existan diagnósticos negativos con los que pretendan justificar la muerte del bebé.

Así le sucedió a una mujer malagueña, casada y madre de dos hijos. Hay que decir que el segundo de sus hijos nació gracias al empeño y valentía de su madre.

A los tres meses de estar embarazada, los médicos que la trataban le diagnosticaron graves problemas en el feto: síndrome de Down, mal funcionamiento del corazón, etc. recomendándole enseguida lo más fácil, pero lo más terrible: eliminar la nueva vida, sin considerar que ese ser diminuto tenía derecho a ella, aunque supuestamente padeciera deformaciones. Pensarían que era una dura carga y llenos de "compasión" por la joven madre la presionaron una y otra vez para convencerla de que lo más aconsejable era deshacerse de ese feto enfermo que sólo le daría disgustos.

Estamos acostumbrados a esa clase de compasión sensiblera que no distingue entre lo que se puede hacer y lo que se debe hacer. No creo que ningún profesional de la medicina, ni los que intervinieron en este caso, ignore cómo se forma una nueva vida y que el aborto provocado, en toda circunstancia, constituye la eliminación de un ser inocente. La criatura con síndrome de Down o sin síndrome de Down es una persona que merece venir a este mundo. Así lo entendió su madre que con gran fortaleza, se plantó ante los profesionales: "venga como venga es mi hijo y no lo voy a matar".

Estos médicos, ante esa postura debieron sentirse consternados por lo que ellos considerarían cerrazón y no descubrieron que habían dado con una mujer valiente. Quizás estarían acostumbrados a que otras mujeres, menos informadas o más débiles, aceptaran la "oferta de muerte" del pequeño e indefenso ser.

Nuestra protagonista siguió adelante con su embarazo, muchas personas rezaron y Dios quiso premiar su valiente decisión. A su tiempo  nació una preciosa niña, sana y vivaracha, tiene ya un año y es la alegría de toda la familia.

La doctora que la asistió solo sabia decirle: "Esto es un milagro" ¿…?

El ejemplo de esta malagueña puede servir de apoyo para tantas madres que, ante recomendaciones facultativas tan negativas, aprendan a defender el derecho a la vida de sus hijos, aunque vengan con problemas. La dignidad de la persona está por encima de situaciones más o menos difíciles.

Cuando la pequeña pueda entender, se sentirá orgullosa de su madre, comprenderá que le debe doblemente la vida. ¡Muchas felicidades a esta valiente madre!

 

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