
Manuel Parra Celaya. Trump hace pasos de baile ante sus seguidores y amenaza a Maduro. Maduro también baila a su ritmo caribeño y responde a Trump, ora con invocaciones a la peace, ora con bravatas para romperle las uñas al imperialismo yanqui. ¿Se vislumbra un escenario bélico que se añadiría a los ya entablados en el mundo?
Creemos que los bailes del presidente norteamericano van mucho más allá del deseo de liberar al pueblo venezolano de la dictadura bolivariana y de hacer frente al narcotráfico: petróleo se llamaría esa figura; algo así como las tierras raras de Ucrania, que ambiciona Putin. Por otra parte, los desenfadados pasos de baile de Nicolás Maduro, también acompañado de baladronadas, se fundamenta en la compleja red de intereses y relaciones internacionales, a la espera de obtener alianzas.
Como español e hispano que es un servidor, echa una mirada a la historia y allí encuentra la “doctrina Monroe” en su interpretación norteña: América para…los norteamericanos en toda la extensión posible; este articulista sigue mirando un poco más atrás en esa historia y no olvida la decisiva intervención del mundo anglosajón, primero, encabezada por la Gran Bretaña, de hoz y de coz, en los movimientos de emancipación de los antiguos virreinatos españoles (que no colonias) y, luego, por los EE.UU., que arrebataron a México una gran parte de su territorio, para proseguir con los asuntillos de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Verdaderamente, la historia es una gran maestra de la vida…
Y, también como español e hispano, repudio igualmente la supervivencia de ese neomarxismo llamado bolivariano a costa del sufrimiento y la miseria de los pueblos hermanos de América; sin necesidad de acudir a las noticias de las cadenas de TV, nos llegan testimonios estremecedores de quienes han podido escapar de aquellos lares. Una brutal dialéctica, llamémosla de izquierda y derecha, o de Estados tiránicos y de neocapitalismo liberal, sigue imperando en aquellas naciones.
Muchos han sido los recursos que los “vecinos del Norte” han empleado para sojuzgar a las naciones hispanas: desde la exportación y proliferación de sectas con el fin de atajar o atenuar el influjo del Catolicismo que llevaron los misioneros españoles, hasta la colocación de dictadores de quita y pon, ya aliados, ya enemigos, al frente de los pueblos. Tampoco ese neomarxismo se ha quedado corto, y uno de sus instrumentos preferidos, además de las guerrillas, ha sido la siembra de indigenismos, que van socavando la muchas veces incierta unidad de los Estados, considerados en algunos casos como fallidos.
Recordamos las palabras de Rubén Darío: “Al norte hay un pueblo alegre, al sur veinte pueblos tristes”; el canto rubeniano es, como toda su mejor poesía, una apuesta por la Hispanidad, ese sueño que una vez fue realidad y que muchos, de acá y de allá, mantenemos, con la convicción de que el mundo no es un universo, sino un pluriverso, en palabras de Alberto Buela.
Desearíamos por ello los soñadores que, al mismo tiempo que España, esas naciones hermanas pudieran disfrutar, de una vez por todas, de patria, pan y justicia; y, si es posible, además de unidad entre ellas, al constituirse (Buela de nuevo) en una “ecúmene” con sus rasgos distintivos propios, que son el mestizaje, la lengua, la Fe, la cultura…y un proyecto sugestivo ante los demás bloques.
No nos posicionemos, pues, de un modo tajante, en este conflicto amenizado por los respectivos bailes. Y también sabemos que las palabras mágicas suelen quedar, sencillamente, en paradojas en su realidad; claro que deseamos la democracia para esas naciones, pero habría que precisar qué tipo de democracia y qué se esconde tras las gruesas afirmaciones en ese sentido; acaso convendría echar mano de viejos conceptos arrumbados, como la democracia mixta (Eduardo Adsuara), o acordarnos de la democracia social y la democracia económica, sin las cuales la democracia liberal sigue siendo un bluf. Y ni Trump ni Maduro coinciden con esas evocaciones, que algunos mantenemos, además, como inspiración y como aspiración para un futuro mejor.
El mundo entero está, lo sabemos, tensionado (¿y cuándo no lo ha estado?); Hispanoamérica participa de esa tensión y de la división consiguiente; al igual que España, hoy hermana patria más que madre patria de aquella. Mal podemos aconsejar, colectivamente, para superar esa escisión, pero acaso sí podemos hacerlo a título individual, desde nuestros ensueños o desde los firmes valores arraigados en la conciencia.
Van a proseguir esos bailes, con toda la publicidad posible; y las bravatas y acusaciones mutuas; y ojalá los pasos de los danzarines no sean sustituidos por el bronzo paso de los ejércitos en pugna.
Y, en vísperas de a Navidad (que es mucho más que la “magia” que viene de los renos y los elfos del Polo Norte), invocamos el saludo de los ángeles a los pobres pastores de Belén: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombre que aman al Señor…Aunque otra traducción preconciliar rezaba a los hombres de buena voluntad. Aunque, bien mirado, quiere decir lo mismo.