
Laureano Benítez Grande-Caballero Aquí vienen ya, calle arriba, calle abajo, okupando las plazas, invadiendo rotondas, rodando una vez más escenas de su particular película «Novecento». Vienen con su Hamelin al frente, voceando estridente y perrofláutikamente para arengar y lobotomizar a sus rebaños de zombies, a los que previamente han repartido chupetes y consignas masticables sobre tramas y siniestras logias que conspiran para destruir la democracia en España y arrebatar los derechos a la «gente».
Carlos Romo Rubio. Según el último barómetro del CIS, las preocupaciones principales de los españoles son el paro, la corrupción y las cuestiones de índole económica. Esta clasificación no tiene nada de sorprendente a la vista de las vergonzosas tasas de paro, de la podredumbre del Sistema que beneficia sólo a una casta ladrona frente a un pueblo que sufre y de la falta de perspectivas ilusionantes. Que la calidad de nuestra (presunta) democracia es equivalente a la fiabilidad de una escopeta de feria es indudable. Que la objetividad e imparcialidad de la inmensa mayoría de los medios de comunicación nacionales es tan inexistente como las iglesias en Arabia Saudí, también.
Enrique Parra Valenzuela. Desde 1939 hasta hoy, han sido impulsadas dos formas de hacer memoria histórica. La de Franco, era la memoria de la reconciliación y de la paz. La de nuestros días es la de la condena y eliminación de cualquier vestigio de aquel régimen. El espíritu de reconciliación y de paz del franquismo condujo a la aplicación de una política penitenciaria de máxima indulgencia. Las cadenas perpetuas quedaban, en su gran mayoría, en un cumplimiento total de 6 años. Con la redención de penas por el trabajo se conseguía reducir de dos a cinco días de prisión por cada día trabajado y los que la elegían cobraban el jornal completo que era trasladado a la mujer y a los hijos. También la instrucción religiosa reportaba beneficios a los presos.
Manuel Parra Celaya. Reconozco que no he visto aún Zona hostil, dirigida por Adolfo Martínez y protagonizada por Ariadna Gil y Raúl Mérida, que, como saben ustedes, narra un hecho bélico ocurrido en 2012 y en el que soldados españoles lograron evacuar a dos estadounidenses y rescatar un helicóptero, haciendo frente al enemigo con un par, como diría Pérez-Reverte. Ocurre que, antes de ir al cine prefiero asesorarme acerca de la película (y, sobre todo, si es de factura nacional, y perdonen la manera de señalar), para evitar que me vendan mensajes de contrabando, ya que me han asegurado que tomarse berrinches va mal para la salud y hace envejecer más pronto. En el caso de Zona hostil, todos los comentarios que he escuchado son elogiosos, de forma que me he prometido a mí mismo verla y, si procede, aplaudir al final, como hice en su momento con Alatriste.
Francisco Torres García.- No sería exagerado afirmar que la "memoria histórica" no es más que un "gran engaño", una maniobra de viejo cuño propia del comunismo desde los años treinta. Un "gran engaño" surgido de la mano de unas asociaciones pantalla aparentemente neutras, pero vinculadas a la izquierda extrema o no tanto (si se rastrea el origen de muchas de las asociaciones se acaba invariablemente en Izquierda Unida), apoyada por un conjunto de historiadores con patente de corso para convertir las consignas en aparente "historia académica" -vitola que se autoimponen para así intentar invalidar cualquier otra investigación esquivando el debate-, casi todos ellos discípulos directos o indirectos de aquel gran manipulador llamando Tuñón de Lara (llegó a escribir que las derechas incendiaron los templos para echarle la culpa a los republicanos).
Luis Losada Pescador Mientras Pablo Iglesias se felicita por haber logrado que el Congreso apruebe una ley que prohíbe cortar el rabo a los perros, Errejón ‘vende’ el ‘éxito’ de los estibadores. Cada uno coloca las prioridades donde quiere. La estiba se ha convertido en un símbolo de España. Una reforma de sentido común no es posible porque los trabajadores privilegiados amenazan con el fin del mundo. Lógica amenaza y lógico entusiasmo al doblar el brazo al Congreso. Más extraña resulta la alegría de la izquierda política y sindical. ¿Qué tendrán que ver los privilegios de unos pocos con la lucha por la Justicia social?
Historia solo hay una, lo que existen son distintas maneras de narrarla, de contar lo sucedido. Se sabe que la ignorancia es osada, pero además puede ser peligrosa. Cuando un ignorante desea aparentar lo que no es, se inventa datos y cifras y se los inventa con tal seguridad que pueden llegar a ser creíbles. Pero más peligroso que un ignorante osado, es aquel que miente a sabiendas de que lo hace. Aquí la maldad, la tergiversación y la mentira tienen una finalidad. Distorsionar la realidad para darle apariencia de veracidad.
Fidel García Martínez La propuesta del político preferido por algunos clérigos y algún que otro miembro de la jerarquía eclesial, Pablo Iglesias, es un claro brindis al sol del sectarismo y la demagogia. La fiebre iconoclasta de cierta izquierda populista solamente contra los sentimientos y prácticas de los católicos es un tic bolchevique de los años posteriores a la Revolución de Octubre de 1917, de los que se cumplen un siglo.
Edu Morato/ Abogado / Presidente de pasionxespaña.es El Ministerio de la Verdad es esa institución orweliana de la novela “1984”, donde “la realidad” del pasado, presente y futuro se crea a partir del lenguaje, la neolingua, ocurrente, pero hecha por listillos para estúpidos que duermen en esa suerte de Matrix. Hoy, en Europa, y particulamente en España, lugar devastado por el totalitarismo patritocrático, los “ministerios” orwelianos cobran capital importancia, en tanto nada es lo que parece, sino, justamente, lo contrario.
Rafael Nieto, director de Sencillamente Radio, en Radio Inter. Han pasado 13 años ya, y no hay ni rastro de la verdad sobre los atentados del 11 de marzo de 2004. Hubo un juicio en falso con un resultado que nadie se cree, con unos culpables que sólo lo son un poquito, como colaboradores necesarios, pero nadie conoce al cerebro de la masacre porque, sencillamente, hemos renunciado a conocerlo. Se ha dado carpetazo al asunto, los restos de los trenes fueron enviados al chatarrero, aquí paz y después Gloria.