¡Sonría, por favor!
Ana M. Baldán. Hace años se puso de moda este slogan y creo que fue bastante bien aceptado por el público. Estamos malhumorados, tristes, desilusionados.
Las cosas que suceden a nuestro alrededor pública y privadamente nos agobian. Podemos hacer, pero nos declaramos vencidos antes de empezar… Quizá nos falte la ilusión, algo que nunca debimos perder por muy fuertes que fueran los vientos.
Empezar de nuevo por cosas pequeñas es una buena receta… Y una sonrisa no cuesta mucho al que la da, pero sí significa mucho para el que la recibe.
Así que… ¡Sonría por favor!















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


