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Diario YA

En el Teatro de la Zarzuela en colaboración con la Fundación Juan March

“Mozart y Salieri”, una nueva obra del teatro musical de cámara


Luis de Haro Serrano


Con este título de Nicolai Rimski-Korsakov, basado en la obra teatral homónima de Alexander Pushkin, el Teatro Nacional de la Zarzuela y la Fundación Juan March presentan un nuevo espectáculo enclavado en la serie conocida como Teatro Musical de Cámara.

Un título poco frecuente realizado en un acto y dos escenas estrenado en el Teatro Solodovnikov de Moscú el 7 de diciembre de 1898, que contó con un preestreno realizado el año anterior, 1897, con carácter netamente privado, en el que la interpretación a piano corrió a cargo del propio Sergei Rachmaninov.

Este “Mozart y Salieri”, a pesar de su versión en Teatro Musical Cámara, cuenta con un contenido dramático profundo y un delicioso interés vocal, unido a un trasfondo sicológico cuya trama oculta, según la directora de escena, Rita Cosentino, es el desarrollo del sentimiento de la envidia el que mueve el hilo de su acción.

Como recuerda Rita, Pushkin bautizó en principio su obra con el título “La envidia”. En ella el autor construye su relato basándose en ese sentimiento que atormentaba a otro gran compositor, Salieri, respecto a Mozart, dotado de un genio y una espontaneidad inalcanzables para él, pero que este consiguía trasladar con pasmosa habilidad y brillantez a cualquiera de las composiciones que con tanta facilidad realizaba.

Los aficionados que, como es natural, recordarán al “Amadeus” de Milos Forman (1984), deben pasar de soslayo por ella dado que esta producción de “Mozart y Salieri ” se centra más en la leyenda que acusa a Antonio Salieri de haber asesinado a Mozart. Un hecho suficientemente desmentido por la historia de la musicología y que, afortunadamente, hoy ha perdido toda vigencia porque la realidad es que Salieri fue un compositor italiano de gran prestigio asentado en Viena que brilló como compositor, capellmaster y profesor de compositores como Beethoven, Liszt y Schubert encontrándose entre sus óperas títulos tan interesantes como “La vestale”, “El talismán”, Semiramide, “Rico por un día” o “Palmira”, reina de Persia”.

Con este título la Fundación Juan March afronta su séptima edición del formato del Teatro Musical de Cámara que inició en 2014 al que el Teatro Nacional de la Zarzuela se sumó un año después, habiéndose podido realizar gracias a ello cinco nuevas coproducciones como”Fotochines ”, de Conrado del Campo, “Los dos ciegos”, de Francisco Barbieri, “la trilogía de tonadillas” de Blas de la Serna, el programa doble “El Pelele” de Julio Gómez y “ Mavra” de Igor Stravinski, así como “Le cinesí”, una ópera de salón con caracteres chinos en un acto con música del compositor español Manuel García sobre libreto de Pietro Metastasio.

El Teatro Musical de Cámara tiene como vocación recuperar para el público actual, títulos pertenecientes a géneros de especial relevancia para la historia del teatro musical y para la propia cultura que por su sencillez no tienen cabida en un escenario de gran formato.

 

El equipo artístico

La vieja idea de que “la unión hace la fuerza” ha cobrado plenamente cuerpo en esta coproducción, que ha permitido conocer y disfrutar al aficionado al género lírico de esta interesante obra de Rimski Körsakov basada en un discreto libreto de Pushkin al que le va mejor el inicial título de “la envidia” que este de “Mozart y Salieri”, dado que lo que en él se desarrolla fundamentalmente es el trasfondo de esa aberrante conducta, que con tanta eficacia y fuerza saca a flote el bajo Ivo Stánchev, tanto en el aspecto vocal como en el dramático. El resto del equipo artístico constituido por Borja Mariño como responsable de la dirección musical y la interpretación a piano, Rita Cosentino, directora de escena, Rafael Rivero y Antonio Bartolo, responsables respectivamente del movimiento escénico y la escenografía, Leticia Rodríguez Peña, al frente de la iluminación y el amplio grupo que ha trabajado en dar forma al expresivo vídeo; Celeste Carrasco, Juana Jiménez, Rita Cosentino, Yann-Loïc Lambert, Gabriel Skármeta, Susana Siscart y Fran León Velásquez, así como los demás intérpretes como el joven tenor Pablo García-López, que tuvo que adaptarse en pocos meses de trabajo a la declamación rusa para acometer con eficacia el papel del joven Mozart y todos los demás, que han contribuido al éxito de esta producción.

Es de justicia destacar, como final de este corto comentario, la gran labor que, desde hace tres años, las instituciones responsables de esta producción vienen realizando en este campo del Teatro Musical de Cámara, tradicionalmente excluido de los teatros líricos convencionales.