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Diario YA

Aisha como símbolo: La cobardía en Europa (y 2)

Carlos Romo Rubio. Lo que van a encontrar los musulmanes es un continente de viejos y, por tanto, abocado a no tener futuro. Un continente donde quince países en 2015 han tenido más defunciones que nacimientos. Y al mismo tiempo un continente donde el genocidio de niños en los vientres de sus madres es legal. No sólo legal, sino pagado por el Estado. Y un continente donde trece naciones han legalizado el gay-monio poniendo en el mismo plano de igualdad el matrimonio natural con semejante aberración. Y donde en países como Francia más del 50% de los niños nace fuera de familias estructuradas. Donde muchos niños conocerán a varios “padres” y “madres” al ritmo de los divorcios de sus progenitores.

Un continente donde el individualismo atroz ha desembocado en una enorme tragedia con millones de personas viviendo solas, a la imagen de Suecia con un 50% de adultos viviendo en soledad y donde el 25% de los fallecidos no tienen una familia que reclame el cuerpo y les entierre. Un continente donde se cuestiona hasta la identidad sexual de los niños explicándoles en las escuelas que el “género” se elige y que no se nace con él. Van a encontrar, por lo tanto, un continente desorientado. Una gallina sin cabeza que corre en todas direcciones sin saber dónde va. Una cáscara vacía. Una fruta de plástico que parece muy bonita por fuera pero sin ninguna sustancia por dentro. Un barco a la deriva: sin capitán, sin brújula, sin astrolabio, sin plan de navegación. Van a encontrar un hormiguero que ha sufrido la patada de un niño y donde las siempre ordenadas, trabajadoras, cooperadoras y solidarias hormigas no son más que individuos aislados que buscan salvarse cada una por su lado sin saber qué hacer ni dónde ir. Es un cuerpo sin defensas.

Enormemente debilitado. Sin ganas de lucha. Cobarde. Pero no sólo eso. Es que además dentro de ese cuerpo inerme hay un Caballo de Troya, ¡qué digo!, una quinta columna que desde dentro y sin provocar alerta alguna lo está devorando: es lo “políticamente correcto”. Esa terrible enfermedad es la síntesis perfecta del Relativismo y del Progresismo. Y esa dolencia avanza inexorable puesto que los agentes asesinos están dentro. No vienen de fuera. No son invasores. Es el diputado de nuestra circunscripción, la alcaldesa de nuestra ciudad, el director de tal o cual periódico, la presidenta de la asociación de vecinos…Son nuestros vecinos, ¿cómo sospechar de ellos con lo majos que son, con el favor que me han hecho colocándome al hijo ese que no quería estudiar o publicando la noticia de mi pueblo en lugar preferente?

Ellos no podrían querer nada malo. Y, sin embargo, lo están haciendo. Cuentan además con una Policía tan eficaz o más que el KGB o la Stasi en sus mejores tiempos. Esa Policía del pensamiento único que condena al exilio del silencio a cualquier discrepante. O a la muerte civil, aislándole socialmente como un apestado. Esa Policía disfrazada por ejemplo de “Comité de Derechos Humanos del Consejo de Europa” que ha elaborado un informe de 23 puntos que afectan a la legislación penal, la libertad de prensa, los informes sobre la criminalidad y las leyes LGTB. Algunos de los puntos “sugieren” a los medios de comunicación británicos que no hablen de religión, en especial la musulmana evidentemente, cuando ocurran casos de violencia o atentados. O sea, censura. Hacia lo que apunta este informe es un modelo como en los países escandinavos, en los que se oculta la identidad del autor de un delito para evitar casos de discriminación u ofensa hacia las minorías. La misma Policía censora que actúa contra el conocido escritor sueco Jan Lööf, cuyos libros han sido traducidos a numerosos idiomas. Uno de sus más conocidos es “Mi abuelo es pirata”, que escribió en 1966, y que también se vendió en España. ¿Su “delito”? Que en su libro ilustrado aparecen entre otros el pirata Omar y el vendedor ambulante Abdulah.

El propio autor ha relatado a los medios que ha sido informado por su editor que o vuelve a reescribir el libro y modifica las ilustraciones o la obra será retirada del mercado. Y fue amenazado con que también retirarían otros libros suyos. En la misma línea, en 2013, el también popular y premiado libro del danés Jakob Martin Strid, “El quiosco de Mustafá”, fue retirado del mercado sueco después de que le acusaran de “islamófobo”. La paradoja es que el autor escribió precisamente esta obra en 1998 cuando vivía en Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo como “una declaración contra el racismo”. Sólo en ese contexto se puede entender que los matrimonios infantiles y la poligamia que autoriza el Coran, sí ¡la poligamia y la pedofilia!, adquieran por la vía de los hechos consumados, carta de naturaleza.

En Holanda, Alemania, Dinamarca o Suecia hay cada vez más casos avalados por acción o por omisión por Tribunales y Autoridades. Que Cáritas tenga un cuidado exquisito para no dar ni un solo alimento con presencia de la mínima traza de cerdo a los musulmanes que vienen a España a los que, además, les paga luz, casa, campamentos de verano a los niños, etc., etc. Y ojito con confundirse porque la ira de Allah en forma de amenazas o quizá más caerá sobre ellos. Que Bruselas, la capital belga, fuera una de las primeras ciudades europeas en sustituir las vacaciones de Navidad y Semana Santa por vacaciones de invierno y primavera para no “ofender” a los musulmanes. Que en varios pueblos de España se haya suprimido la apelación fiesta de “moros y cristianos” para no “ofender” a los musulmanes y que también en nuestra patria se proponga y se obtenga que en banderas y pendones con varios siglos de existencia se quite la imagen del apóstol Santiago Matamoros.

Que en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de Londres, la Facultad más prestigiosa de Europa en estudios sobre Asia, África y Oriente Medio, el sindicato de estudiantes de la Universidad, por boca de su líder Ali Habid exija la retirada del currículo de los filósofos blancos (Aristóteles, Platón, Sócrates, Kant, Descartes entre otros) y que se enseñe en su lugar a pensadores de África y Asia. Que con la invasión de más de un millón de presuntos refugiados las autoridades noruegas obligaran a quitar las cruces de los centros de acogida cristianos y que en Suecia hubiera directrices en el mismo sentido. Europa se avergüenza de sí misma: de sus orígenes, de su cultura, de sus valores. La izquierda considera esa magnífica civilización como opresora y por lo tanto hay que acabar con ella. Enfrente hay la nada. La mal llamada derecha no es más que un cómplice, un tonto útil, de esa obra de demolición. El filósofo francés André Comte-Sponville que se define a sí mismo como “ateo no dogmático” declaraba recientemente: “el origen cristiano de Europa es una evidencia histórica.

Si Europa ignora sus raíces cristianas dejará de ser una civilización para ser sólo un mercado”. Y tiene razón: el Cristianismo es el único elemento unificador de países con recorridos históricos tan distintos como España, Irlanda, Hungría o Finlandia. Ni tan siquiera cabe afirmar que el Imperio Romano o la Grecia Clásica sean patrimonio común de Europa ya que tan sólo lo fueron de las naciones mediterráneas. Desde la coronación de Carlomagno como emperador por el Papa León III en la Navidad del año 800, bajo el nombre de "Imperio de Cristo", hasta el imperio de Carlos I de España y V de Alemania que, con toda justicia, ha merecido ser llamado Carlos de Europa, el ideal de Unión Europeo bajo designio cristiano guió a numerosos monarcas europeos.

Los monjes benedictinos fueron los que se encargaron de extender este ideal de Carlomagno de "europeidad cristiana" en los siglos IX, X, y XI; hasta que en el siglo XII florecieron por toda Europa las bellas catedrales, las ferias mercantiles, las primeras universidades, el humanismo articulado en torno al latín, la recuperación del derecho romano, las traducciones del corpus aristotélico, los tratados de ciencia árabe, la escolástica, etc... Y no nos dejemos engañar por los historiadores paniaguados que nos presentan la Edad Media en Europa como un período oscuro y siniestro por la perniciosa influencia del Catolicismo. ¿Por qué durante varios siglos, a partir del siglo XIII, sólo los europeos tenían gafas y relojes mecánicos? ¿Y después telescopios, microscopios y periscopios? El arte reflejado en las catedrales, en los frescos, la pintura o la escultura que floreció en aquella época fue inspirado y animado por la fe cristiana. La Edad Media fue una época de notable progreso e innovación científico, tecnológico y económico, entre las cuales está la invención del Capitalismo de indiscutible origen católico concretizado en la magna Escuela de Salamanca con figuras como Francisco de Vitoria, Juan de Mariana o Diego de Covarrubias.

Y ya en el s. XX, en una especie de postrer intento de devolver Europa a sus raíces, los padres fundadores de la nueva unidad europea (todos convencidos católicos: Jean Monnet, Robert Schuman -en proceso de beatificación-, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer) tomaron modelo de la corona cerrada de doce estrellas sobre la cabeza de María que se puede contemplar en los vitrales de la catedral de Estrasburgo -de increíble parecido con la que hoy luce la enseña-, y la llevaron a la bandera del Consejo de Europa, que hoy es también la bandera de Europa.

Cada vez que un atentado musulmán asola alguna nación europea, la castuza hace verdaderos malabares dialécticos para no llamar a las cosas por su nombre. Se dan toda la prisa del mundo para desvincular esas salvajadas del Coran que ha inspirado a los terroristas, nos dicen que Islam e islamistas no es lo mismo (?) y apelan una y otra vez como solución a esas masacres a la “unidad”, la “tolerancia”, el “diálogo” y la “democracia”. Los más osados se permiten apelar a los “valores democráticos” como valladar frente a los salvajes. Discursos vacíos. No hay nada detrás, como los decorados de cualquier “spaghetti western”.

Frente al mandato del Corán de combatir, someter y humillar al no musulmán, Jesucristo nos dijo: “Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Mas Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen” (Mt 5:43-44) En contraste con el mandato imperativo del Corán de practicar la Yihad, leemos en el Nuevo Testamento: “Entonces Pedro le dijo: “Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces?” Jesús le dijo: “no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18:21-22) Y sobre la igualdad del hombre y la mujer negada por el Corán, el Cristianismo es claro: “Con todo, en el Señor, el varón no es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. Pues como la mujer procede del varón, así también el varón nace por medio de la mujer; mas todas las cosas son de Dios”.(1 Cor 11:11-12) o también “Después dijo Dios: “hagamos al hombre a Nuestra imagen y semejanza”…Y creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó”. (Gén 1:26-27) Defender nuestro Ser, por supuesto sin violencia pero sin relativismos de ninguna clase y sin componendas porque “Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. (Ap 3:16).

Tolerancia no es en absoluto cobardía. Respeto no es en absoluto cesión. Defender nuestra identidad no es en absoluto racismo ni xenofobia. La Europa cristiana extendió la fe, los derechos humanos y el progreso material por todo el globo. Nuestro modo de vida se construyó enraizado en el Cristianismo y si los que vienen de fuera no están dispuestos a aceptar esos valores surgen los conflictos, simplemente porque sus valores son completamente opuestos a los nuestros y porque ellos tienen el mandato de Allah de imponerlos allá donde estén. Ni más ni menos Y repito una vez más: no se puede decir que los conflictos sean casos aislados provocados por iluminados. No.

En una encuesta realizada en Gran Bretaña el pasado verano, el 51% de los musulmanes británicos estaban a favor de poder elegir someterse a la jurisdicción de la sharia, el 20% respondió que la violencia estaba justificada para hacer de la sharia la ley en el país y otro 25% apoyaba la violencia contra aquellos que ofenden al Islam. En Francia en una encuesta similar realizada en diciembre, más de un tercio de musulmanes encuestados consideraban que la Sharia estaba por encima de las leyes francesas. Pero ¿por qué no dejamos hablar a los que nos pueden dar testimonio de lo que puede ser la convivencia con los musulmanes cuando son mayoritarios?: el año pasado Aciprensa entrevistó al sacerdote iraquí Behnam Benoka de la Diócesis siro-católica de Mosul.

En esa entrevista, el sacerdote advirtió a los europeos sobre la posibilidad de convertirse en un continente islámico en los próximos 20 años, por lo que exhortó a cuidar “bien vuestra casa, vuestra ciudad y vuestra cultura”. El P. Benoka recordó que “Irak era de mayoría cristiana. Ahora somos una pequeñísima minoría”. “También nosotros recibimos a otros en nuestra ciudad y casas. Hoy en día somos una pequeña minoría, considerada como nada. Hemos sido echados fuera. En la Constitución ni siquiera se nos tiene en cuenta”.

El P. Benoka señaló además que el Estado Islámico no es algo fuera de lo común, sino que “son musulmanes normales”. “¿Qué es el Daesh? ¿Qué es el ISIS? Muchos occidentales consideran al ISIS como yihadistas. ¡No! Ellos son gente común, que simplemente quieren imponer la ley de vivir según la ley islámica tal como esta es”, explicó. Terminó su entrevista diciendo: “Rezo por los cristianos de Europa, para que puedan defender su cultura y su identidad cristiana”. Europa agoniza. Frente a ese hecho, la solución no vendrá con nacionalismos egoístas y excluyentes como parece ser que apuntan los sondeos. La solución vendrá con una Europa unida. No una Europa egoísta, únicamente mercantilista, amorfa y sin alma sino una Europa de las patrias, fuerte y unida. Una Europa cristiana robustamente asentada en sus principios y valores. Los de verdad. Hoy más que nunca, cobra todo su sentido el llamamiento impresionante que en 1982, cuando su primera visita a España, el Papa S. Juan Pablo II, en el escenario incomparable de Compostela, lugar santo a donde los europeos de todas las naciones habían peregrinado desde hacía más de mil años lanzó al mundo: "Yo, sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del Cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: ¡Vuelve a encontrarte, sé tú misma, descubre tus orígenes, aviva tus raíces...!".

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