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Fallece el cooperante Vicente Ferrer a los 89 años tras medio siglo de misión

Al lado de los más pobres

Redacción Madrid. 19 de junio. Nunca nadie dejó a tantos niños huérfanos de padre y a un país tan afectado por la tristeza. Vicente Ferrer moría ayer por la noche acompañado por su mujer y sus tres hijos en el mismo lugar donde hace ya más de 50 años abría las puertas de la esperanza a una tierra desolada por la pobreza. Algunos han afirmado que era el "ángel de la India", otros una especie de ser divino capaz de ofrecer todo lo que tenía a cambio de nada.
 
El cooperante, con 89 años, abandonó ayer para siempre su misión, la emprendida en 1952, cuando como un simple misionero decidió visitar Bombay para completar su formación espiritual.
 
Una larga enfermedad pudo al final con la poderosa fuerza de Ferrer, que aunque en más de una ocasión desde hace meses se temió por su vida, parecía resistirse a abandonar su labor.
 
Ferrer deja a 135.000 niños huérfanos, el número exacto de bebés, niños y jóvenes apadrinados por la Fundación que honradamente lideraba.
 
Su legado, de todas formas, es amplio. Ferrer ya se ha materializado en las decenas de escuelas, hospitales, viviendas, caminos y un largo etcétera de aportaciones que ha dejado en las tierras en donde decidió dejar sudor y lágrimas, esfuerzo y compensación.
 
Vicente Ferrer nació en Barcelona (España) el 9 de abril de 1920. Durante su juventud, formó parte de la Compañía de Jesús con la ilusión de cumplir su mayor deseo y vocación: "ayudar a los demás". En 1952, cuando se adentra en Bombai, mantiene su primer contacto con la India. A partir de ese momento, dedicará el resto de su vida a trabajar para erradicar el sufrimiento de los más pobres de ese país.
 
Sin embargo, su labor también generó suspicacias entre los sectores dirigentes, que vieron en él una amenaza a sus intereses y consiguen una orden para expulsarle del país. Ante este hecho, más de 30.000 campesinos, secundados por intelectuales, políticos y líderes religiosos, se movilizaron en una marcha de 250 km para protestar por la orden de expulsión.
 
A pesar de todos los obstáculos, en 1969 Ferrer volvió a la India y se instaló en Anantapur (Andhra Pradesh), uno de los distritos más pobres del país, para continuar su lucha por los más desfavorecidos. Ese mismo año dejó la Compañía de Jesús y crea, junto a quien será su futura esposa unos meses más tarde - Anne Perry- la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur.
 
Sin embargo, durante los años 70 persiste el asedio, esta vez desde las autoridades de la región, que ven con recelo el trabajo de la Fundación, llegando incluso a intentar encarcelarlo.
 
Tras la denuncia de abuso de poder del que estaba siendo objeto, Ferrer consigue un fallo favorable que crea jurisprudencia.
 
Años más tarde, en 1996, crea la Fundación Vicente Ferrer en España para asegurar la continuidad económica de los proyectos en la India. Desde ese momento, lideró un proyecto que, hoy en día, continúa vivo gracias a un equipo de cerca de 1.900 personas y al apoyo de más de 139.000 colaboradores.
 
El sacerdote católico diocesano fundador de Mensajeros de la Paz, Angel García, un día en una de sus visitas a la India pronunció las siguientes palabras: "Vicente Ferrer no va a morir nunca. Le suban o no a los altares, a Vicente Ferrer, que fue un santo en vida, le espera la Gloria". Ferrer deja paso ahora a una nueva generación, liderada por sus hijos, para continuar su sempiterna labor en la India.
 
La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) lamentó el fallecimiento del que definió como un "defensor de los derechos humanos, firmemente comprometido con la erradicación de la pobreza en la India".
 

También lo hizo la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que informó que el presidente del Gobierno, José Bono, se trasladará a la India para asistir al funeral del cooperante. Por otro lado, el presidente del PP, Mariano Rajoy, elogió hoy el "trabajo solidario y abnegado a favor de los más necesitados" 

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