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Diario YA

Inevitable el paralelismo histórico

Ante el intento de quema de una Iglesia de Majadahonda

Editorial. El domingo doce de julio la iglesia de Santa Genoveva en Majadahonda sufrió lo que al parecer fue un intento de atentado incendiario. Varias botellas de gasolina se habían colocado en el techo del templo. Esto obligó a desalojar el templo durante la Santa Misa de las once y media de la mañana celebrándose la liturgia en la calle.

 Ante este sucedido, escasamente recogido por los medios de comunicación "domesticados", no puedo evitar rememorar cuándo y cómo comenzó la quema de iglesias y conventos en los años treinta del pasado siglo. Alfonso XIII, en la que fue la tercera apresurada huída de un Borbón de España, dejó depositado el poder, para evitar una efusión de sangre, en un comité revolucionario que reunía en su seno las principales tendencias "democráticas" enfrentadas con el trono desde 1930. No era el peligroso rojerío (Prieto, Largo Caballero y Fernando de los Ríos, los ministros socialistas) el que dominaba el cotarro. Ese comité revolucionario, convertido en Gobierno provisional de la República, lo presidía Alcalá-Zamora, como una garantía conservadora símbolo de continuidad burguesa. Esta misma función desempeñaba en el Gabinete Miguel Maura.

 Ese mismo Miguel Maura, ocupaba la cartera de Gobernación cuando la agitación anticlerical dio comienzo, el 11 de mayo de 1931. Maura, y su gobierno, prefirieron no darse por enterados del incendio de iglesias y conventos desencadenado. Con su pasividad, fueron cómplices del triple objetivo perseguido: amedrentar a la Iglesia, conservar la simpatía de la izquierda proletaria y masónica, y abrir camino a su propia obra de laicismo radical.

 En este nuevo siglo, vuelve a ser la derecha cobarde la que permanece impasible ante similares hechos, que concluyeron durante la guerra civil desencadenada del modo que obvio recordar. Y lo pruebo con dos ejemplos.

 "La Voz de Galicia" recogía en su edición del 18 de enero de 2003: "En las últimas semanas hubo incendios intencionados en cinco templos y en una rectoral de la provincia de Orense. El objetivo no es el robo, al aparecer calcinadas las tallas y los retablos." El otrora embajador de la España del Centinela de Occidente, Don Manuel Fraga, en su calidad de Señor de la Autonomía Galaica, no pareció prestar gran atención al asunto, quizás en un descuido propio de su edad. Excusa que no podía esgrimir en modo alguno su pupilo el entonces Presidente-Atleta Aznar, que a la sazón, gozaba de mayoría absoluta en la gobernación de lo que iba quedando de España.

 Más recientemente, el pasado 18 de octubre de 2008, y con motivo de las manifestaciones a favor de la vida que suscitó la presencia en Valencia del barco holandés que recoge mujeres y las lleva a aguas internacionales  para matar a los bebés que llevan en sus vientres, un grupo de feministas decidió salir también a la calle para contramanifestarse. Durante su protesta, distribuyeron cajas de fósforos con la imagen de una iglesia ardiendo en el anverso y el siguiente texto en el reverso: "la única iglesia que ilumina es la que arde ¡contribuya!".

 El suceso debió coger al Sr. Camps, Presidente del Reino, explicando a su sastre el lugar hacia el que carga, y a la Sra. Alcaldesa dedicada a la repostería, pues ninguno de los dos se mostró excesivamente enérgico ante el ataque.

 El domingo fue Majadahonda. Dios nos pille confesados.