Bélgica niega a Pedro
Sin embargo, la secularización y el relativismo moral que han invadido nuestra sociedad europea, también ha irrumpido en Bélgica. Las medidas que la cultura de la muerte consigue aprobar en el banco de experimentos que es Holanda, rápidamente consiguen ser aprobadas en Bélgica. La secularización de la sociedad belga ha conseguido provocar, que el omnipresente partido católico belga, trasvestido en democristiano, después de la Segunda Guerra Mundial, haya olvidado la herencia católica que lo unía. En la actualidad son dos partidos, uno para cada comunidad lingüística, aunque en esta ocasión han votado de forma unánime contra el Papa. Por el contrario, el elemento flamenco que por su práctica religiosa siempre había votado a la DC belga, y luego a la flamenca, se va desangrando a favor del Vlaams Belang, quien se ha quedado en solitario votando en contra de la ominosa moción.
El Vlaams Belang (interés flamenco) que tiene un 28 % de los votos, surgió en 1978. La atracción hacia sus siglas responde a las nuevas preferencias políticas de los belgas. El espectro social en el que se apoya es muy amplio y su electorado procede, casi, en similar porcentaje, de la derecha y de la izquierda. La clase media, obrera y la juventud en paro son los grupos que aportan el sostén social de estas nuevas formaciones políticas. No obstante, su aparición suele ser síntoma de la ausencia de comunicación de los partidos tradicionales con los votantes. La ausencia de claridad en los temas de seguridad, protección social, educación, política familiar, inmigración, plantean que los ciudadanos busquen su representación en nuevas formaciones que surgen de un mundo asociativo externo a la política. Además, estas formaciones populistas tienen la particularidad de poder reivindicar una democracia participativa mediante plebiscitos, para los problemas vitales de la sociedad.
Sin embargo, en esta ocasión, a los partidos tradicionales que les es imposible ponerse de acuerdo para formar gobierno, la han conseguido en contra del Papa. Menos mal que hace ochenta años, los pactos de Letrán salvaguardaron la independencia del Papa con la fundación del Estado Vaticano, se imaginan ustedes que hubiese pasado, si el Papa diese su opinión sin estar protegido por su condición de jefe de Estado. El parlamento belga no ha puesto en evidencia al Papa, con su moción ha mostrado de forma clara la carencia de identidad que sufre la sociedad belga. La crisis económica con su destrucción de miles de puestos de trabajo y la desorientación moral ha producido la necesidad de buscar una identidad. La definición de quienes somos, ayuda a marcar una línea que restituye la calma, al establecer una identidad propia con una opción clara por una comunidad homogénea. Esperemos que Bélgica recupere su identidad católica o desaparecerá a favor de sus comunidades diferenciadas.
















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


