Cabrera se justifica
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Redacción Madrid. 11 de marzo.
La ministra de Educación, Política Social y Deporte, Mercedes Cabrera, afirmó hoy, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso, que el apartado del RD sobre las Enseñanzas Mínimas del Bachillerato --que permite a los alumnos de primero con cuatro suspensos avanzar en materias de segundo--, que ha sido anulado por el Tribunal Supremo, tenía como objetivo "la permanencia de los jóvenes en el sistema educativo".
Así respondió Cabrera a la pregunta del portavoz de Educación del PP, Juan Antonio Gómez Trinidad, sobre el fracaso escolar, al que recordó que el Gobierno "va a acatar" la decisión del Alto Tribunal. No obstante, lamentó que los 'populares' "se alegren" del fallo porque, a su juicio, la reforma del bachillerato "trata de salir del paso para que los jóvenes continúen sus estudios".
Por su parte, Gómez Trinidad afirmó que la sentencia del TS hace frente a la política del "decretazo" del Gobierno, para añadir que la reforma del bachillerato "era manifiestamente ilegal" y el Supremo "ha evitado acabar en una debacle, a través del ciclo educativo más descafeinado de Europa".
Asimismo, recordó a Cabrera que "el 25 por ciento de los jóvenes no podrán acceder al trabajo por falta de cualificación" y que la tasa de paro juvenil "cabalga hacia el 40 por ciento". Por todo ello, acusó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de ser el "responsable" de esta situación y a la ministra de Educación de "cómplice".
















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


