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Diario YA

La auténtica Memoria Histórica

Desde 1939 hasta hoy, han sido impulsadas dos formas de hacer memoria histórica

Enrique Parra Valenzuela. Desde 1939 hasta hoy, han sido impulsadas dos formas de hacer memoria histórica. La de Franco, era la memoria de la reconciliación y de la paz. La de nuestros días es la de la condena y eliminación de cualquier vestigio de aquel régimen.

El espíritu de reconciliación y de paz del franquismo condujo a la aplicación de una política penitenciaria de máxima indulgencia. Las cadenas perpetuas quedaban, en su gran mayoría, en un cumplimiento total de 6 años. Con la redención de penas por el trabajo se conseguía reducir de dos a cinco días de prisión por cada día trabajado y los que la elegían cobraban el jornal completo que era trasladado a la mujer y a los hijos. También la instrucción religiosa reportaba beneficios a los presos.

Pero el verdadero símbolo de reconciliación de esa memoria histórica fue el Valle de los Caídos. En el decreto de creación de su Fundación se explica que «el mismo día de la Victoria (...) se dictó un Decreto disponiendo la erección de un magno monumento destinado a perpetuar la memoria de los Caídos en la Cruzada de Liberación, para honra de quienes dieron sus vidas por Dios y por la Patria y para ejemplo de las generaciones venideras». Y ahí mismo se especifica que informa el espíritu de esa fundación el «sentimiento de perdón que impone el mensaje evangélico».

Es un monumento impulsado por el deseo de reconciliación, perdón y paz. Objetivos que se lograron con creces durante aquel régimen.

Han pasado ya 78 años desde que terminó la Guerra Civil española y comenzó el franquismo. Pero su memoria sigue todavía viva. Desde el mismo proceso de la transición, se vienen retirando estatuas y símbolos del franquismo y, sobre todo, se viene realizando una tenaz campaña comunicativa con el objeto de orientar a la opinión pública contra aquél régimen. El zenit de este nuevo espíritu llegó con la Ley de Memoria Histórica, en la que expresamente se condenó el franquismo.

La ley está dirigida exclusivamente a la dignificación de los que formaron parte del bando de las izquierdas y separatistas, olvidando así a la media España que no se resignó a morir ante la persecución orquestada precisamente por esas fuerzas. En vez de impulsar un espíritu de reconciliación y perdón, promueve la persecución y eliminación de todo aquello que pueda ser representativo de aquel régimen. Los que leéis estas letras seguro que ya habéis reflexionado antes sobre esta distinción que trato de evocar pero voy a tratar de hacer una anotación económica sobre la cuestión, que quizá no sea tan conocida.

El Valle de los caídos costó 1.159.505.687,73 ptas que, al cambio, serían unos 7 millones de euros. Esto se pagó con el sobrante –tras la guerra- de las cantidades que miles de familias de la zona nacional habían donado para su empleo en la guerra y, en menor medida, por lo recaudado en el sorteo extraordinario de la lotería nacional que se celebraba todos los 5 de mayo desde 1953. Es decir, que no costó nada al erario público.

Además, el Valle de los caídos ha reportado a las arcas públicas una gran cantidad de dinero por las visitas turísticas recibidas. Para que nos hagamos una idea, durante el periodo de 19 meses que el Valle estuvo cerrado por orden de Rubalcaba, se dejaron de ingresar unos 3 millones de euros de las 600.000 personas que no pudieron visitar entonces el gran monumento.

Hoy, con las normas y comisiones de la nueva memoria histórica, se subvencionan desde todas las administraciones públicas y universidades infinidad de proyectos que comprenden una gran variedad de actividades: edición de libros, elaboración de bases de datos, exhumación de fosas comunes, homenajes, actos conmemorativos, placas, recopilación de testimonios orales y exposiciones. Es complicado calcular el valor total de esa variedad de subvenciones, pero sólo la Presidencia del Gobierno desde 2006 hasta 2012, concedió más de 25.500.000 euros para esas actividades. Por supuesto, de los Presupuestos Generales del Estado.

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