Home

Diario YA

Ecos pilaristas en la poesía española del Siglo de Oro

José Antonio Bielsa Arbiol. La Virgen del Pilar, en cuanto objeto de la devoción e inspiración de los poetas y magnánima atizadora del numen de éstos, ha sido asunto escasamente tratado por la historiografía literaria española. En este mínimo artículo nos proponemos revisar algunas de las aportaciones líricas más excelsas, rememorando una breve nómina de literatos pilaristas, para así revalorizar el concepto de este mini-género al que llamaremos, desde ahora, poesía pilarista.

El objeto de la poesía pilarista (se manifieste en un soneto o en una comedia dramática) no es otro que cantar las glorias de Santa María del Pilar. Por la trascendencia del asunto, éste no podía dejar indiferente a los poetas, mas tardó muchos siglos en configurar una tradición resuelta y continuada.

Precedentes capitales como PRUDENCIO y ALFONSO XI al margen, el primer autor que canta la Venida de la Virgen a Zaragoza es una poco conocida figura del siglo XV: el alcaide aragonés PEDRO MARCUELLO, autor de un Cancionero, estéticamente mediano, pero harto interesante en cuanto documento histórico; en él, el alcaide se dirige a la Virgen para pedirle que ayude a los Reyes Católicos en la reconquista de Granada.

    Pero los primeros grandes nombres de líricos pilaristas son sin duda los de los hermanos Argensola, lumbreras indiscutidas del Siglo de Oro literario aragonés: de LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA (1559-1613) todavía brillan con cierto esplendor sus célebres quintillas:

Antes que fuese la luna
digno asiento de los pies
de la sin mácula alguna,
cual hoy de su imagen lo es,
lo fué esta santa coluna.

La misma Virgen midió
con sus pies esta Capilla,
que el gran apóstol alzó,
y Ebro el primero que dió
agua al bautismo en su orilla.

Es símbolo de firmeza
la coluna, y quiso así
declarar la fortaleza
del pueblo que dejó aquí
por guarda de tal riqueza.

Este templo ha conservado
siempre el culto verdadero;
no el idólatra indignado,
ni el hereje astuto y fiero
lo han jamás prevaricado.

    Con menor fortuna pero impecable corrección, el P. BARTOLOMÉ LEONARDO DE ARGENSOLA (1562-1631) cantaría a la Virgen del Pilar aprovechando una distinguida coyuntura (las bodas de Felipe III), ofreciendo en consecuencia unos versos que los más avisados (como el P. Nazario Pérez S.J.) no han dudado en tildar de inspiración virgiliana:

Aquí, Virgen ilustre y valerosa
tienes tu carro, aquí tus armas tienes,
y tus altares son nuestras almenas,
donde llamada a nuestros votos vienes
a mirar cómo el alma en paz reposa
entre tus aras de cristianos llenas,
desde que vió felices las arenas,
por ser pisadas de tus vivas plantas,
el gran río que corre a poco espacio
de tu primer palacio.
¡Oh edificio divino! ¡Oh piedras santas!

    El notable orador franciscano e historiador del Pilar FRAY DIEGO DE MURILLO (1555-1616), quien hasta hace pocos años gozaba de una calle en Zaragoza (y que la nefanda ignorancia de la política actual no dudó en retirar), cantó también a la Santa Madre en poesía, dejando varias composiciones notables, entre ellas dos sonetos. Así y todo, su opúsculo más recordado es la Fundación milagrosa de la Capilla Angélica de la Virgen del Pilar, editado el año de su muerte y considerado, al decir de Guillermo Fatás, “el primer trabajo monográfico, por su importancia, de cuantos se habían escrito sobre el origen de la devoción pilarista en la España de la Edad Moderna”. Asimismo, el recuperado LUIS DIEZ DE AUX escribió una glosa (publicada en Zaragoza en 1593) contando la historia de la Virgen del Pilar. Otro historiador del Pilar, FRAY JERÓNIMO DE SAN JOSÉ, ha dejado una copiosa obra poética que permanece inédita o desaparecida.

    Llegamos al fin a la cumbre: el eximio LOPE DE VEGA (1562-1635), ese Himalaya sublime de las Letras Españolas, fue tan mariano y tan español como los mejores de nuestros poetas. Ordenado sacerdote a la edad de 52 años, su devoción a la Virgen del Pilar aparece de cuando en cuando en sus comedias (La Campana de Aragón, La Mayor desgracia de Carlos V, Los Palacios de Galiana, El capellán de la Virgen, San Ildefonso, etc.); en su poema épico La Almudena, Lope se expresa en estos términos contra los enemigos de la tradición:

Alábese Aragón de la excelencia
de aquel sacro Pilar, que en mil fortunas
la imagen sustentó de aquella esencia,
que temblaron del cielo las colunas;
sosiegue la verdad la diferencia
de plumas por severas importunas
que allí la trujo Diego, a quien hoy debe
España el polo en que su fe se mueve.

    No menos mariano que Lope, TIRSO DE MOLINA (1584-1648) dejó significados pasajes de exquisita elevación en su comedia La Dama del Olivar; he aquí un botón de muestra:

La imagen que España goza
a su Apóstol por lo menos
mostró sus ojos serenos
dando vida a Zaragoza
y renombre a su Pilar…

    En un rango mucho más modesto, la poesía pilarista no abdica. El P. AGUSTÍN MORETO, en colaboración con VILLAVICIOSA y MATOS, compuso una comedia de inspiración pilarista. JUAN NADAL o VICENTE SÁNCHEZ Y DE BONDÍA, fueron autores de composiciones pilaristas muy celebradas en su día. Los panegiristas de la Virgen, FRAY VALERO NAVARRO, FRAY ANTONIO IRIBARREN o FRAY ANDRÉS HORTIGAS, por citar algunos de ellos, degradarían la lírica en los terrenos de la declamación oratoria enfática y afectada. La nómina de nombres no termina aquí, pero pondremos punto y final para no rebasar el espacio que un artículo de esta naturaleza debe ocupar.
 

Etiquetas:José Antonio Bielsa Arbiol