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Diario YA


 

Editorial: "Cadena perpetua"

Imaginamos que a Zapatero y a todos los demócratas de carné se les habrá erizado el pelo de las orejas y se les habrá puesto la carne de gallina al contemplar a miles de fascistas por el centro de Madrid, pidiendo un referendum sobre la cadena perpetua. Ah, ¿pero no eran fascistas? ¡No!, ¡eran familiares y amigos de la pobre Marta del Castillo!, y unos cuantos puñados de ciudadanos que empiezan a estar hartos de las mentiras de consenso, de los discursitos de moda que siempre son comprensivos con el malo y perversos con la víctima. Hasta las narices, por no decir otro sitio.

Porque esa es otra de las cuestiones que han convertido este país en un lugar indeseable para vivir. No es casualidad que cada día haya más gente que se está pensando seriamente la posibilidad de largarse de aquí, cambiar su vida y ser habitante de Austria, de Suiza, de Liechstenstein, de un lugar lo más civilizado posible, de un sitio que no se parezca en nada a España. Aquí creemos que somos ciudadanos de primera porque respetamos mucho a los delincuentes y a los asesinos, y somos escrupulosos hasta el límite de lo absurdo con sus derechos. Pero ¿desde cuándo las sociedades más avanzadas han sido las que se han preocupado más de la escoria que de la gente de bien?, ¿cuándo han tenido las verdaderas potencias este tipo de remilgos estéticos?

Es falso, rotunda, completa y definitivamente falso que la cárcel tenga como objetivo reintegrar al sujeto en la sociedad; el porcentaje de presos que lo hacen es insignificante, ridículo. La prisión es básicamente un castigo, un espacio creado por la mente humana para mantener alejados de la gente normal a los asesinos, criminales, delincuentes, a todos aquellos que, en el ejercicio de su libertad, han decidido no aceptar la norma. Por tanto, la pena de prisión debe ser acorde a la gravedad del delito cometido, y en casos como el de Marta del Castillo, no cabe duda de que el autor de tan espantoso homicidio no debería volver a ver la luz del sol.

No cabe dar una segunda oportunidad a quien ha abusado de su fuerza física para truncar la vida de una chica de 17 años, golpeándola hasta la muerte con un cenicero. Alguien así no puede, no debe mezclarse con el resto de la Humanidad. Alguien así, en sus 20 años de vida, no ha comprendido que la vida humana es sagrada, que no es lícito ni ético levantar la mano contra el prójimo, que se pueden solucionar todos los problemas gracias al don exclusivo del lenguaje que Dios nos ha regalado. Alguien tan salvaje sólo puede estar entre rejas de por vida.

Pero bueno, ya sabemos que Zapatero, sus estúpidos ministros y la progresía reinante en la hemipléjica sociedad española dirán que no, que sólo hubo unos cuantos nostálgicos del antiguo régimen en la Plaza Mayor de Madrid, que incluso había algún viejete desdentado con una bandera preconstitucional, y que los españoles somos, en general, muy "maduros" y hemos comprendido que la democracia (sancta sanctorum de los caraduras contemporáneos) es un sistema que siempre da una segunda oportunidad. Incluso a cabestros y a desalmados.

Domingo, 22 de febrero de 2009.

Etiquetas:editorial