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Diario YA

El PP quiere suicidarse

Francisco Torres García.- El Partido Popular lleva demasiado tiempo instalado en la concepción del partido-empresa, del partido-explotación del voto y, a la vez, casi todos sus cargos, que son miles, anteponiendo a cualquier otra cuestión la erótica del poder. Su norte ha sido desde el azanarismo la demoscopia y el abandono de la ideología para utilizar el marketing de la gestión. El PP jamás, desde los tiempos de la refundación aznarista que cerró el tiempo de AP, ha pretendido, como hace la izquierda, modelar la sociedad en base a sus principios, ni tan siquiera expandirlos. Al contrario, el PP lo que ha hecho es asumir pausadamente esos principios. No defender sus principios sino asumir los del contrario pensando que así conquistaría votos en la izquierda haciéndose el simpático y no dándose cuenta de que estaba contribuyendo a entregar a parte de las nuevas generaciones que cada elección se incorporan al voto a la izquierda (para una parte de ellos el PP es un partido fascista y poco más). Hoy el PP hace también suyos los nuevos elementos identitario-ideológicos de la izquierda (memoria histórica, ideología de género, nuevo modelo territorial en base a una España ente administrativo...) y hasta los comportamientos de la izquierda (corrupción).

Al PP le quedaba su gestión, los números macroeconómicos, pero desde el punto de vista de la economía real la gestión no alcanza a cubrir el consumismo necesario que hoy existe, lo que convierte al ciudadano cuando es incapaz de cubrirlo a ser un paria social. Seguimos siendo un país con una deuda insoportable, un modelo de SS quebrado y un PIB desequilibrado; esclavos de las decisiones del BCE (que, por cierto, anuncia un cambio de duras repercusiones para España); con deterioro en los servicios...

La caída de Rajoy y de su posible lectura en clave de dejar que los socialistas implementen medidas que su electorado no toleraría (memoria histórica, acuerdo con los separatistas, laicismo...) ha hecho saltar todas las alarmas en el PP. Ante las elecciones municipales y autonómicas los gestos son de preocupación porque las encuestas dicen lo que dicen: que el PP perderá más poder territorial. La hoja de ruta del PP pasaba por mantenerse como el partido más votado y salvar los muebles con el apoyo-pacto con Ciudadanos; pero en no pocas encuestas se abre la posibilidad de que sea a la inversa. Su otro punto estratégico era restaurar mediante la cesión su vieja alianza con los nacionalistas (volverlos a blanquear como si no fueran separatistas), ya que el nacionalismo es conservador. Pero hasta en esto los planes se tuercen para quienes en la posición aspiran a ser “más españoles” porque Ciudadanos es más fiables para una parte de los antiguos votantes del PP. ¿Qué se puede esperar de un partido que tras comprar al PNV con el cupo mazo y una riada de millones, que se ha quedado con el dinero y dejado al PP,  solo es capaz en el Senado de “castigarlo” quitándoles poco más de 30?

El PP va camino del suicidio porque la salida de Rajoy no será otra que la continuidad disfrazada de renovación por los medios afines. Los barones quieren continuidad: “a ver si hay suerte, sacamos un voto más que Ciudadanos y continuamos en el poder 4 años más”. Lo mismo piensa el aparato que conforman los miles de cargos y asesores que pueden verse de patitas en la calle (y algunos llevan 20 años en eso). La continuidad, la blandura, la entrega, el no molestar y salir del tema catalán con un enjuague, tiene sus candidatos: Feijóo o Soraya. Son más de lo mismo y son la continuidad de Rajoy. Es más lo que quisieran es un tándem Feijóo/Soraya que mantenga al PP en la gestión y en la entrega ideológica (Feijóo es partidario de la asimetría de la nación de naciones). El problema es que el aparato es una cosa y las bases realmente militantes del PP, que son la derecha de toda la vida, otra. Y esa otra parte puede que de la espalda al PP de Feijóo o Soraya.

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