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El rey solo espera que esta vez le enseñen las cartas

Francisco Torres García. Comienza la ronda de consultas del Jefe del Estado para designar candidato a la presidencia del gobierno. Al menos en esta ocasión no parece que vayan a jugar com él a la táctica política y a utilizar las funciones del monarca en beneficio propio. No habrá espantada y Mariano Rajoy irá como candidato a la sesión de investidura. En la situación actual poco puede hacer el Jefe del Estado, salvo insistir en la idea de que es necesario el acuerdo, pero con cuidado, ante cada uno de los interlocutores. Lo que estoy seguro que Felipe VI espera es que los diferentes líderes le muestren sus cartas, porque lo fundamental ahora es llegar a saber quién está jugando de farol.

Mariano Rajoy, probablemente, conseguirá ser investido. No sé si ahora o en septiembre, con el apoyo de algunos o con la abstención de muchos. En realidad, ese es el menor de los problemas a los que se enfrenta el presidente del gobierno -lo de en funciones es una tontería-. Llegado el caso tampoco creo que le molestara mucho que los plazos se alargaran y tuviera que gobernar con unos presupuestos prorrogados, si con ello consigue eliminar o paliar el gran problema. Mariano necesita tiempo para negociar y estrés en los demás.

El problema es de simple matemática. Un gobierno del PP en minoría, sin acuerdos de legislatura con otras fuerzas, convierte al próximo ejecutivo en una letra con fecha de caducidad. Mariano Rajoy y su equipo asumen que el pacto con Ciudadanos es imposible, un pacto que le daría una enorme tranquilidad numérica. Pero, lo ha dicho Albert Rivera por activa y por pasiva: facilitará la investidura pero no formará parte del gobierno. No lo hará porque se trataría de una mayoría insuficiente, que tendría quizás una fecha de caducidad más larga, pero no quiere que el acoso a que el gobierno se va a ver sometido, impulsado por una nueva política de recortes o subidas impositivas para pagar la deuda europea, con lo que de desgaste conllevará si la izquierda recurre a la movilización de las "mareas", le arrastre. Sabe que ganará mucho más en la oposición y en la negociación. Es así de simple.

Asumiendo esa realidad, sabiendo que a ninguno interesa forzar unas nuevas elecciones, especialmente a un PSOE que necesita reconstruirse y ello solo es posible desde la oposición -ya ha quedado claro que Pedro Sánchez no lo va a intentar y es improbable que Pablo Iglesias se la juegue para fracturar al PSOE-, Rajoy prefiere buscar ese pacto de legislatura con lo que han sido los aliados habituales del centroderecha, los "amigos ideológicos" que pertenecen al mismo tronco, los nacionalistas de derechas, el PNV y Convergencia. Son evidentes los guiños que se están produciendo: las votaciones para la mesa del Congreso, más fondos para salvar Cataluña, el perdón para Artur Mas... Alianza factible, pese a la tentación a que se ve sometida la nueva Convergencia con las próximas autonómicas pendiendo sobre ella como espada de Damocles, pero también tiene el mismo reto que el PSOE tras el juego suicida de Artur Mas, necesita recuperar el peso en Cataluña que ahora tienen la CUP, Colau y ERC. Rajoy piensa que si logra ese pacto de legislatura, emulando a José María Aznar, conseguirá, al mismo tiempo, rebajar la amenaza independentista, con lo que podrá hacer el pacto digerible a su electorado -en realidad su electorado digiere cualquier cosa, especialmente si se mantiene el miedo a Podemos-. Con ese pacto los estrategas de Rajoy entienden que contarían con una mayoría suficiente para mantenerse con relativa tranquilidad, porque saben que en lo esencial, en los aspectos económicos, difícilmente Ciudadanos se posicionará en su contra haciendo pinza con el PSOE y PODEMOS, no en vano comparten las mismas recetas liberales. Es más, Rajoy tendrá la oportunidad perfecta para profundizar en la reducción de partidas sociales y de derechos laborales que se consideran caducos.

Cierto es que Albert Rivera amenaza con votar NO si se consuma el pacto con los nacionalistas, lo que provocaría, si el PSOE y PODEMOS hacen lo mismo, la convocatoria de nuevas elecciones. Pero ahí se asoma la soga para Pedro Sánchez. Él sería quien verdaderamente tendría en su mano la última palabra, pero sabe que ser el hombre que hizo presidente a Rajoy es un lastre de imprevisibles consecuencias. Por ello, desde filas socialistas se hace correr la idea de un acuerdo entre todos para diluir el pecado: que cada grupo permita la abstención o la ausencia de unos diputados para que Mariano sea presidente por mayoría simple. Pero ese es el cuento de la lechera. En el fondo todos saben que Mariano tiene todos los ases mientras que casi todos los demás juegan de farol.

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