Españoles por el mundo: Marruecos
Tomás Salinas García
Indefensión. Esa es la situación en la que cualquier ciudadano español se encuentra en Marruecos. Llegar a esta conclusión no se hace gratuitamente: la diplomacia española en lo concerniente al país “amigo” no está a la altura obligada. Somos los enemigos de Mohamed Vi y de sus fieles perros de presa con uniforme policial. El rey alauí conoce la debilidad de nuestro gobierno: nos tanteó en Melilla y vio que nuestra reacción se ajustaba a la de un ejecutivo cobarde y sin fuerza. Consiguió que sus camorristas triunfasen sobre los derechos de una ciudad española mientras que nuestro ministro agotaba sus vacaciones en Francia.
Tiene al gobierno socialista donde quiere: el dictador no desea intromisiones en su labor de exterminio del Sahara, y se va a aprovechar de la blanda y pasiva actitud de España para lograr su objetivo de controlar el territorio antaño colonia española y hogaño bajo la represión y el dominio autoritario de Marruecos. Pesca y fosfatos pesan mucho a nivel internacional, por lo visto.
No sé por qué el gobierno Zapatero teme tanto a Mohamed VI. No sé cómo el poder del Duce del Magreb ha conseguido poner el pie encima de España. No sé hasta cuándo se va a consentir la continua burla y menosprecio que hace de los españoles. Y no sé qué pintan Moratinos en exteriores y Zapatero en la presidencia del Estado si son incapaces el uno y el otro de defender los derechos de España y los españoles dentro y fuera del territorio nacional. Si ya es grave de por sí la cobardía cuando ésta se manifiesta en las cúpulas del gobierno, más grave es recrearse en ella, echarle las culpas al aire y no solucionar con firmeza y decisión los problemas, negando incluso la existencia de los mismos. Nos siguen tomando por tontos.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


