Expaña y el himno nacional
Juan Manuel Alesson. Curioso. Te ponen de vuelta y media en todas partes pero, en cambio, cuando quieres escuchar tu Himno Nacional como es debido -sin abucheos, etc...-, lo tienes que hacer en el estadio de Saint-Denis, en un partido de fútbol, con tus queridos amigos parisinos y su Marsellesa -¡que hay que ver cómo suena de bien ese Himno, siempre, y más aún, en Francia, y viendo cómo lo sienten los franceses!-. Y para colmo, entre acorde y acorde, recuerdas que el Gobierno de Sarkozy, recientemente, le ha puesto muy claro a la ciudadanía el concepto de identidad patria. Comparado con tu Expaña, ni esto -que durante siglos lo fue y lo significó prácticamente todo-, te queda ya. Si se te salta alguna lágrima es de puro cabreo.
En tu Expaña han tratado estos últimos años de hacer lo contrario. ¡Hasta reinventar la historia -interminable- que nunca fue!, por más que quiera ponerle el desquiciado que ahora gobierna. Y por si todavía quedan algunos que lo dudan, una reflexión: somos nosotros los que nos hemos equivocado, por la sencilla razón de que las cosas van aquí fatal, y a los otros parece que bastante mejor. Incluso tienen la generosidad de explicarnos lo que deberíamos hacer para salir del atolladero. Pero, al memo de Zapatero, todo esto le importa un bledo -ya sé que ustedes saben que yo sé que el pareado es de lo más barato pero, aún así, lo consigno por ser una verdad como un castillo. Todavía más fácil: comparen los porcentajes del paro.
Lo fácil sería decir que Expaña -incluso estando como está de mal- le metió dos a los franceses. Estoy seguro de que estos tipos lo han pensado. Por mí, como si les hubiera metido veintidos. Francia, por tradición, por concepto, por voluntad propia, es un pedazo de nación que tira de espaldas, con sólo asomar la nariz. Y los franceses -todos juntos, bretones, corsos, etc...-, la sienten como el resto de europeos puedan sentir la suya. Sólo aquí, en Expaña, vamos en sentido contrario. ¿No se acuerdan de aquello: "¡Hay que ver lo bien que desfila mi novio, que todos los demás llevan el paso cambiado!"?
Que nos den...


















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.



