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La tradición cuenta que la Virgen se les manifestó en sueños y por separado a cada uno y les indicó que, allá donde señalara, se erigiera un templo en su honor

Fiesta de la Virgen o Nuestra Señora de las Nieves

Pedro Sáez Martínez de Ubago. El 5 de agosto, fiesta de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, se celebra por todo el mundo la advocación mariana de la Virgen Blanca, conocida también como Nuestra Señora de las Nieves.

El origen de esta jornada, en que se entrelazan la historia y la leyenda, se remonta al siglo IV, más concretamente al reinado del Papa Liberio (352 – 366). Según el breviario, en aquel tiempo vivía en Roma una noble y rica familia cristiana, cuya fortuna era caritativa y generosamente empleada en dar limosna a los pobres sin que por ello se agotase. Por ello, el anciano matrimonio, Juan y su esposa cuyo nombre no ha sido transmitido, al carecer de descendencia, oraba solicitando de la Virgen María que les señalase qué debían hacer con sus bienes para garantizar el mejor uso cristiano de su herencia que fuera del agrado syo y de su santísimo Hijo. La tradición cuenta que la Virgen se les manifestó en sueños y por separado a cada uno y les indicó que, allá donde señalara, se erigiera un templo en su honor.

Esto ocurría en la noche del 4 al 5 de agosto, época que suele ser sumamente calurosa en Roma y en toda la costa mediterránea. Y, para determinar el emplazamiento elegido, la Madre de Dios les indicó que debían edificarlo sobre el Monte Esquilino y en aquella parte del mismo que amaneriera nevado.

Sorprendidos, los esposos decidieron acudir a exponer su visión al Papa Liberio. El Obispo de Roma había tenido también la misma revelación que ellos y, al contrastarlo, ordenó una solemne procesión en que se acudiría cantando himnos al Señor y su Madre hacia el lugar indicado. Y al llegar al mismo, con gran asombro, todos quedaron admirados al contemplar la maravilla de una gran superficie del Esquilino acotada por nieve fresca y blanquísima.

Allí todos prorrumpieron en cánticos de alegría y alabanza y, en el corazón de la Ciudad Eterna se comenzó la edificación de la basílica que se dedicaría cuatro años después bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves. Pero por azares de la fortuna, el templo desapareció no mucho tiempo después, y se reconstruyó por el Papa Sixto III en torno al año 434, siendo en la actualidad conocido, entre otros nombres por Basílica de Santa María la Mayor, Basílica Liberiana o Santa María del Pesebre.

No ostante el milagroso origen, la devoción a Nuestra Señora de las Nieves quedó reducida a Roma y su periferia hasta princiìos del añosiglo XI y la primera representación artística de la que se tiene constancia que representó el milagro se atribuye a un discípulo de Giotto conservada en la basílica actual.

Poco después, esta devoción se extendería por toda Europa y ya, a finales del siglo XVI, y principalmente en los siglos XVII y XVIII pasaría a la América evangelizada por obra de España.

La explicación de dicha expanción es sencilla: En los siglos XII y XIII corrían por toda Europa y, lógicamente más deprisa por lugares de paso frecuentes de juglares y clérigos, como pudieran ser el Camino de Santiago o las rutas a Tierra Santa una popular y extensa serie de obras sobre diferentes milagros de la Virgen. Entre ellas cabe destacar por su importancia y su influencia en autores hispanos como Gonzalo de Berceo (h.1195 – después de 1246) o Alfonso X, el Sabio (1221-1284), el “Speculum Historiale” de Vicente de Bauvais, la “Leyenda áurea” de Jacobo de Vorágine y las específicamente marianas “Les miracles de Notre-Dame de Roc-Amadour ” (anónimas) y, sobre todo, los “Miracle de la Sainte Vierge” de Gualtier de Coincy.

También, entre 1245 y 1274, se celebraron los dos concilios lugdunenses en una cristiandad revuelta por la pérdida los santos Lugares y la fe movía a numerosos peregrinos para visitar las únicas tumbas conocidas de apóstoles, san Pedro y san Pablo en Roma y Santiago de Compostela. Este tránsito de personas daba origen no sólo al comercio sino también a la expansión cultural y de las tradiciones piadosas, propagadas por libros de milagros o recopilaciones de homilías.

Y a raíz del descubrimiento y evangelización de America la devoción a Nuestra Señora de las Nieves se extendería por el Nuevo mundo de forma que lo mismo se celebra en Roma, que en Vitoria, Arcos de la Frontera o Argentina, donde la Virgen Nuestra Señora de las Nieves es la patrona de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, siendo su patrono San Martín de Tours, otro Santo de tradición Jacobea.. Las noticias más antiguas de su patronazgo se remontan a 1611, en que en Actas del Cabildo se establece que se celebre su fiesta. Las mismas Actas confirman que bajo esta advocación, María era protectora de Buenos Aires desde su fundación. Desde por lo menos 1672, la imagen se veneraba en la primitiva iglesia de los jesuitas.

Hablando de Buenos Aires, del Catolicismo y de la Compañía de Jesús, esta puede ser una buena ocasión para implorar de la Virgen Blanca o Nuestra Señora de la Nieves su intercesión por la persona y los designios del Papa Francisco felizmente reinante.

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