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Diario YA

Los que dicen que están en contra pero en realidad están a favor

Manuel Morillo. 2 de febrero. En España se produce un fenómeno paradójico: la existencia de amplias capas sociales que sostienen valores morales, sociales, políticos y nacionales y que sin embargo no tienen correspondencia en una representación política parlamentaria.

Millones de españoles mantienen unos principios fundamentados en el derecho natural, fruto de sus creencias católicas.

Entre esos principios destacan el valor de la vida, el de la familia, el de la justicia social, el de la solidaridad entre los españoles, etc...

Unos principios que sin embargo no solo no son defendidos sino atacados desde las  legislaciones de los parlamentos y  los actos administrativos de los gobiernos de las instituciones del Estado en todos sus ámbitos: central, autonómico y local.

Sin entrar en las incapacidades e incompetencias técnicas en el campo económico, administrativo,  en las corruptelas, etc.. de todos ellos. Solamente centrándonos en los actos que solo dependen de la voluntad política y legislativa, vemos que actúan todos los partidos del sistema actúan igual.

El gobierno central cambia, cambia la composición del Congreso y el Senado, incluso produciéndose mayorías absolutas opuestas, sin embargo sigue la ley del aborto, la legislación laboral esclavista, las leyes prosodomitas, la sumisión a los organismos internacionales, las LODES y las LOGSES (igual que no cambiará la EpC), etc...

Sea cual sea el color de la autonomía éstas desarrollan estatutos  que buscan "realidades nacionales", potencian los elementos diferenciadores entre los españoles, elaboran convenios con las clínicas abortistas,  pagan cambios de sexo, etc..

Los ayuntamientos de los partidos del sistema, con alcaldes socialistas o centroreformistas, se dedican a "casar" homosexuales,  usan los servicios sociales para distribuir píldoras del día después, subvencionar obras blasfemas y "desfiles del orgullo gay", etc...

Las posibles discrepancias entre esos partidos lo son por cuestiones secundarias o de poder, pero siempre coinciden en votar a favor de lo "Fundamental": la Constitución Europea, dar dinero de los contribyentes a los banqueros y, por supuesto, son unánimes en la votaciones para subir el sueldo de los parlamentarios, concejales, etc. 

Son como los actores de un drama, a veces de una ópera bufa, que realizan una representación y se pelean en el escenario, en este caso los parlamentos y los media, pero que cuando termina la sesión se van juntos porque todos son miembros de una compañía y a todos paga el mismo productor.

Con este panorama de continuo ataque a los valores tradicionales que ha configurado la civilización española por parte de los partidos del sistema, parece razonable pensar que las personas que están a favor de los mismos buscaran un partido que representara sus intereses.

Pero esos partidarios de los valores, inconsecuentemente con su forma de pensar siguen votando partidos que se burlan de ellos (de los valores y de los votantes).

¿Les engañan estos partidos?

Así podría ser en las primera elecciones, pero ¿en las siguientes? ¿después de ocupar el gobierno central? ¿depués de tener mayoria legislativa absoluta? ¿después de varias legislaturas continuas con en el gobierno de comunidades autonómicas que tienen todas las competencias en los temas que le afectan?

Esos votantes que dicen defender unos valores tienen en sus manos acabar con más del 97% de los abortos de muchas comunidades autónomas, tienen en sus manos acabar con el apoyo a los uranitas, de aumentar las ayudas a las familias, de apoyar una verdadera educación en libertad...

Y para ello no tienen más que romper su secuestro psicológico y dejar de obstinarse en apoyar a partidos que lo que hacen es consolidar, cuando no implantar, políticas y legislaciones que atacan su forma de pensar.

Si te engañan,  la primera vez la culpa es del que te engaña, pero si te engañan reiteradas veces los mismos  la culpa es del engañado, que no es sujeto pasivo del engaño sino activo por complicidad.

No hay nada que haga suponer que los votantes que dicen mantener los valores del humanismo cristiano son especialmente tontos. Por ello, quizá, haya que empezar  a pensar que esos votantes, a pesar de lo que dicen: que no quieren el aborto, la sodomía, la insolidaridad laboral y territorial, etc.. en realidad si lo quieren.

Y que por ello votan lo que votan en vez de buscar partidos alternativos. En su libertad está seguir haciéndolo.

Pero que no pretendan engañarnos y autoengañarse. Ellos, con su voto contumaz, son responsables y cómplices de que se maten cientos de miles de niños (p.e. en Madrid 26000 niños cada año) o se subvencionen obras que se titulan "me cago en Dios"... Porque su voto es el que ha llevado al poder a los políticos responsables.  

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