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Diario YA


 

Mañana sabremos qué va a ser de Galicia y qué del País Vasco

Rafael González. 1 de marzo.

Tal vez mañana, un día después de este domingo crucial, estemos en las mismas en lo que al País Vasco se refiere –porque los nacionalistas, después de todo, no hayan sido desplazados del poder-, y en cambio en Galicia, se vuelva a restablecer lo que nunca debió perderse; esto es, la mayoría absoluta con la que el Partido Popular, liderado por Manuel Fraga, había gobernado desde el año 1989. Pero en 2005, por un solo escaño, el PP perdió esa mayoría. Las elecciones, justo es decirlo, fueron el resultado de una movilización sin precedentes para votar en unas autonómicas, que en Galicia, como en otras comunidades españolas, no son las que más entusiasman al personal. Pero las izquierdas, y en especial la nacionalista del Bloque, supieron sensibilizar a la opinión y llevaron a las urnas a más del 68 por ciento del electorado.

Se inició entonces un periodo inédito en la Xunta, que tenía mucho de aventura política, y que desde su inicio despertó la desconfianza en la ya de por sí desconfiada sociedad gallega: la formación de un Gobierno de coalición del PSOE con el BNG. El tiempo le ha dado la razón a los desconfiados. La gestión del bipartito gallego ha defraudado a la mayoría, vote o no vote hoy al PP; pero que Pérez Touriño ha gobernado condicionado por las imposiciones de Anxo Quintana es algo que nadie niega y de lo que algunos, los del Bloque, se ufanan. Por ejemplo, en lo que se refiere a la imposición del gallego en la escuela y en lo que consideran avanzar en otros programas políticos, imposibles de conciliar con un proyecto común con la España constitucional, y mucho menos con la España real.

Una gestión así, en una sociedad templada y muy consciente de sus peculiaridades diferenciadas en el concierto de una España entrañablemente unida, tenía que chirriar por todas partes. Y al final de la campaña lo único que ha quedado claro de esa nefasta coalición es que el líder socialista Pérez Touriño es un despilfarrador de tomo y lomo y el líder del Bloque, Anxo Quintana, un cacique a la vieja usanza, que sabe disfrutar de los lujosos yates de los empresarios a los que beneficia con contratos millonarios, y tender encerronas a los jubilados para “castigarles” con un mitin nacionalista. 

Así, pues, parece ser que hoy, domingo uno de marzo –mañana lo sabremos con seguridad- puede ser un día grande para Galicia y para España. Vamos a ver si Núñez Feijo es capaz de lograr, no los 38 escaños de la mayoría absoluta, sino los 39, para que, con ese escaño de más, sirva de estímulo a España entera, con lo que se lograría, por una parte, dotar a Galicia de un gobierno serio, responsable y eficaz, implicado en el proyecto general de España, y de otra levantar la moral al único partido que, hoy por hoy, puede salvarnos de la destrucción material y moral a la que nos está llevando el Gobierno de Rodríguez Zapatero. (A la vez que se apaga algo el “fuego amigo”).

También en el País Vasco sería muy necesaria la alternancia política. Incluso más necesaria que en Galicia, porque en esta comunidad no se trata sólo de un cambio de Gobierno sino de un cambio de régimen en toda regla. Las cosas están aquí mucho más turbias. Pueden darse sorpresas, sobre todo si la respuesta del voto proetarra y de los nacionalismos radicales no consiguen evitar la deseable y posible mayoría parlamentaria de las fuerzas constitucionalistas; y si éstas, “iluminadas” al fin por un noble afán de liberar a ese pueblo de las garras del PNV, de ETA y de todo lo que en su torno gira, saben aprovechar el momento histórico.

Tal vez mañana, decía al principio, estemos en las mismas en lo que al País Vasco se refiere. Pero si al PSOE le queda algo de patriotismo, si todavía conserva algún sentimiento de servir a España mediante el ejercicio de la política, podrían ocurrir cosas prodigiosas. Podría ocurrir -si el PSOE se decide a formalizar un pacto de Estado con los partidos constitucionalistas, especialmente con el PP-, que la comunidad vasca se libre, ¡al fin!, de la amoralidad nacionalista en que está sumida; podría verse libre del terror que sufre ahora y de la falta de libertad que padece desde hace muchísimos años. Sí, no me duelen prenda proclamarlo: sería una noticia excelente para toda España que Patxi López se convierta en lehendakari de Euskadi y Antonio Basagoiti forme parte de su gobierno.

¿Demasiado bonito para que sea verdad? Bueno, no es que sea una solución ideal, pero bien sabemos por los escolásticos, que lo mejor es lo enemigo de lo bueno. Ahora de lo que se trata es de salir del pozo. Y del fango.

 

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