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Diario YA

El Obispo de Alcalá de Henares, preside la Santa Misa en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos

Monseñor Juan Antonio Reig Pla: "De nuevo en España vuelve a hacer su presencia el odio a la fe"

El Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, ha presidido, en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos, la Santa Misa con ocasión del LXXXII Aniversario del Martirio de 143 Beatos y de la Jornada Mundial de los Pobres instituida por el Santo Padre el Papa Francisco. La celebración ha tenido lugar el domingo 18 de noviembre a las 12 horas. Concelebraron superiores y representantes de las órdenes a las que pertenecen los religiosos y sacerdotes cuyos restos mortales descansan en este Camposanto. La iglesia del Cementerio quedó totalmente desbordada, por lo que gran número de fieles debieron seguir la celebración desde el exterior. Por su parte Mons. Reig en la homilía recordó a los presentes: «De nuevo en España vuelve a hacer su presencia el odio a la fe, la indiferencia religiosa y la persecución que pretende desterrar de nuevo la cruz y las huellas de tantos santos que han llenado de vigor el alma católica de nuestro pueblo. De nuevo, inspirándose en una cultura de muerte, se pretende hacer olvidar la soberanía amorosa de Dios Creador y Redentor, para afirmar la absoluta soberanía del hombre rompiendo sus vínculos con el propio cuerpo, con la familia, con la tradición y con Dios. Con esta cultura, que exalta al individuo y promueve una libertad perversa desvinculada de la verdad, se está generando un pensamiento único y totalitario que cristaliza en leyes inicuas que permiten la muerte de los inocentes en el inicio de la vida o en su etapa final y que destruyen la grandeza del matrimonio o el bien social de la familia.

En este mundo, en el que la palabra y el honor están perdiendo su significado, nosotros, como los mártires, hemos de confiar en Dios y hemos de sembrar nuestra tierra de la belleza de la fe y de la alegría de nuestra comunión con Dios y con los hermanos en la Iglesia. Como los testigos de la fe, cuyos cuerpos descansan en este Camposanto, somos conscientes de que con la humanidad de Jesucristo, el Verbo encarnado, la eternidad ha entrado en el tiempo. Por eso el cristianismo anuncia una novedad absoluta. No estamos solos. El Señor nos acompaña. Es más, estamos unidos a Él por el bautismo y, resucitado y glorioso, se hace presente en la Eucaristía que nos regala el cielo en la tierra. Esta misma celebración, en memoria de los mártires, no solo nos recuerda que somos para la eternidad, sino que nos regala la misma eternidad en el tiempo como pregustación de la gloria y del mismo cielo.»

Tras la Santa Misa se procedió a la exposición mayor del Santísimo Sacramento y a continuación tuvo lugar una Procesión Eucarística recorriendo las siete grandes fosas donde yacen los beatos mártires y demás víctimas.