Oponerse a las corridas de toros porque se les hace sufrir y no estarlo en contra del aborto
Josep Pauner Sal. Estoy en contra del sufrimiento innecesario de los animales, pero mucho más del de los humanos; por ello me parece una actitud, como mínimo poco coherente, oponerse a las corridas de toros porque se les hace sufrir y no estarlo en contra del aborto, en que también el feto humano sufre, y mucho, como se puede apreciar en las ecografías realizadas durante esa operación.
Y más ahora con la nueva ley, en que podrán ser destrozados los fetos hasta de veinticuatro semanas. Aunque también es posible que, para los que están en contra de las corridas de toros, el feto humano sea menos que un animal.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


