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Diario YA


 

Ante un anuncio televisivo

Profesionales del porno

Miguel Rivilla. Perplejidad no exenta de rechazo me ha producido oír varias veces en diversos programas televisivos a algunos tertulianos expresarse de este modo: “Todo el mundo merece un respeto, sea cual sea su trabajo,  y fulanit@ es un@ profesional del porno, como la copa de un pino”.

Confieso mi desconcierto y rechazo ante semejante aseveración. Lo hago con dos sencillas preguntas. ¿Es correcto, semántica y moralmente, denominar “profesión” a esta impúdica actividad?. ¿Merece  el respeto una persona que en público, no sólo no se respeta a sí misma, sino que tampoco respeta a los demás?.

Lo mismo que toda actividad o trabajo público, tiene sus límites de decencia, no siendo ético ni menos moral el traspasarlos- por pertenecer a  la privacidad  e intimidad de las personas- con mayor razón, a la pornografía no la juzgo una profesión.

En democracia no todo vale y no hay que confundir libertad con libertinaje.