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Diario YA

Sí estabais solos y vais a estar más solos

Francisco Torres García.- Tiempo habrá para hablar de lo que todos hoy comentan y del alcance de la conspiración prorepublicana. Los hechos casi implican un juicio y una opinión: el increíble diálogo ofrecido por un Rajoy que aún piensa que los puede comprar; el anuncio de la más que previsible declaración de independencia en el parlamento autonómico para abrir negociaciones con el gobierno para pactar los flecos del acuerdo; el papel fundamental de la CUP en la realización de la votación; la mezquindad de la señora Colau... Y, sobre todo, del hecho incontrovertible de que en Cataluña han votado, por más que Rajoy y todos sus lacayos anden con cara de póker -lo de Albiol es digno de una tragicomedia- intentando convencer a los suyos de que han cumplido con su promesa y no ha habido reférendum.

Ahora quiero resaltar algo que a buen seguro no ocupará mucho espacio en los análisis: la soledad de quienes en la calle, con uniforme o sin él, han querido defender la unidad de España. A pesar del gobierno, que pasó directamente del intento de prohibición al boicot, se han oído, aunque sin altavoces mediáticos -ese altavoz que todos los medios dan con condescendencia y publicidad a los separatistas-, esos gritos de “¡No estáis solos!”, como muestra de apoyo a las fuerzas de Policía Nacional y Guardia Civil enviadas a Cataluña no se sabe muy bien a qué. Ese grito, repetido por los miles de manifestantes que en Barcelona salieron a la calle con banderas de España en la tarde del 30 de septiembre cuando se encontraban con las fuerzas de la Policía Nacional o la Guardia Civil: ¡No estáis solos!

La realidad es que al final todos han estado solos, muy solos. Solos los manifestantes, que se encontraron con el boicot del PP, siguiendo a su gobierno en una táctica suicida para España -pero atención que al final también pasará factura al PP-, a las concentraciones del día 30 por la unidad de España; algo de lo que somos conscientes y tenemos constancia todos los que nos movemos en los ámbitos mediático-políticos (hasta tal punto que el 30 de septiembre debería ser declarado como el día del PP desaparecido). Solos, y utilizados para propaganda de consumo interno los miembros de las fuerzas de seguridad.

Quien esto escribe lo había reiterado una y otra vez: el 1 de octubre habría mesas y se votaría. Como se votó, tras pacto final del gobierno con los separatistas, en la no-consulta anterior (¿qué esperaban con tal antecedente?). Ya estamos acostumbrados a las trampas semánticas del PP, utilizadas para que parte de su electorado se autoengañe o se autojustifique. De las pomposas declaraciones de Rajoy, Montoro, Soraya, Zoido -¡qué jeta en el día electoral!- o Albiol de que no habría urnas (¡qué frustración para todos aquellos que hoy se sienten engañados y salieron a la calle a gritar a los separatistas “no vais a votar”!), hemos pasado al eufemismo de que “no ha habido referéndum”, difundido en la tarde noche electoral, a la más elaborada excusa de sus terminales mediáticas de que en Cataluña lo que ha habido es una movilización callejera del separatismo, para arropar la declaración unilateral de independencia y que así lo tenían planeado -¡asombroso descubrimiento!-.

Lo que ha sucedido estaba escrito, pero el gobierno nos toma por tontos. Ellos sabían, porque tenían la obligación de saber, que los Mozos de Escuadra no iban a obedecer y que, por tanto, el operativo policial para evitar la votación estaba herido de muerte. Ellos sabían, porque tenían la obligación de saber, que las urnas y las papeletas habían sido distribuidas a ojos vista, pero el gobierno quería la foto y el vídeo de unas cuantas intervenciones de las fuerzas de seguridad incautando urnas y papeletas con las que contentar a parte de su electorado y ganar votos para una próximas elecciones. Ellos sabían, porque tenían la obligación de saber, que no basta con cortar los cables y llevarse el ordenador y que la Generalidad, que lo tenía todo preparado y bien preparado mientras Zoido improvisaba (¿qué hace que no ha presentado su dimisión?), tendría previsto un sistema alternativo en el mundo 4G. Ellos sabían, porque tenían la obligación de saber, que cerrar los colegios e impedir una votación apoyada por una movilización anunciada con escudos humanos, con la gente acampada en los colegios, era misión imposible dados los efectivos y la deserción de los Mozos, pues la única posibilidad era haberlos desalojado antes y/o impermeabilizar la entrada (¿por qué no se hizo?).

A pesar de todo, según mi criterio con la única intención de tener la foto con que contentar a su electorado, el gobierno del PP envió a los policías y guardias civiles a una trampa de imprevisibles consecuencias, para ser derrotados y retirados a las primeras de cambio. Nadie en su sano juicio podía pensar que no hubiera incidentes, pero menos aún que alguna de las “cargas” fueran realizadas para poder retirarse acosados por los manifestantes y también por las órdenes. No era el objetivo quitar las urnas, porque de hecho dejaron de retirarse y la votación siguió realizándose con normalidad mientras que aparecían “heridos” a mansalva para edificar el mito de la “brutal represión”. Algo más de una treintena de colegios como máximo cerrados parcialmente y poco más. A eso se envió a la Policía y a la Guardia Civil, desarmadas física y moralmente, cuando se ordenó a los Mozos que no cumplieran con su obligación.

Sí, han estado solos, como a tantos españoles de Cataluña los han dejado solos una y otra vez. Ahora van a estar más solos, porque sobre ellos han recaído las críticas, sobre ellos se ha lanzado la conjunción izquierdista separatista (vomitivas las palabras y las acciones de la señora Colau) sin que su defensa vaya más allá de las excusas de Rajoy.

También solos quedan los españoles de Cataluña, los que todos los días sufren el acoso separatista, los grabados y fotografiados cuando acuden a una manifestación con la bandera de España, las víctimas de la estrategia suicida practicada durante años de comprar con dinero y privilegios al “separatismo moderado”. Solos dejaron a los españoles que han peleado para conseguir una educación en español para sus hijos lejos de la inmersión lingüístico-separatista mientras todos los gobiernos han mirado para otro lado; a los catalanes que aman y sienten España que rotulaban sus comercios en español... y ahora han dejado solos a los que esperaban que el gobierno defendiera una cada vez más inútil legalidad constitucional en un territorio en el que hace mucho tiempo que las decisiones judiciales dejaron de aplicarse.

Se ha dicho, para avalar un diálogo o un pacto, que el gobierno del PP ha sido el mayor fabricante de separatistas, de independentistas, de la historia; algo de razón tienen, pero no por su pretendida “represión” sino por su colaboración, por haber abdicado de su obligación de defender, difundir y promocionar la idea de España -pero qué puede esperarse de quienes defienden la continuidad de España en clave de perjuicio económico o de pertenencia a la UE-; por haber entregado la educación a los separatistas para que manipulen a los niños, tal y como todos hemos podido ver antes y después de la para Rajoy y su gobierno inexistente votación.

Y lo peor no es que tanto las fuerzas de seguridad como los catalanes que aman España tengan la sensación de que sí han estado solos, sino que llegado el caso de que el “proces”, el delito, continúe van a estar muy solos cuando llegue el momento de ese diálogo que Rajoy ofreció y que la izquierda está deseando, o cuado los chicos buenos de la CUP salgan a la calle en los próximos días y vuelvan a mandar a la Policía Nacional o a la Guardia Civil, a esos agentes que están echando de los hoteles, a sacar las castañas del fuego al inquilino de La Moncloa para que pueda sacar pecho ante sus votantes y le hagan la próxima, inminente y anunciada campaña electoral ante sus cabreados votantes y exvotantes si los demás no le dejan el chupete.

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