Señores de la vida y de la muerte
José María Ramón. El gobierno español, erigido en Consejo de Sabios, como señores de la vida y de la muerte, ha tomado una decisión solemne: afirmar con toda la lucidez de su supertalento, que existe el derecho a matar un ser humano, con una sola condición: que esté en el seno de su madre. Basta un ligero cálculo de días , y a correr. En definitiva, reconoce el derecho al homicidio.¿Qué respondería una nazi sobre el holocausto?
Tenía el derecho a matar porque eran judíos. ¿Y qué diría el fundamentalista? Tiene el derecho a matar porque su ideología se lo manda o su razón política. Y el homicida común –nativo o extranjero- también argumentaría su derecho a asesinar, porque necesita dinero para sus gastos y no lo tiene, o se concibe superhombre, o quiere “hacer fortuna” para regresar rico a su tierra de origen. Todos se ven a sí mismos facultados para suprimir un ser humano. Todos poseen buenas razones. Su conciencia no les reprueba, y si les acusa, la estrangulan. Ante esta irracionalidad viviente, grito ¡Viva la vida humana!
Cuando se concibe, palpita dos semanas o cinco o siete o 12 o 24… o 9 meses en el seno de su madre. Y bendito el día en que le dijeron a nuestro padre ¡ vas a tener un hijo! Por eso le decimos, ahora a nuestra madre ¡Bendito el día que me trajiste al mundo!. Lo demás son palabras manchadas de sangre.
















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


