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Todos los martes, en DiarioYa.es, José Luis Orella

Polonia, ¿reserva moral de Occidente?

Polonia significa en el resto de la Unión Europea, la defensa de la soberanía moral frente al relativismo laicista que impregna las instituciones europeas. Desde el 2005, el presidente Lech Kaczynski y su hermano gemelo, como primer ministro, Jaroslaw Kaczynski, lideraron una coalición de formaciones católicas. La derecha polaca estuvo por última vez en el poder en 1997, habiendo gobernado anteriormente en los años 1990-1993. Durante este período, la derecha se desintegró. En el 2001, los gemelos fundaron su propio partido, Derecho y Justicia (PiS). El PiS presentaba un claro mensaje anticorrupción y anticomunista. Al partido se sumaron los antiguos cooperadores de los años 90, jóvenes profesionales y miembros de la derecha conservadora y católica. En el 2003 Lech obtuvo el primer gran éxito de la formación, al ganar la alcaldía de Varsovia con un 70% de los votos. Realizó una fuerte política anticorrupción y construyó el gran Museo de la Sublevación de Varsovia (ocurrida en 1944).

La popularidad del partido fue relacionada con el mensaje equilibrado proporcionado por los hermanos. La divulgación pública de los colaboradores con los ex-servicios de seguridad de los tiempos comunistas, la seguridad pública, y la lucha contra la corrupción. Cuando irrumpieron en la escena política, la izquierda estaba en crisis: la economía no mejoraba, el desempleo se mantenía alto y el SLD (postcomunista), se encontraba envuelto en escándalos de corrupción. El nuevo gobierno decidió rechazar a la Plataforma Cívica (liberal) como socio, y formar coalición con el populista Partido de Autodefensa y el nacionalista Liga de las Familias Polacas. Sin embargo, la ridiculización mediática llevada contra el gobierno y el cerco internacional hicieron posible el triunfo de la Plataforma cívica de Donald Tusk en el 2007, un liberal preocupado en servir lo más fiel posible las directrices emanadas desde las instituciones europeas. El nuevo gobierno liberal, coaligado con los antiguos campesinos del PSL, ha promovido una economía liberal radical, que canaliza las subvenciones de la UE hacia las infraestructuras. No obstante, a cambio, la defensa moral se ha ido desmoronando. La ilusión europeísta hizo llegar al gobierno liberal de Tusk a cotas de popularidad nunca conocidas, el 53 %. Sin embargo, ahora ha caído al 40 %, mientras el PiS ronda el 26 % de apoyos. El resto de los partidos se encuentran en un magma de reorganización, tanto en la izquierda, muy dividida; como en la derecha nacional, en un proceso de reagrupamiento para las elecciones europeas.

Pero la sociedad civil presiona y se defiende, ante las presiones coactivas de los grupos abortistas y gays internacionales, que pretender volver a la situación jurídica de la dictadura comunista, donde se producía una verdadera hecatombe humana. El objetivo de la intelectualidad católica polaca, como (Fronda, Christianistas, Arcana, Centro Juan Pablo II etc…) es conseguir a través de sus revistas, portales y editoriales recuperar la esencia cristiana de Polonia. La tradición comunitaria católica enlaza con las comunidades rurales del sur y del este polaco. Pero también, con una generación joven y urbana, que protagonizó la respuesta social y alternativa al poder socialista. El solidarismo propugnado por Karol Wojtila, se convirtió en el polo fundamental del discurso católico, al defender a la persona, con toda la carga de su personalidad, como hijo de Dios, pero dentro de una comunidad, por su naturaleza social. Un país que cumple su misión de revindicar la herencia cristiana para toda Europa, y no sólo para la lejana nación del Báltico.
 
Polonia desde su lucha en la cultura y la educación, se convierte en ejemplo de cómo se debe recuperar posiciones en la sociedad para proteger a la familia, eliminar legislaciones perniciosas contra la dignidad de la persona o favorecer una economía social frente al capitalismo salvaje. 

 

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