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Todos somos víctimas del terrorismo


José Escandell. 9 de agosto.

Ser víctima del terrorismo es ser víctima de injusticia por un doble título. En primer lugar, estas personas han sido dañadas o heridas ellas mismas en su salud, en sus bienes, en su familia. Esos crímenes les afligen en sus vidas personales. Ahora bien, en segundo lugar, las víctimas del terrorismo padecen también una injusticia común.

Aquellos daños, aquellas heridas, aquellas muertes, no ocurrieron de cualquier manera, ni los malvados y asesinos lo fueron por meras razones particulares. Incluso cuando se trató de muertos y heridos ajenos a las reclamaciones terroristas, murieron y fueron heridos porque, aun con su simple ser hombres corrientes, eran tenidos por sus agresores –y esto es lo decisivo- como representantes de la sociedad española y piezas de esa obra. Aquellos daños, aquella heridas, aquellas muertes, fueron causadas por el odio a España, por odio a la sociedad que convive en este trozo de tierra; un odio personalizado en las víctimas concretas. Por lo tanto, quien honra a las víctimas del terrorismo, honra a España. Igualmente, quien desprecia a las víctimas del terrorismo, desprecia a España.

En cualquier caso, toda víctima de injusticia es nuestra. Porque no es legítimo pasar con indiferencia ante la justicia agraviada. No puede un hombre de bien quedar indiferente ante el niño abandonado, la mujer ultrajada, el anciano enfermo, el hombre despojado de sus bienes… Pero a su condición de afligida por una injusticia, a la víctima del terrorismo se añade, como rasgo específico, el que, en ella, toda la sociedad sufre agresión, heridas y muerte. Todos somos víctimas del terrorismo, en el preciso sentido en que lo es la sociedad entera condensada en la víctima. En las víctimas del terrorismo, al daño criminal se suma la injusticia política. Todos somos, con los familiares afectados, víctimas de la desgracia, afectados en el fundamento mismo de nuestra convivencia en paz.

Por todo ello, las víctimas del terrorismo son una llamada a la conciencia moral y al derecho. En realidad, las víctimas del terrorismo son la forma doliente esencial de lo que somos como sociedad. No sólo hay que adherirse a las víctimas como personas que han padecido un mal, sino también, y sobre todo, en cuanto expresión del dolor de nuestra sociedad como tal. En este sentido, las víctimas del terrorismo lo son todo, porque ellas mismas son España en riesgo.

 

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