Una persona muere y varias resultan heridas en la explosión de una bomba
Redacción Madrid. 22 de noviembre.
Al menos una persona ha muerto y varias resultaron heridas hoy en la explosión de una bomba en una mezquita en la región del noroeste de Pakistán, donde se ha extendido la violencia sectaria entre musulmanes sunís y chiíes, según informó hoy la Policía.
El bomba explotó en una mezquita del barrio suní de Hangu, una ciudad en la provincia de la Frontera del Noroeste, que ha sufrido varios ataques sectarios previamente. El distrito de Hangu limita con la región tribal de Kurram donde cerca de 200 personas murieron a principios de año en enfrentamientos entre sunnies y chiíes.
Este viernes, una bomba acabó con la vida de diez personas e hirió a 40 durante un funeral un musulmán chií en Dera Ismail Khan. El funeral se celebraba por un hombre que fue abatido el jueves. La mañana del funeral hombres armados asesinaron a un clérigo chií.
La violencia sectaria entre grupos militantes se ha refugiado en Dera Ismail Jan, un distrito limítrofe con la región tribal de Waziristán del Sur, donde hay un gran apoyo a los talibán, Al Qaeda, y otros grupos de filiación suní como Laskhar e Janghvi.
Miles de personas han muerto por la violencia sectaria entre chiíes y sunís desde la década de 1980. La mayoría de los musulmanes de Pakistán son sunníes, pero cerca del 15 por ciento de la nación, de 170 millones de habitantes, son chiíes.















Por eso hay que pedirles que no se molesten y que se apeen del burro; que admitan, por favor, que las medidas aplicadas hasta ahora no han dado resultado. Que dejen de engañarse y engañarnos creyendo que las cifras experimentaran una mejoría en breve.

Y si el Cardenal Rouco decía que “la advertencia la hacía Juan Pablo II no contra la democracia, sino precisamente en favor de ella”, podemos decir que el recuerdo hoy de esta advertencia es seguramente el gesto más importante para rescatar la débil democracia española.
Hay frases, sentencias, principios, imágenes, que te acompañan allá donde vayas. Una de esas sentencias define, como pocas, el sentimiento aristocrático de la vida. 


